Paraná: se cruzan en la calle con otros carritos y ya no alcanza lo que juntan
En el microcentro de Paraná una familia entera apila cartones en un carro. Y no es la única: en el volcadero municipal, dicen, ya llega gente que tenía buenos trabajos.
La crisis golpea con fuerza en las calles de Paraná y en el volcadero municipal. Mientras el consumo cae y hay menos residuos recuperables, cada vez más familias salen a cartonear para llevar comida a sus casas. La cooperativa Recicladores del Paraná advierte que la ecuación ya no cierra para nadie.
Ángela Arellano, integrante de la organización con sede en Germán Burmeister y El Resero, describió un fenómeno que complica tanto el trabajo cotidiano de los recolectores como el funcionamiento de la planta de acopio.
La postal se repite en el microcentro: una familia completa apila cartones en el carro en el que se traslada. Hasta los más chicos se distraen de la tarea cuando encuentran un objeto para hacer "percusión" o armar una pelota. Recolectar es una estrategia de supervivencia de años, pero lo que llama la atención ahora es quiénes se suman: familias que antes formaban parte de la clase media trabajadora y hoy necesitan ese ingreso.
Más carros, menos material
El impacto de las políticas económicas y el aumento del desempleo empujaron a nuevos sectores a recorrer la ciudad en busca de materiales reutilizables. Según Arellano, la presencia de recolectores se multiplicó de manera notable.
"La situación está cada vez peor porque desde que está el nuevo gobierno nacional, hay mucha más gente tirando de un carro para lograr conseguir llevar un plato de comida a la casa", testificó.
Esa proliferación satura la vía pública y el material disponible ya no alcanza para abastecer a todos. "Nuestros compañeros mismos vienen y nos cuentan que se están chocando en la calle con otros carritos porque andan todos juntando. Es impresionante la cantidad de personas que andan, no solamente con carros, sino también con bolsones a la rastra", relató.
El panorama no mejora en el volcadero municipal, punto neurálgico de la disposición final de residuos. Allí confluyen la caída del volumen de basura recibida y el arribo de trabajadores que perdieron sus empleos formales.
"No es solamente que llega muy poca basura, sino que también en el volcadero aumentó la cantidad de gente que llega a revisar la basura para encontrar cosas que le sirvan. Incluso gente que tenía buenos trabajos y han quedado desempleados están recurriendo a eso", advirtió.
Reconocidos y excluidos: la brecha dentro de la cooperativa
Recicladores del Paraná tiene un grupo consolidado, pero dividido entre quienes cobran un reconocimiento municipal y quienes quedaron afuera del sistema formal. Hoy 20 integrantes trabajan en la planta de acopio con un haber que paga el municipio. Más de otros 20 compañeros siguen en la informalidad, recorriendo las calles sin un ingreso mínimo garantizado.
"Nosotros acá en la cooperativa somos 20 compañeros que estamos reconocidos por el municipio que nos están pagando, pero hay muchos compañeros que aún no lo están, que son los compañeros que salen con el carrito a juntar cartón, plástico, aluminio en la calle", explicó Arellano.
Para los que lograron el reconocimiento estatal, el sueldo mensual representa un piso de estabilidad. "Nosotros empezamos de la misma manera, saliendo a tirar un carrito y gracias a Dios se nos dio la oportunidad de estar en la cooperativa, ahora ser reconocidos por el municipio y tener un sueldo. Es una gran ayuda que nos viene bien", señaló.
La conducción de la cooperativa mantiene reuniones permanentes con las autoridades locales para pedir una ampliación de la partida presupuestaria que permita sumar a los recolectores informales a la nómina oficial. "Siempre que tenemos la oportunidad de reunirnos, tratamos de que nos suban un poco el presupuesto para poder seguir sumando compañeros a la cooperativa", sostuvo.
Cuánto vale hoy un kilo de reciclaje
La tarea diaria de recuperar plástico, cartón, aluminio y vidrio choca además con el deterioro del valor comercial de los materiales. Para amortiguar las oscilaciones del mercado regional, la cooperativa apela a distintas estrategias de venta y logística.
El plástico cristal y otros se comercializan a $300 o menos por kilo. Para conseguir mejores cotizaciones, la materia prima viaja directamente a la provincia de Buenos Aires en un camión que provee la Federación de Cartoneros, y así vuelve a la cadena industrial.
El cartón se vende a $190 por kilo a la Papelera Entre Ríos. En ese rubro, la plaza local ofrece una cotización superior a la de Buenos Aires, donde el valor del cartón sufrió una caída pronunciada. Las latas de cerveza y gaseosa, en tanto, se pagan $100 por kilo.
El volumen global de recolección se retrajo de forma severa y abrupta en los últimos años. La caída del consumo masivo y el reparto del material entre más recolectores reducen drásticamente las ganancias finales de cada trabajador.
Un espacio abierto a los vecinos
Más allá de la recolección callejera, Recicladores del Paraná mantiene sus instalaciones abiertas en Germán Burmeister y El Resero de 8 a 18. Allí reciben los materiales clasificables que acercan los vecinos para colaborar con el sustento de las familias asociadas.
La incertidumbre sobre el futuro cercano domina las reflexiones de la referente cooperativa, que enfatiza el trasfondo social de una crisis que obliga a cientos de paranaenses a reconfigurar sus estrategias de vida.
"Nos preocupa porque aumenta cada vez más la gente que anda en la calle y la gente que queda desempleada y recurre al mismo sistema... La situación económica amerita que nosotros busquemos otro ingreso, otra forma para llevar el sustento a la casa", concluyó Arellano.