Norma le dijo que no a la diabetes: la historia de la vecina destacada de Roca

Norma Ichazo creyó que era un error cuando le avisaron que la iban a distinguir en el aniversario de Roca. Lo que nadie esperaba era que detrás del premio hubiera una historia familiar que la marcó para siempre.

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Norma le dijo que no a la diabetes: la historia de la vecina destacada de Roca
Norma le dijo que no a la diabetes: la historia de la vecina destacada de Roca

Norma Ichazo tiene 74 años, convive con diabetes desde los 43 y acaba de ser reconocida como vecina destacada en el aniversario de Roca. Detrás del premio hay una historia familiar atravesada por la enfermedad, que se llevó a su papá, su mamá y sus dos hermanas.

Cuando desde el municipio le avisaron que la iban a distinguir en el marco de los 147° años de la ciudad, no lo podía creer. "Pero, ¿quién dijo eso?", repitió, convencida de que había un error. Le explicaron que la propuesta venía de alguien que la conocía de cerca. Igual no se relajó: "¡Ay, no! ¡Qué vergüenza!", atinó a decir.

El día de la ceremonia llegó sin saber qué esperar. "Nunca me pongo en blanco", cuenta, aunque esa vez la mente se le fue por un momento. Aunque la distinción la incomodara tanto como la enorgullecía, admite que la emoción la superó: "Fue muy lindo y muy emocionante. Me gustaron las palabras de la intendenta".

Una enfermedad que marcó a fuego a la familia

Norma es diabética desde los 43 años y vio de cerca lo que puede hacer la enfermedad mal cuidada. Se llevó a su papá, a su mamá y a sus dos hermanas. "Todos por diabetes", resume.

"Mi mamá terminó en diálisis y ciega a los 64 años. Después le siguió mi hermana, lo mismo, en diálisis y ciega. Y después siguió mi otra hermana", recuerda. Vivió esas jornadas de diálisis con angustia: "Llegaban a la casa y parecía que llegaban muertas. No se reponían". Y ahí tomó una decisión: "Me dije: 'no, yo no quiero esto para mí'".

Cuando el médico le explicó que su condición era heredada de su madre, la noticia no la entristeció. Elige leer esa herencia como un vínculo que la sigue acompañando: "Sé que me debe estar mirando y diciendo: no quiero que te pase lo que me pasó a mí".

Define a la diabetes como "una enfermedad traicionera", porque mal controlada no da síntomas. "No se siente, ni te duele nada". Por eso insiste en el control periódico de hemoglobina glicosilada como la única forma de anticiparse.

Los síntomas principales cuando se manifiesta incluyen sed excesiva y boca seca constante, ganas frecuentes de orinar —sobre todo de noche—, hambre constante, fatiga, mal humor y cansancio extremo sin motivo, visión borrosa, heridas que tardan en sanar, hormigueo o entumecimiento en manos y pies, e infecciones frecuentes en piel, encías o zona vaginal.

"Si vos no te cuidás, no le prestás atención, tiene muchas complicaciones y terminás en la cochina miseria", advierte. Menciona consecuencias como perder la vista, la amputación de miembros inferiores o la necesidad de diálisis por fallas renales.

El mensaje de Norma: se puede convivir con la diabetes

Pero Norma también lleva un mensaje de tranquilidad. "Te podés dar un gusto de comerte una porción de pizza, un domingo comerte un plato de ravioles, pero siempre midiéndote, cuidándote".

"Esta enfermedad tiene cuatro patas como la mesa: una pata es la parte de los medicamentos, que el médico te indica cuáles usar. La otra pata es la de la comida. Y después, por sobre todas las cosas, una buena actividad física. Además del monitoreo del azúcar, pincharnos todos los días para ver cuánto tenemos", aconseja.

Sostiene que hoy existen muchas herramientas para cuidarse y es dura con quienes no lo hacen: "La persona que no quiere cuidarse o que no le da bolilla, es porque directamente no se quiere".

