Ocho años de espera, dos condenas anuladas y una audiencia que puede cambiarlo todo
Condenados a 10 años, dos veces anulada la sentencia y ocho años de espera: este martes el tribunal escucha a Agustina y a los acusados. Lo que pase adentro puede cerrar la causa o devolverla a foja cero.
Pasaron ocho años desde la denuncia. Hubo una condena a 10 años de prisión efectiva. La anularon. Otra vez. Y este martes, en la Cámara Penal N° 2 sobre Avenida Colón, volvió a empezar la cuenta regresiva para saber si Emmanuel Agüero y Gabriel Leiva terminan presos o libres.
Los dos están acusados como coautores de abuso sexual con acceso carnal agravado por la pluralidad de autores en perjuicio de Agustina. Hoy siguen en libertad. La sentencia que los condenaba fue revocada en dos oportunidades por la Corte de Justicia provincial, que hizo lugar a planteos formales de la defensa.
El abogado de la querella, Sebastián Ibáñez, aclaró en diálogo con El Esquiú Play que esta jornada no es un nuevo juicio oral ni reabre la etapa de pruebas, que se mantiene válida en su totalidad. El objetivo es que el nuevo tribunal escuche a la víctima y a los imputados, y que la fiscalía, la querella y las defensas emitan o ratifiquen sus alegatos finales antes del veredicto.
El pedido para proteger a Agustina
Para resguardar el estado psicológico y emocional de la joven, la querella solicitó la aplicación estricta de la Ley de Derechos de Víctimas (Ley 27.372). El planteo incluye que Agustina siga la audiencia desde una sala contigua para evitar el contacto visual con los acusados, que la acompañe de forma permanente la trabajadora social Virginia Nieva y que los imputados sean desalojados del recinto cuando ella hable.
Afuera, mientras el tribunal trabaja, familiares, agrupaciones y amigas de la víctima se concentran frente al edificio judicial. Piden una respuesta definitiva y remarcan el grave desgaste en la salud mental que sufrió la joven tras ocho años de dilaciones burocráticas. También ratifican el reclamo de una condena efectiva que ponga fin a lo que describen como un proceso de revictimización.
La audiencia sigue. Y esta vez, después de tantas idas y vueltas, la decisión del tribunal puede ser la definitiva.