Nueve millones de abejas muertas en Mainqué: la sospecha que incomoda a los productores
Cientos de colmenas arrasadas y una cifra que crece día a día: en Mainqué investigan quién está detrás de la mortandad que tiene en vilo a los productores de la región.
La apicultura de Río Negro atraviesa uno de sus peores momentos. Un relevamiento inicial confirmó la muerte de alrededor de nueve millones de abejas en la zona de Mainqué, un golpe que los productores describen como un desastre ambiental y económico sin precedentes recientes.
El fenómeno, que ya afecta de lleno a la actividad apícola regional, puso en alerta al sector frutícola: la polinización de peras y manzanas está en plena temporada y la pérdida de estos insectos amenaza el rendimiento de la cosecha.
Las cifras de un desastre
El relevamiento inicial detectó al menos 440 colmenas muertas o gravemente dañadas, aunque los inspectores estiman que la cifra podría superar las 500 en los próximos días. El foco se concentró en un radio de dos kilómetros, con especial impacto en una franja de cuatro kilómetros lineales sobre la costa del río Negro, donde conviven apiarios de productores locales y colmenas trashumantes llegadas desde otras regiones del país.
El daño económico es inmediato. Reponer cada estructura perdida demanda una inversión superior a los cien mil pesos, lo que se traduce en pérdidas millonarias para el sector. Hay apicultores que reportan daños patrimoniales por encima de los 45 millones de pesos. A eso se suma el daño biológico a las colonias, un retroceso que difícilmente se recupere en el corto plazo.
La hipótesis que apunta a las chacras
Los damnificados manejan una principal sospecha: el uso incorrecto o el abuso de agroquímicos y productos fitosanitarios en las chacras frutícolas linderas. Según los productores, se habrían realizado fumigaciones sin respetar los protocolos básicos de buenas prácticas agrícolas, con dosis letales aplicadas en horarios inadecuados o bajo condiciones de viento que propagaron los químicos hacia los apiarios.
También denunciaron la falta de avisos previos por parte de los chacareros, una advertencia clave que les habría permitido cerrar o resguardar las colmenas a tiempo.
El riesgo para la fruticultura
La paradoja de esta crisis es que el propio sector frutícola podría sufrir las peores consecuencias. Los montes de peras y manzanas están en pleno desarrollo estacional y la ausencia de millones de polinizadores amenaza directamente el rendimiento y la calidad de la próxima cosecha.
Mientras tanto, las autoridades del Senasa evalúan las denuncias formales ingresadas al sistema oficial para determinar responsabilidades legales y medir el alcance real de la contaminación.
