Otra plataforma de inversiones dejó de pagar en Santiago del Estero: los usuarios no pueden retirar su dinero
¿Qué hizo un joven santiagueño para no perder todo cuando la plataforma dejó de pagar? Su decisión, en medio de la nueva caída que tiene a cientos de inversores sin poder retirar su dinero.
Una nueva plataforma digital que prometía multiplicar el dinero en pocos días dejó de funcionar en Santiago del Estero. Se trata de GSFAR (Gensolar Finanzas AR), que según los testimonios de los inversores colapsó durante la noche, alrededor de las 21, y desató la desesperación de cientos de personas que aseguran tener fondos adentro del sistema.
El episodio reaviva un fantasma que la provincia conoce bien: el recuerdo de PETA, la plataforma que en 2024 se expandió por WhatsApp y Telegram y terminó con miles de santiagueños sin poder retirar su dinero.
El antecedente que nadie quiere repetir
Aquella experiencia dejó marcas profundas. PETA creció al calor de recomendaciones personales y promesas de rendimientos extraordinarios. Un grupo general de Telegram vinculado a Santiago del Estero superaba los 55.000 participantes, según una investigación periodística de la época. Cuando los retiros empezaron a trabarse, la confianza se derrumbó y el caso se convirtió en uno de los más resonantes de la provincia.
Dos años después, el nombre cambia pero el guion se parece demasiado.
La historia del joven que se salvó
Entre los testimonios que circulan en las últimas horas hay uno que llama la atención. Un joven santiagueño ingresó a GSFAR con $10.000, el monto mínimo que le habían indicado. Su idea era probar. Esperó unos diez días, retiró su dinero y, aunque el sistema parecía pagar, decidió no reinvertir.
Hoy esa decisión lo deja en una posición completamente distinta a la de otros usuarios. Según los relatos recogidos, muchas personas habrían dejado el dinero dentro de la plataforma y aumentado sus inversiones. Algunas cuentas mostraban cifras de varios millones de pesos, incluso cercanas a los $15 millones.
Pero hay un detalle que suele pasarse por alto: el saldo que aparece en una pantalla no es dinero disponible hasta que se puede retirar.
La promesa que ya encendía alarmas
Antes de la caída, GSFAR ya había generado advertencias. A comienzos de septiembre, medios santiagueños informaron sobre planes atribuidos a la plataforma que ofrecían retornos extremadamente altos. Uno de los más difundidos prometía convertir $10.000 en $20.000 en solo diez días.
Ese tipo de oferta, por sí sola, constituye una señal de alerta. Ganancias extraordinarias en períodos brevísimos, captación mediante contactos personales, incorporación de nuevos participantes y falta de información verificable sobre quién administra los fondos son características que deberían llevar a cualquier inversor a extremar precauciones.
Los especialistas advierten que el hecho de que algunos usuarios cobren no demuestra que el negocio sea sustentable. En esquemas tipo Ponzi, los primeros participantes pueden retirar dinero proveniente de los nuevos aportantes. Mientras siga entrando capital, todo parece normal. El problema estalla cuando los ingresos bajan o los retiros superan el dinero disponible.
El peligro de confiar en un primer pago
El mecanismo psicológico es conocido. Una persona coloca $10.000, ve que la aplicación le devuelve $20.000 y, en lugar de retirar todo, decide invertir más: primero $30.000, después $100.000, más tarde los ahorros, el aguinaldo o el sueldo. Cuanto más grande es el número en la pantalla, mayor es la confianza.
Así, algunos salen casi indemnes y otros terminan exponiendo sumas enormes. El joven que retiró sus $10.000 y no volvió hizo exactamente lo contrario: no confundió un primer pago con una garantía sobre el futuro.
Por ahora, GSFAR no dio explicaciones públicas sobre lo ocurrido ni sobre el destino de los fondos. Mientras tanto, cientos de santiagueños repiten una pregunta que ya escucharon durante el derrumbe de PETA: ¿dónde está nuestro dinero?