“No es la primera vez que vendo mi auto para operarme”: el drama del expolicía chubutense que debe viajar a Buenos Aires
José Downie, herido en servicio hace 15 años, venderá su auto para pagar una nueva cirugía de columna en Buenos Aires. Junto a Héctor Amaya denuncian el abandono del Estado. ¿Qué respuesta obtuvieron?
José Downie, un expolicía chubutense que resultó herido en servicio hace 15 años, tiene que viajar a Buenos Aires para someterse a una nueva cirugía de columna. Para costearla, volvió a vender su auto. Junto a Héctor Amaya, otro oficial retirado por lesiones graves, denunció el abandono institucional y reclamó respuestas urgentes.
Una operación más, un auto menos
“No es la primera vez que vendo mi auto para operarme”, dijo Downie, con la voz cansada de quien ya repitió la escena. La frase resume años de pelea contra un sistema que, según su relato, lo dejó a la deriva después de que su carrera terminara abruptamente.
El exoficial sufrió una lesión grave en la columna mientras cumplía funciones, hace más de una década. Desde entonces, las intervenciones se acumulan y los recursos propios se agotan. Esta vez, la operación lo espera en la ciudad de Buenos Aires, a más de mil kilómetros de su casa en Chubut.
Dos historias, el mismo reclamo
Downie no está solo en esta causa. Héctor Amaya, también retirado por lesiones graves, lo acompaña en la exposición pública del problema. Ambos pusieron sobre la mesa un reclamo que, dicen, viene de larga data: la falta de respuestas de las autoridades provinciales y nacionales.
“Nos dieron la espalda”, graficaron los expolicías, que aseguran haber agotado las instancias administrativas sin obtener soluciones concretas. La demanda no es solo económica: piden que se reconozca el daño físico y se garantice la cobertura médica integral.
El costo de ser policía
El testimonio de Downie expone una realidad incómoda: el riesgo que asumen los agentes en servicio no siempre se traduce en contención cuando las balas o los accidentes dejan secuelas. Para él, vender el auto no es un gesto de solidaridad, sino una necesidad imperiosa.
“No es la primera vez”, repitió, y el dato golpea: la repetición de la escena muestra que el problema no es un caso aislado, sino una constante para quienes dieron su salud por la seguridad de los demás.
Mientras tanto, Downie espera la fecha de la cirugía y Amaya lo acompaña. Ambos confían en que la exposición mediática ayude a destrabar un expediente que, por ahora, solo les devuelve silencio.