Ocho estudiantes de la UBA construyeron un auto de carrera y lo que hicieron con la bandera en Brasil sorprendió a todos

Ocho estudiantes de la UBA se juntaron con una idea loca: construir un auto de carrera y competir en Brasil. Lo que nadie esperaba fue lo que pusieron sobre la carrocería y el mensaje que se llevaron los equipos extranjeros.

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Ocho estudiantes de la UBA construyeron un auto de carrera y lo que hicieron con la bandera en Brasil sorprendió a todos
Ocho estudiantes de la UBA construyeron un auto de carrera y lo que hicieron con la bandera en Brasil sorprendió a todos

Un grupo de ocho estudiantes de la Universidad de Buenos Aires se propuso algo que parecía imposible: fabricar desde cero un auto de carrera y competir en el exterior. Sin experiencia, sin taller y sin auto, el proyecto creció hasta convertirse en un equipo de 50 personas que ya piensa en su segunda versión.

Todo empezó a fines de 2022, cuando el actual presidente del equipo se enteró de que existía una competencia universitaria de ingeniería en Brasil y vio la chance de armar algo propio. Se lo comentó a un par de amigos fierreros y la respuesta fue inmediata: "Vamos, si lo hacemos somos la primera universidad pública en hacerlo", recordó Romeo Cabello Alberti, estudiante de Imagen y Sonido de la FADU e integrante del área de comunicación.

La historia del FIUBA Racing Team fue una de las protagonistas del capítulo 6 del Summit de Real Movilidad de LA NACION. Allí, Santiago Rojo, Felipe Seybold y Cabello Alberti charlaron con Iván Mazorco, editor de Movilidad del medio, y repasaron el camino que los llevó a representar al país en la Fórmula SAE.

De la idea al taller

El primer desafío no fue técnico sino institucional: transformar una ocurrencia entre amigos en un proyecto universitario formal. Había que sumar estudiantes, conseguir el aval de la facultad, encontrar financiamiento y, sobre todo, construir un vehículo que hasta ese momento solo existía en sus cabezas.

"Empezaron a cranear, a juntar gente, a institucionalizar el proyecto y, una vez conseguido el aval de la universidad, comenzamos a trabajar. Se sumó más gente, nos dieron un taller que renovamos y hoy el espacio está espectacular", contó Cabello Alberti.

El proceso de diseño les llevó cerca de dos años. Después vinieron diez meses de construcción hasta completar el primer auto y viajar a Brasil para participar de la Fórmula SAE, una competencia universitaria de ingeniería en la que cada equipo debe diseñar y fabricar su propio vehículo.

El proyecto nació en FIUBA, pero pronto quedó claro que un auto no se construye desde una sola disciplina. "Tuvimos que abrirnos a otras disciplinas y a otras facultades. Hay gente de electrónica, civil, informática, mecánica y también de diseño para el área de comunicación", señaló Seybold, estudiante de Ingeniería Mecánica.

Cada decisión debía discutirse entre las distintas áreas. "Requiere mucha organización porque el diseño tiene que ser compatible entre todos. Hubo muchas reuniones a la noche y mucho tiempo dedicado", explicó Rojo.

¿La parte más complicada? No hay una sola respuesta. "Seguro que cada área te va a decir que lo suyo es lo más difícil. Hay dificultades por todos lados", reconoció entre risas. Pero hubo un adversario común: el reloj.

"Creo que lo más difícil es trabajar cuando te corre el tiempo. El año pasado, para llegar a julio, tuvimos que apurarnos un montón. Pasamos madrugadas en la facultad", recordó Seybold. Y agregó: "Respondimos bien ante esa presión, supimos organizarnos y después llevar el auto hasta Brasil en un tráiler".

