Padre tucumano denuncia hostigamiento de su exesposa y critica a la Justicia: 'Nos convirtieron en víctimas de segunda categoría'
Un padre tucumano sufrió meses de hostigamiento por parte de su exesposa, pese a tener la custodia de sus hijos. Su abogado denuncia que la Justicia archivó las denuncias y creó una 'categoría de víctima de segunda'. ¿Qué pasó cuando finalmente se hizo justicia?
Un ingeniero agrónomo de Tucumán, que obtuvo la tenencia exclusiva de sus tres hijos tras un divorcio marcado por la violencia de su expareja, vivió un calvario de meses de agresiones y desobediencias judiciales antes de que la Justicia ordenara la detención de la mujer. Su abogado, Gonzalo Ascárate, denuncia un trato desigual por razones de género y el archivo sistemático de las denuncias.
El caso, que tomó estado público después de un año de presentaciones judiciales, comenzó cuando la justicia civil decidió otorgar la custodia total de los menores al padre, una resolución que Ascárate calificó como "bastante singular, como también sorpresiva estadísticamente". Según el letrado, esa medida se basó en la violencia que la progenitora ejercía sobre los niños. A partir de ahí, se desató un ciclo de agresiones y violaciones a las órdenes perimetrales por parte de la mujer.
¿Por qué la Justicia archivó las denuncias?
El abogado explicó que, pese a las pruebas presentadas, el sistema penal actuó en un primer momento como un obstáculo. "Estas desobediencias judiciales han sido denunciadas oportunamente y, así como fueron denunciadas, fueron archivadas por la unidad fiscal de decisión temprana", señaló Ascárate, quien criticó que los funcionarios desestimaran los hechos bajo el argumento de que se trataban de cuestiones de familia. Para el defensor, esto constituyó una "falacia argumentativa" porque se trata de un delito autónomo donde la administración de justicia es la perjudicada.
La inacción judicial tuvo consecuencias directas en la escalada de violencia. El abogado sostuvo que, al archivarse las causas, "lo que se ocasionó es que ella se perciba un terreno sumamente fértil para la reiteración de estas conductas que en el grado de agresividad iban en aumento".
Un episodio límite: el 20 de abril
Uno de los puntos de mayor tensión ocurrió el 20 de abril, cuando la denunciada vulneró la seguridad del domicilio de su expareja. "Ingresó al edificio, lo empezó a agredir a mi asistido dentro de su departamento y le quiso sacar por la fuerza uno de sus hijos", relató Ascárate. Este episodio, sumado al temor constante del denunciante, llevó al abogado a advertir sobre la peligrosidad latente: "Él ya me decía que nunca va a saber si así como se abalanzó le pegó o lo insultó, esta chica le puede asestar una puñalada, puede pegarle un tiro, no hace falta mucha fuerza física".
El daño en los niños
La situación afectó profundamente el vínculo filial. El letrado reveló que, tras los testimonios recogidos en Cámara Gesell, quedó acreditado que los menores "fueron sujetos pasivos de la violencia materna". Como consecuencia del trauma, Ascárate indicó que "los chicos no la identifican como mamá, como cualquier chico de esa edad podría llamar a su progenitora, sino que la llaman con su nombre propio".
La detención, una medida inevitable
Por último, el abogado se refirió al estado anímico de su cliente, quien durante meses se sintió desamparado por las instituciones. "Él siempre estuvo muy escéptico con las respuestas que la Justicia le daba. Él bregaba inclusive hasta interrumpía a los jueces de alguna manera pidiéndole 'a mí quién me protege'". Actualmente, la mujer cumple prisión domiciliaria, una medida que, según Azcárate, era el paso inevitable ante el fracaso de las restricciones previas: "Si tenemos medidas de menor intensidad y esas no fueron suficientes porque fueron incumplidas, la detención era la consecuencia necesaria para poder averiguar la verdad de los hechos".