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Europa enfrenta una crisis de energía y geopolítica que se extenderá en el tiempo

Los analistas consideran que esta situación amenaza con debilitar a los países del continente y poner en riesgo su posición global.

Los países europeos están preocupados por el invierno. (Foto: AP/Virginia Mayo)

Si les preguntas a los amigos de Europa por todo el mundo qué piensan que le depara el avenir al viejo continente, en general su respuesta se refiere a dos emociones. Una de ellas es admiración. En la batalla para ayudar a Ucrania y resistir las agresiones de Rusia, Europa ha mostrado unidad, garra y una voluntad ejemplar para sobrellevar costos enormes. Pero la segunda emoción que mencionan es alarma. Un despiadado apretón económico pondrá a prueba la resiliencia de Europa en 2023 y muchos años por venir. Existe gran temor de que los cambios en el sistema energético global, el populismo económico estadounidense y las grietas geopolíticas amenacen la competitividad de la Unión Europea y otros países no miembros, como el Reino Unido, en el largo plazo. No solo está en riesgo la prosperidad del continente, sino también la salud de la alianza trasatlántica.

No nos dejemos engañar por la corriente de buenas noticias llegadas desde Europa en semanas recientes. El precio de la energía bajó con respecto al precio del verano y, gracias al buen clima, las reservas de gas casi están a tope. Pero lo cierto es que el peligro de la crisis energética sigue rondando. El precio del gas es seis veces más alto que el promedio a largo plazo. El 22 de noviembre, Rusia amenazó con cerrar el último gasoducto en operación que surte a Europa y una serie de ataques con misiles causó suspensiones de emergencia en el servicio eléctrico por toda Ucrania. Las reservas de gas de Europa tendrán que reabastecerse en 2023, esta vez sin nada de gas proveniente de Rusia.

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El arma energética de Vladimir Putin pasará factura más allá de Ucrania. Nuestros modelos sugieren que, en un invierno normal, un aumento del 10 por ciento en el precio real de la energía se asocia con un incremento del 0,6 por ciento en el número de muertes. Por lo tanto, la crisis energética de este año podría causar más de 100.000 muertes adicionales de personas de mayor edad en toda Europa. De ser así, el arma energética de Putin se cobraría más vidas fuera de Ucrania que las que apagan directamente su artillería, misiles y drones dentro de ese país. Es una razón más por la que la resistencia de Ucrania frente a Rusia también es la lucha de Europa.

Por si fuera poco, la guerra está creando vulnerabilidades financieras. La inflación energética ya afecta al resto de la economía de Europa y pone al Banco Central Europeo en una grave disyuntiva. Necesita elevar las tasas de interés para controlar los precios. Pero si se excede, podría desestabilizar a los miembros más débiles de la eurozona, en particular a la endeudada Italia.

Con su invasión y agresividiad, Putin también busca dividir a los socios europeos. (Foto: Sputnik/Ilya Pitalev/Kremlin)Por: via REUTERS

Ahora que se propaga la crisis energética, la guerra ha dejado al descubierto una vulnerabilidad del modelo de negocios de Europa. Demasiadas empresas industriales de Europa, en especial las alemanas, dependían de flujos abundantes de energía de Rusia. Encima, varias empresas dependen más que antes de otra autocracia, China, como mercado final. Ante el panorama futuro de relaciones inexistentes con Rusia, costos estructuralmente más elevados y separación de Occidente y China, muchos consejos corporativos han tenido que aplicar un reajuste total.

Ese temor se ha visto amplificado por el nacionalismo económico de Estados Unidos, que amenaza con arrastrar la actividad del otro lado del Atlántico hacia un torbellino de subsidios y proteccionismo. La Ley de Reducción de la Inflación del presidente Joe Biden prevé la entrega de 400.000 millones de dólares de apoyo a los sectores de la energía, la manufactura y el transporte, e incluye disposiciones que exigen la fabricación de productos en Estados Unidos. En muchos sentidos, el esquema es parecido a las políticas industriales que ha aplicado China desde hace décadas. Ahora que los otros dos pilares de la economía mundial se vuelven más intervencionistas y proteccionistas, Europa, con su singular insistencia en mantener las normas de la Organización Mundial del Comercio en materia de libre mercado, está quedando como una tonta.