Sobre la posibilidad de vencerla, es honesta: se trata de un diagnóstico crónico, sin cura y con cuidados de por vida. "Nunca le vamos a ganar, pero sí la vamos a empatar", dice con una sonrisa.

De socia a presidenta: 15 años al frente de Arodia

La Asociación Roquense de Diabéticos (Arodia) existe desde 1999, pero Norma se sumó en 2010, atraída por una organización de la que le hablaban muy bien y impulsada por su propia experiencia familiar. Empezó yendo a las reuniones y, cuando llegó el momento de poner al día los trámites administrativos de la comisión, se fue involucrando cada vez más.

En la elección de autoridades siguiente, en 2011, la eligieron presidenta y 15 años después sigue en el cargo. "Esta distinción me obliga más a seguir trabajando".

Arodia funciona en la intersección entre Gelonch y Santa Cruz, sobre el Canal Grande, el mismo espacio que Conya. Allí, explica Norma, "les decimos lo que no le dice el médico".

Describe una labor de acompañamiento y contención para personas que muchas veces llegan asustadas, sobre todo ante la indicación de empezar a inyectarse insulina todos los días. "La insulina es vida, para eso se inventó", repite, recordándoles a quienes la temen que antes, sin ese recurso, la diabetes era directamente mortal.

La asociación trabaja con un médico diabetólogo, un oftalmólogo y una podóloga, organiza charlas, tiene un convenio con la Municipalidad para acceder a una pileta —una de las actividades más completas, porque el ejercicio ayuda a bajar el azúcar en sangre— y viajes con el Ministerio de Desarrollo Social a pueblos del interior de la provincia donde, según cuenta Norma, encuentran a "muchísima gente que no está cuidada de la enfermedad", muchas veces sin saber siquiera que la tienen.

En esas jornadas de entre cuatro horas se realizan controles oftalmológicos, revisión de pies, charlas nutricionales y mediciones de azúcar que sacan a la luz casos de personas con valores de glucosa muy altos que nunca antes habían sido diagnosticadas.

Para sostener el funcionamiento de la asociación y financiar la futura sede propia, en construcción en Italia 547, entre Brasil y Arturo Bass, organizan cenas, rifas, bingos y una feria de ropa donada que se realiza todos los viernes de 15 a 17.

Una pandemia silenciosa en tiempos de recorte

Norma no duda en calificar a la diabetes como "una pandemia mundial" en aumento, también entre niños y jóvenes, y advierte sobre el impacto de la falta de acompañamiento familiar, especialmente en adultos mayores que "terminan muy mal, con una depresión tremenda" cuando sienten que nadie, ni el Estado, respeta los cuidados que necesitan.

A ese panorama se suma, según describe, un contexto de mayores trabas por parte de las obras sociales para autorizar medicamentos e insumos básicos como las tiras reactivas.

Aunque destaca que la Ley de diabetes —Ley 23.753, que establece que las obras sociales y las empresas de medicina prepaga deben brindar una cobertura del 100% en medicamentos, tratamientos e insumos— se sigue respetando, pese a todo.

El resultado de las demoras y las revalidaciones periódicas, advierte, es que "la gente se cansa y no va más, y no hace nada, y listo, ahí se terminó".

Pese a los casi cuarenta años de pinchazos diarios, no se queja porque es "un trabajito que es para uno", necesario para poder estar bien para los demás.

Ella misma convive con esa rutina. Se levanta a la mañana, se pincha un dedo para medir el azúcar en sangre, se inyecta insulina y toma su desayuno. Religiosamente, todos los días, sigue los mismos hábitos para cuidar su salud.

Lo que más le pesa, dice, es ver a quienes no logran hacer las paces con el diagnóstico. "Es la lucha eterna con tratar de educar a la gente", resume sobre su trabajo diario en la asociación, al que calcula haber dedicado quince años y más de mil personas acompañadas.

Y aunque nunca buscó el reconocimiento público, lo asume como un compromiso más: "Siempre digo que es un granito de arena más para poder aportar a la comunidad".

Norma Ichazo, vecina destacada de Roca

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