Belén pasó siete años en diálisis esperando la llamada que le cambiaría la vida. Cuando por fin sonó, no estaba en San Luis: estaba a cientos de kilómetros. Lo que contó después, con el riñón ya funcionando, deja en claro por qué insiste tanto con la donación de órganos.
Belén Estefanía Lucero tiene 37 años y encontró en un quirófano la puerta de salida a casi una década de diálisis. “La experiencia del trasplante fue un renacer, volví a nacer después de haber pasado siete años en diálisis, fue una bendición de Dios”, contó durante el encuentro que reunió a pacientes trasplantados, donantes y referentes del Incucai en San Luis.
La cita, encabezada por el gobernador Claudio Poggi, sirvió para celebrar un número que el sistema público de salud provincial considera un hito: 53 trasplantes renales realizados.
“Los médicos no lo podían creer”
El proceso no estuvo exento de sobresaltos. Belén reconoció que la intervención trajo complicaciones, pero el órgano respondió desde el arranque: “Desde el primer día que me lo pusieron empezó a funcionar y los médicos no lo podían creer. Yo estuve en terapia y el riñón funcionaba”.
Su vida, dice, dio un vuelco completo. “Fue un cambio de vida completamente, me cambió todo”, resumió. Hace un año empezó a ir al gimnasio y a hacer musculación, y hoy puede compartir más tiempo con los suyos. “Hoy por hoy veo de otra manera la vida, veo cosas que son importantes como la salud, es importante donar órganos porque salvan vidas, le dan una oportunidad a la gente”.
La llamada que llegó desde Córdoba
La espera nunca le quitó la fe. “Yo sabía que en algún momento me iba a tocar el trasplante y fue una sorpresa cuando me llamaron a mí, yo no estaba en San Luis, estaba en Córdoba. Cuando me comunican que ya estaba mi trasplante, fue una emoción grande y agradecerle a Dios”, relató.
Ese cambio, asegura, se disfruta todos los días. “Es hermoso y lo disfruto cada día más. No te puedo explicar cómo disfruto la vida, cómo disfruto a mis sobrinos, cómo disfruto el día a día con mi familia”.
También hubo lugar para el recuerdo familiar. “Mi mamá perdió un hijo, yo tengo un hermano en el cielo que yo sé que también me dio esa fuerza y esa fortaleza para estar siete años en diálisis y ahora ya va a hacer un año y nueve meses que estoy trasplantada, entonces la felicidad es grande”, expresó.
El pedido para que el sistema siga creciendo
Belén aprovechó el encuentro para agradecer al equipo médico y pedir que el programa no se detenga. “Deseo que cada día crezca más y que puedan seguir trasplantando más personas, que le cambie la vida a mucha más gente, que no seamos los únicos, sino que vengan más y que este Hospital se haga cada día más grande y que Dios les dé la bendición a todos los médicos para que puedan ampliar el sistema de salud, que si no tenemos salud no somos nada”.
Su gratitud también alcanza a quienes la sostuvieron durante los años de diálisis. “Ellos fueron de un principio me dieron la mano y nunca me la soltaron y a las enfermeras que fueron como mis hermanas, como mi mamá, como mis primas, fueron parte de mi familia”. Y cerró: “El acompañamiento que tuve con ellas en diálisis fue muy importante”.