Las empresas ya comienzan a reaccionar a las subvenciones

Northvolt, una apreciada empresa emergente sueca dedicada a las baterías, anunció que quiere ampliar su producción en Estados Unidos. Iberdrola, empresa energética española, ha invertido en Estados Unidos el doble de lo invertido en la Unión Europea. Muchos directivos creen que esta combinación de energía cara y subsidios estadounidenses pone a Europa en riesgo de una desindustrialización masiva. BASF, la gigante alemana de productos químicos, dio a conocer hace poco sus planes de reducir operaciones en Europa de manera “permanente”. Tampoco ayuda que Europa envejece más rápido que Estados Unidos.

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Perder inversiones empobrece a Europa y acrecienta la sensación de que su vigor económico va en declive. En comparación con la trayectoria de su PIB antes de la covid-19, el desempeño de Europa ha sido peor que el de cualquier otro bloque económico. De las 100 firmas más valiosas del mundo, solo 14 son europeas. Los políticos estarán tentados a lanzar por el aire las reglas habituales y responder con sus propios subsidios en una escalada cada vez más intensa de golosinas corporativas. El ministro de Economía alemán ha acusado a Estados Unidos de “aspirar toda la inversión”. El presidente francés Emmanuel Macron ha instado a Europa “a despertar”.

Así que las discusiones en torno a los subsidios también acentúan las tensiones entre Estados Unidos y Europa. El apoyo financiero y militar de Estados Unidos a Ucrania ha sido muy superior al de Europa y, ahora que mira hacia Asia para enfrentar los retos creados por China, a Estados Unidos le molesta que la Unión Europea no pueda pagar su propia seguridad. La mayoría de los miembros de la OTAN no han cumplido la meta de invertir el dos por ciento de su PIB en defensa. La Unión Europea actuó con una inocencia impresionante ante la agresión rusa. Aunque la guerra hizo que Estados Unidos y Europa se volvieran a unir tras la ruptura de los años de Trump, ahora corren el peligro de que un conflicto prolongado y las tensiones económicas los separen gradualmente de nuevo. A Putin y al presidente chino, Xi Jinping, les encantaría que eso pasara.

La Unión Europea preparó paquetes de ayudas ante la crisis energética (Foto: Reuters/Yves Herman).

Para evitar una fisura peligrosa, Estados Unidos debe ver un contexto más amplio. El proteccionismo de Biden podría chuparle la vitalidad a Europa con todo y que Estados Unidos apuntala al ejército de Ucrania y flotas de buques cisterna atraviesan el Atlántico para cubrir la necesidad de energía de Europa. El principal propósito de la Bidenomía es evitar que China domine industrias clave; Estados Unidos no tiene ningún interés estratégico en apropiarse de la inversión europea. Debería permitir que algunas empresas europeas que cumplan los requisitos sean consideradas para recibir subvenciones energéticas e integrar más a fondo los mercados energéticos trasatlánticos.

Europa, por su parte, necesita proteger su economía contra el apretón energético. Los esquemas con el propósito acertado de subsidiar a consumidores y empresas en sus necesidades básicas de energía deberían cobrar precios más altos al llegar al margen para reducir la demanda, como sucede en Alemania. Para reducir a largo plazo el precio de la energía, Europa debería acelerar la revolución de las energías renovables sin dejar de mantener los mercados energéticos abiertos a la competencia. Además, necesita adaptarse a una nueva realidad en materia de seguridad. Eso significa invertir más en defensa para asumir la carga ahora que Estados Unidos dirige la mirada hacia Asia.

Además de admiración y alarma, la otra emoción que rige las relaciones trasatlánticas es la frustración. A Estados Unidos le enoja el letargo económico de Europa y su incapacidad de defenderse; a Europa le indigna el populismo económico de Estados Unidos. Pero deben tener presente que, igual que Europa no debe dejarse dividir por la guerra, es vital que la alianza democrática más poderosa de la historia se adapte y perdure.

Fuente: tn.com.ar

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