Suipacha 901: el nombre que nació de un cartel

El primer vehículo del equipo se llama Suipacha 901, un nombre que apareció casi de casualidad. "Cuando estábamos limpiando el taller encontramos un cartel de la calle Suipacha, del 900 al 1000", contó Cabello Alberti. Después investigaron el origen del nombre: "Suipacha significa algo como 'tierra arrasada' o 'tierra del diablo' y nos daba esa idea de fuego, de carrera y decidimos ponerle de esa forma al auto".

El número también tiene su explicación: "Nos gustaba pensar que los autos fueran del 901 al 1000. Que el equipo no fuera algo de una sola vez, sino que perdure; que el taller quede para los chicos del futuro, que queden las herramientas y que el 901 pueda seguir sirviendo para probar cosas y aprender a manejar", explicó. Ese concepto ya empezó a cumplirse: mientras el Suipacha 901 queda como el primer capítulo, el equipo trabaja en el Suipacha 902.

La bandera, Malvinas y el orgullo de ser "el auto de los argentinos"

La competencia impone numerosas especificaciones técnicas —dimensiones, estructuras, curvas, tamaños de barras—, pero el equipo tuvo margen para darle identidad propia al vehículo. "Fue un diseño nuestro. La competencia exige muchas normativas y eso de alguna manera nos ordenó para terminar el auto, pero después le dimos nuestro toque con los colores, el ploteo y al ser el único auto argentino, queríamos que estuviera representada nuestra identidad. Sentíamos que era nuestro deber poner las Malvinas, la bandera y toda la simbología de la UBA que nos representa", afirmó Cabello Alberti.

"Muchos autos de la competencia tienen frases motivacionales escritas por los integrantes. Nosotros decidimos poner la bandera porque queríamos que cuando lo vieran desde atrás dijeran: 'Ese es el auto de los argentinos'. Y fue un éxito rotundo", recordó.

En la competencia, el equipo argentino terminó en el puesto 25 entre 42 participantes. Pero para ellos, el resultado numérico fue apenas una parte del aprendizaje. "Recogimos muchas cosas de esta competencia que tenemos que mejorar y que no hubiésemos podido saber si no competíamos. Ya nos estamos preparando para la próxima", señaló Rojo.

El futuro: Suipacha 902 y el sueño de subir a Colapinto

El reglamento obliga a desarrollar un nuevo chasis para la próxima participación, por lo que el Suipacha 902 deberá construirse otra vez desde cero. "Cada área ya planteó sus mejoras. El objetivo es bajar el peso y mejorar la dirección, entre muchas otras cosas", anticipó Rojo.

La ambición excede al próximo vehículo. Cabello Alberti tiene un desafío particular en mente: "Quiero ver si podemos contactar a Colapinto para que se suba al Suipacha y nos diga qué siente".

Y también imagina algo más grande: "Este año se están empezando a sumar muchas universidades argentinas para ir a competir. Estaría buenísimo que en el futuro pudiera hacerse una competencia acá mismo para darle más acceso a universidades de todo el país", propuso.

Detrás del auto aparece una idea que atravesó buena parte del panel: demostrar qué pueden hacer los estudiantes argentinos cuando encuentran el espacio para llevar una idea a la práctica. "Siento orgullo de representar al país", resumió Cabello Alberti. "Yo siento mucho honor y estoy muy contento de tener la plataforma para hacerlo que nos dio la facultad", agregó Seybold.

Rojo, por su parte, planteó un desafío que va más allá de las pistas: "Veo que mucha gente atraviesa estos procesos y después aplica todo lo aprendido en otro país. En mi caso, me gustaría aplicarlo acá, en la Argentina. Tenemos mucho que demostrar y mucho que mejorar en ingeniería".

Para participar del proyecto no hace falta experiencia previa. "Cualquier estudiante de la UBA se puede acercar y postularse. Después queda en manos de cada líder si incorporarlo o no, pero lo principal son las ganas", explicó Seybold. Y hubo una frase que resumió el recorrido: "No solo queremos llevar a la Argentina a lo más alto, sino que hacerlo de la mano de la universidad pública es todavía mejor".

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