Nunca habían salido de Misiones y el rugby les abrió la puerta al mar
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Nunca habían salido de Misiones y el rugby les abrió la puerta al mar

¿Qué fue lo primero que hicieron las jugadoras misioneras al llegar a Mar del Plata, antes de concentrarse en el torneo? La respuesta está en una salida que las entrenadoras organizaron y que casi ninguna esperaba.

El seleccionado prejuvenil de rugby seven de Misiones tuvo su bautismo en los Juegos Nacionales Evita 2026 y volvió de Mar del Plata con algo más que partidos jugados. Para la mayoría de las once jugadoras, fue el primer viaje fuera de la provincia, la primera habitación de hotel y la primera vez frente al mar.

Detrás de la camiseta de la tierra colorada hay historias de familias trabajadoras, muchas de localidades del interior, donde los padres pasan el día afuera para sostener la casa. Llegar a representar a Misiones, dicen quienes armaron el grupo, fue mucho más que competir.

De Posadas a Montecarlo y Eldorado: cómo se armó el plantel

El equipo reunió a jugadoras de Posadas, Montecarlo y Eldorado, y también de otros puntos de la provincia. La lista la integraron Judith Balmaceda, María Pía Aguila, Brisa Barboza, Candelaria Bergara Ruiz, Valentina Micheli Franco, Tiara Violeta Olivera y Maytena Marta Suárez, todas de Capri; Solange Kober, de Carayá; Rocío Ortiz y Victoria Marilín Vera, de Mamangá; y Saira Silvero, de Aguará.

La convocatoria no salió de la nada. Desde el año pasado, la referente de la disciplina en la Unión de Rugby de Misiones, Romina Cadena, y la entrenadora Araceli Aramburu recorrieron clubes y localidades buscando, acercándose y siguiendo a cada jugadora. El vínculo se fue armando en competencias y encuentros: después de un primer torneo amistoso llegó la invitación a inscribirse en el sistema de los Juegos, que fue el canal para contactarlas.

El fogón donde aparecieron las historias

Conocerlas fue también asomarse a sus realidades. Durante la concentración, las entrenadoras propusieron una charla alrededor de un fogón para escucharse y descubrir facetas que no aparecen en un entrenamiento.

Ahí salieron relatos como el de una de las jugadoras, que atravesó dificultades en su entorno más cercano y debió asumir desde muy chica responsabilidades de adulta, ocupándose de sus hermanos. En ese camino encontró el acompañamiento de una prima, que fue quien le acercó el rugby y le abrió un lugar donde sentirse parte.

La primera vez lejos de casa

El viaje a los Juegos Evita tuvo un peso distinto para casi todo el plantel: apenas cuatro integrantes tenían experiencia previa de viajes fuera de Misiones. Para el resto, todo era nuevo, desde subirse a un avión o un micro de larga distancia hasta dormir en un hotel.

Cadena lo describió sin vueltas: “La mayoría no salió de la provincia, no contaba con una buena alimentación e incluso con los elementos básicos en un hogar, como bañarse con agua caliente. Encontrar todas las instalaciones en una habitación fue algo que sorprendió a muchas”.

Esa distancia entre lo que conocían y lo que encontraron hizo que la experiencia tomara otra dimensión para el grupo.

El mar, el momento que no se olvida

Las entrenadoras organizaron una salida para que conocieran el mar, algo que no estaba en el plan deportivo original. Una de las jugadoras se lo confesó a Cadena cuando le preguntaron qué esperaba del viaje: “Yo pensé que veníamos solamente a jugar y no tener tiempo de pasear”.

El resultado quedó guardado para siempre: “Todas entraron al agua y fue un experiencia que jamás van a olvidar”, contó la referente. Después volvieron a concentrarse en la competencia, pero el mar ya era parte del viaje.

El esfuerzo económico que sostuvo el sueño

Llegar a Mar del Plata también fue el fruto de un trabajo colectivo. Sostener el rugby femenino y darle continuidad a las competencias exige organización, tiempo y recursos, y durante el año el grupo atravesó dificultades económicas para poder viajar.

El dinero se juntó con distintas iniciativas y hubo además acompañamiento para cubrir gastos de traslado. Ese esfuerzo se tradujo en crecimiento deportivo: torneos, viajes a Paraguay, partidos como local en Posadas frente a otros equipos y competencias regionales les dieron a las jugadoras más continuidad.

Cadena lleva tres años vinculada al proceso de los seleccionados juveniles y hace uno asumió como referente del rugby femenino en la Unión. Junto a Aramburu, que también juega en la selección y en Capri, fue parte de la búsqueda y del acompañamiento de las jóvenes.

Lo que viene después de los Evita

El trabajo no termina en Mar del Plata. La proyección sigue con los distintos planteles y con las competencias previstas para el rugby femenino misionero, entre ellas la preparación del seleccionado mayor para el Seven de la República, programado del 26 al 29 de noviembre en Paraná, Entre Ríos.

El rugby no resuelve por sí solo las dificultades de cada familia ni cambia de un día para otro las condiciones en las que crecen estas jóvenes. Pero puede ofrecer algo que pesa: un lugar al que pertenecer.

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