No podía caminar diez metros sin ahogarse: lo que escondía su falta de aire
Dos años y medio de consultas, estudios que dan normales y una falta de aire que no cede: así avanza una enfermedad que miles de argentinos tendrían sin saberlo.
Una trombosis en una pierna después de una internación, un viaje prolongado o incluso una inmovilización por un esguince puede ser el punto de partida de una enfermedad que avanza en silencio durante años. Se trata de la hipertensión pulmonar tromboembólica crónica, una patología poco conocida y con altos niveles de subdiagnóstico en el país.
El tema fue abordado en la columna de salud de Sonia Costantini en RÍO NEGRO RADIO, junto al doctor Marcelo Nahim, cirujano cardiovascular y jefe de Cirugía Cardiovascular y del programa de trasplante cardíaco del Hospital El Cruce, de Florencio Varela.
Qué es y cómo comienza
La afección representa el estadio final de la enfermedad tromboembólica venosa. El proceso puede iniciarse con un trombo en las venas profundas de las piernas que se desplaza por el sistema venoso hasta el corazón y llega al pulmón, donde provoca una embolia pulmonar aguda.
En algunos pacientes, esos trombos no desaparecen: se transforman en una suerte de tejido cicatrizal que queda adherido dentro de las arterias pulmonares. Esa obstrucción dificulta la circulación de la sangre y genera hipertensión pulmonar.
El síntoma que suele confundir a los médicos
El principal síntoma es la disnea progresiva, una falta de aire que puede volverse incapacitante. Nahim relató que hay pacientes que no pueden caminar diez metros sin quedarse sin aire. Sin embargo, los primeros estudios respiratorios pueden dar normales, porque el problema no está en la entrada de aire a los pulmones sino en la circulación sanguínea a través de las arterias pulmonares.
Eso lleva a que los pacientes recorran distintos especialistas y reciban otras explicaciones para sus síntomas. “En Argentina esa odisea diagnóstica es de dos años y medio”, señaló Nahim. El especialista describió una de las claves para sospechar la enfermedad como una “disnea discordante”: falta de aire intensa que no coincide con lo que muestran inicialmente los estudios clínicos.
Un antecedente fundamental es haber sufrido antes una trombosis en las piernas. Según Nahim, el 60% de los trombos en los miembros inferiores se produce durante una internación o dentro de los tres meses posteriores.
La cirugía que puede revertirla
Cuando la enfermedad ya está instalada, una de las alternativas es la tromboendarterectomía pulmonar, una intervención de alta complejidad que se realiza en pocos centros especializados. La lógica es concentrar estas operaciones en equipos con volumen importante de procedimientos, porque la experiencia acumulada mejora los resultados.
El Hospital El Cruce fue pionero dentro del sistema público argentino en realizar este tipo de intervenciones. La cirugía busca retirar el material que obstruye las arterias pulmonares y restablecer la circulación. “Limpiamos todo el sistema de cañerías del árbol arterial pulmonar, el izquierdo y el derecho”, graficó el especialista. Después de la operación, los pacientes deben permanecer anticoagulados de por vida.
El caso que marcó al especialista
Nahim recordó un caso que muestra con claridad la dificultad para detectar la enfermedad. El paciente había sufrido un esguince de tobillo jugando al básquet a los 14 años y debió usar una bota. Una semana después desarrolló una trombosis venosa profunda. Con el tiempo empezó a perder capacidad respiratoria, pero el cuadro siguió avanzando sin ser identificado.
A los 17 años, durante su viaje de egresados a Bariloche, sufrió un síncope mientras hacía actividad física. Los estudios revelaron que tenía el corazón severamente dilatado y fue trasladado al Hospital El Cruce, donde finalmente fue operado. “Está curado, está curado de su enfermedad”, contó Nahim sobre la evolución del joven.
Cuántos argentinos podrían tenerla sin saberlo
Para el especialista, uno de los desafíos centrales es aumentar el conocimiento sobre esta patología, tanto entre los pacientes como dentro del sistema sanitario. Sostuvo que el subdiagnóstico es un fenómeno mundial y señaló que en Argentina deberían realizarse unas 400 cirugías por año, mientras que la cantidad actual es muy inferior.
A partir de proyecciones de los especialistas, estiman que unos 5.000 argentinos podrían convivir con la enfermedad sin haber recibido el diagnóstico. Los síntomas suelen confundirse con otras patologías: en menores de 40 años se los atribuye al asma y en los mayores de esa edad, a la EPOC.
Para ampliar la capacitación y la difusión se conformó una asociación médica dedicada específicamente a esta enfermedad, que realizará un congreso el 1 y 2 de octubre, con dos jornadas centradas exclusivamente en su diagnóstico y tratamiento.