Pantallas: ¿cuántas horas son demasiadas? Un psiquiatra revela cuándo el riesgo se dispara
¿Sabías que no importa cuántas horas pases frente a una pantalla? Un especialista en salud mental revela cuál es el verdadero riesgo y qué señales deberían preocupar a los padres.
El psiquiatra José Ignacio Alonso advierte que el peligro no está en la cantidad de horas frente a una pantalla, sino en la vulnerabilidad emocional de cada adolescente. El especialista disertará hoy en el ciclo "Hablemos de lo que viene" sobre los riesgos de las pantallas en la adolescencia.
Alonso, director general de Dispositivos de Rehabilitación Neuropsiquiátrica Crónica y del Centro Iternova, explicó a El Tribuno que el origen de los problemas de salud mental en las nuevas generaciones está en la constitución psíquica de cada persona.
¿Qué es lo que realmente importa?
Según el especialista, una constitución sólida actúa como escudo frente a los factores externos, mientras que una estructuración vulnerable desde la infancia hace que todo sea más agresivo.
"Si tenemos una estructuración desde el nacimiento, la niñez y la adolescencia más vulnerable, ahí todos los factores empiezan a ser mucho más importantes: desde la tecnología hasta todo tipo de consumo, conductas e interacciones sociales", detalló.
Uso activo vs. pasivo
Alonso diferenció entre el uso activo de la tecnología, que implica interacción social, videojuegos o aprendizajes elegidos, y el uso pasivo, basado en el scroll permanente y los algoritmos automáticos. Este último es el más riesgoso.
"Puede haber muchas horas frente a una pantalla, pero si ese tiempo implica una actitud activa y elegida, puede tener una influencia positiva", afirmó.
Señales de alerta para las familias
El especialista observó un incremento en las consultas por alteraciones del estado de ánimo, ansiedad y conductas adictivas en jóvenes. "Una situación de frustración, de incapacidad de manejo, de aburrimiento, de soledad o de desilusión pone al joven en mayor riesgo", advirtió.
Para Alonso, cualquier cambio en el comportamiento habitual de un adolescente merece atención, pero el síntoma es solo la punta del iceberg. "Hay que mirar qué estructura de personalidad existe detrás de eso", concluyó.