Pagó el alquiler durante 70 años, pero el aumento la dejó en la calle: murió Maricarmen, el símbolo que alerta a los jubilados argentinos

Maricarmen pagaba lo que su jubilación le permitía, pero el aumento la dejó en la calle. Su muerte reavivó una pregunta incómoda: ¿qué pasará con los miles de jubilados argentinos que alquilan y no tienen a dónde ir?

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Pagó el alquiler durante 70 años, pero el aumento la dejó en la calle: murió Maricarmen, el símbolo que alerta a los jubilados argentinos
Pagó el alquiler durante 70 años, pero el aumento la dejó en la calle: murió Maricarmen, el símbolo que alerta a los jubilados argentinos

María Carmen Abascal, la mujer de 87 años que fue desalojada de su departamento en Madrid tras no poder afrontar el aumento del alquiler, falleció este miércoles en el hospital Gregorio Marañón. Su caso, que conmovió al mundo, expone una problemática que también golpea de lleno a los adultos mayores inquilinos en la Argentina.

Maricarmen, como todos la conocían, había vivido más de siete décadas en el mismo departamento madrileño. El 23 de septiembre, una orden judicial la obligó a dejarlo. La imagen de la anciana saliendo en camilla se viralizó y la convirtió en un emblema de la crisis habitacional.

Su muerte se conoció este miércoles 7 de octubre. El Sindicato de Inquilinas, que había acompañado su reclamo, informó el fallecimiento y despidió a la mujer con un mensaje: “Seguiremos luchando por ti, por todas, como siempre quisiste”.

La historia de Maricarmen no había dejado de pagar el alquiler: lo que no podía cubrir era el aumento que le exigían. Seguía abonando la suma que su jubilación le permitía, pero la Justicia igual la desalojó. Su fallecimiento ocurrió después de que se alcanzara un acuerdo para que pudiera regresar al departamento, algo que finalmente no sucedió.

Un espejo incómodo para la Argentina

El caso de Maricarmen resonó con fuerza en la Argentina, donde el envejecimiento inquilino ya es una realidad. Un informe reciente de Matías Araujo, investigador de la Fundación Tejido Urbano, toma su historia como punto de partida para analizar las trayectorias residenciales en España y en el país.

Según el relevamiento, en la ciudad de Buenos Aires había 53.453 hogares inquilinos de 65 años o más en 2022, casi el doble de los 29.949 registrados en 2001. La proporción de adultos mayores que alquilan pasó del 10,2% al 14,7% en poco más de dos décadas, mientras que la de propietarios cayó del 82,4% al 76,2%.

El dato se vuelve más crítico si se considera la composición de esos hogares: el 56,5% está integrado por una sola persona y otro 15,1% solo por una pareja. Es decir, más de siete de cada diez hogares mayores que alquilan no tienen otros convivientes que puedan aportar a los gastos.

La situación no se limita a la Capital: en los aglomerados urbanos del país, el informe estima que 359.754 personas de 60 años o más viven en viviendas alquiladas. “El envejecimiento inquilino pertenece, por lo tanto, al presente”, advierten desde Tejido Urbano.

De inquilino temporal a inquilino de por vida

El problema de fondo aparece cuando se analiza lo que ocurre con las generaciones más jóvenes. En países con fuerte cultura de la propiedad, como España y la Argentina, el alquiler solía ser una etapa transitoria antes de comprar una vivienda. Ese recorrido se está modificando.

En Buenos Aires, alrededor de seis de cada diez jefes de hogar de entre 25 y 29 años eran inquilinos en 2025, y el alquiler seguía siendo predominante durante los 30. El equilibrio entre propietarios e inquilinos recién aparece entre los 40 y 44 años. Dos décadas atrás, esa transición ocurría unos diez años antes.

El informe detecta que las generaciones que hoy tienen 30, 40 e incluso 50 años muestran una incidencia del alquiler superior a la de las generaciones anteriores. Para algunas familias, alquilar más tiempo puede ser una elección compatible con el ahorro; para otras, significa destinar cada vez más recursos solo a sostener la vivienda y alejarse de la posibilidad de comprar.

Crédito hipotecario e informalidad: la combinación argentina

España también enfrenta dificultades de acceso a la vivienda, pero conserva un sistema hipotecario que funciona con cierta regularidad. La Argentina, en cambio, atravesó décadas de inflación, devaluaciones y períodos sin crédito hipotecario de largo plazo. Para muchos hogares, desapareció el puente entre el ingreso mensual y la posibilidad de comprar.

A eso se suma la informalidad laboral, que impide demostrar ingresos para acceder a un préstamo y, décadas después, se traduce en menores haberes previsionales. El problema se vuelve acumulativo: menos capacidad de ahorro durante la vida laboral, más obstáculos para el crédito, menos chances de adquirir una vivienda y, finalmente, la necesidad de seguir pagando alquiler durante la jubilación.

“Si además esa persona llega al retiro sin patrimonio residencial, el alquiler permanece como un gasto regular durante una etapa en la que las posibilidades de incrementar los ingresos son menores”, plantea Tejido Urbano.

El alquiler se come el ingreso

El desafío no pasa solo por convertirse en propietario, sino por pagar el alquiler con ingresos cada vez más bajos. Según las estimaciones del informe, en 2026 un departamento de dos ambientes en la ciudad de Buenos Aires equivalía al 38,1% de un salario medio. Para un asalariado formal registrado, el esfuerzo rondaba el 26%; para un trabajador informal, superaba el 50% de sus ingresos.

Firmar un nuevo contrato exige además una suma considerable antes de pagar el primer mes. Ingresar a un dos ambientes puede requerir entre $3.000.000 y $3.500.000 entre depósito, adelanto, garantía y otros gastos iniciales, equivalentes a aproximadamente 1,6 a 1,8 ingresos familiares promedio de un hogar inquilino.

En paralelo, creció la cantidad de hogares que recurren a recursos extraordinarios para sostener sus gastos. Entre los inquilinos porteños, la proporción que usó desahorro, préstamos bancarios o familiares pasó del 43% en 2022 al 69,7% en 2025. Esos ahorros son los mismos que podrían haberse destinado al anticipo de una vivienda, a una emergencia o a la vejez.

La historia de Maricarmen puso el foco en un fenómeno mucho más amplio: qué significa llegar a la vejez sin tener asegurado el lugar donde vivir. En la Argentina, los adultos mayores que alquilan ya son cientos de miles, y detrás vienen generaciones para las que convertirse en propietario ocurre cada vez más tarde o directamente puede no ocurrir.

Por eso, la discusión quizás no sea solo cuánto cuesta alquilar hoy, sino qué pasará dentro de 20 o 30 años con quienes hoy, a los 30, 40 o 50, todavía dependen del mercado de alquiler para tener un techo.

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