OpenAI apagó Sora: el fin abrupto de la herramienta que prometía revolucionar los videos con IA
OpenAI tomó una decisión que sacudió al mundo tech: apagó para siempre Sora, su generador de videos con IA. ¿Qué pasó con el millonario acuerdo con Disney y por qué una herramienta tan revolucionaria desapareció de un día para el otro? Los detalles que no te contaron.
La compañía de inteligencia artificial OpenAI anunció esta semana el cierre definitivo de Sora, su plataforma para generar videos a partir de texto. La decisión, comunicada a través de la red social X, sorprendió a la industria y dejó sin efecto incluso un millonario acuerdo con Disney. La aplicación móvil, su API y todas las integraciones en ChatGPT dejaron de funcionar de manera irreversible.
Este movimiento impacta directamente a miles de usuarios, desde creadores de contenido y marketers hasta empresas que utilizaban la herramienta para prototipado rápido. La noticia llega apenas seis meses después del lanzamiento de Sora como aplicación independiente y marca un retroceso inesperado en la carrera por la IA generativa.
¿Por qué cerraron una herramienta tan prometedora?
Según el anuncio oficial, OpenAI, liderada por Sam Altman, decidió reorientar sus prioridades hacia áreas como la programación avanzada y soluciones empresariales. Sin embargo, detrás de esta decisión estratégica se esconde una cruda realidad financiera y operativa.
Los costos para mantener Sora en funcionamiento eran astronómicos: alcanzaron los 15 millones de dólares diarios en infraestructura, impulsados principalmente por la alta demanda de servidores GPU. Frente a este gasto descomunal, los ingresos sostenibles de la plataforma solo llegaron a 2,1 millones, revelando un modelo de negocio insostenible.
La compañía también enfrentó críticas constantes por la posible difusión de deepfakes creados con su tecnología y por la calidad irregular de algunos videos generados, un fenómeno conocido como AI slop. La presión de competidores directos como Anthropic aceleró la decisión final.
Un ascenso meteórico y una caída estrepitosa
La historia de Sora fue breve pero intensa. Todo comenzó en 2024 con su lanzamiento inicial como una demostración técnica que asombró al mundo con videos hiperrealistas. En septiembre de 2025, se convirtió en una aplicación independiente, logrando un éxito inmediato con un millón de descargas en apenas cinco días.
El pico de popularidad llegó en noviembre de 2025, con 3.3 millones de instalaciones. Pero la alegría duró poco. La sobrecarga en los servidores obligó a OpenAI a terminar con el acceso gratuito ese mismo mes. Para febrero de 2026, las instalaciones activas habían caído a 1.1 millones, dejando en evidencia la falta de engagement sostenido.
Un hito clave fue el acuerdo firmado con Disney en diciembre de 2025. El pacto permitía el uso de más de 200 personajes icónicos de Marvel, Star Wars y Pixar para generar videos con IA, con potencial distribución en Disney+. Este acuerdo, sin embargo, quedó completamente anulado con el anuncio del cierre total el 25 de marzo de 2026.
Las consecuencias del sorpresivo adiós
El impacto de esta decisión es múltiple. Para Disney, el anuncio fue calificado como “abrupto”. La empresa multimedia afirmó que continuará explorando el uso de IA para contenidos, pero ahora deberá buscar otros socios o desarrollar soluciones internas.
Para los usuarios, la migración es obligatoria. Artistas digitales, marketers y empresas, incluidas argentinas que usaban Sora para prototipado, deberán volcarse a alternativas como Google Veo, Meta, ByteDance con Seedance o Anthropic.
Para Hollywood, en cambio, se elimina una herramienta que era vista como una amenaza por su capacidad para generar escenas complejas a una fracción del costo tradicional. Para OpenAI, valuada en 730 mil millones de dólares, el cierre de Sora expone la volatilidad del sector de IA generativa.
Este episodio demuestra que la innovación más espectacular puede fracasar si no encuentra un equilibrio entre lo técnico, lo ético y, fundamentalmente, lo financiero. La revolución de la IA, al parecer, no es un camino en línea recta.