Patrullaban sin imaginar lo que un padre desesperado les entregaría en brazos
Un padre desesperado detuvo a dos policías en plena calle y les entregó a su hija de un año. Lo que hicieron después, en apenas seis minutos, quedó grabado para siempre.
Dos policías del Grupo de Respuesta Inmediata Motorizada N.º 4 (GRIM IV) se convirtieron en protagonistas de una historia que pudo terminar en tragedia, pero que gracias a su rápida reacción y capacitación tuvo un final feliz. Una niña de un año volvió a respirar tras casi seis minutos de maniobras de reanimación que le practicó uno de los efectivos mientras el móvil se dirigía a toda velocidad al Hospital Pediátrico.
El episodio ocurrió durante la tarde del 21 de septiembre, cuando el Oficial Ayudante Leandro Leiva y el Sargento Leonardo Elías Monzón realizaban recorridas preventivas en jurisdicción de la Comisaría 21, con asiento en el barrio Molina Punta. Al llegar a la intersección de las calles Tacuarí y Cartagena, un hombre detuvo su motocicleta de manera desesperada y corrió hacia el móvil policial con su pequeña hija en brazos.
"Ustedes me tienen que ayudar, tienen que hacer algo", alcanzó a decir el padre mientras les entregaba a la bebé. Los efectivos advirtieron de inmediato que la niña no respiraba y se encontraba fría. Sin perder un segundo, activaron el protocolo de auxilio.
La lucha por la vida sobre ruedas
El Oficial Leiva subió al móvil junto a la pequeña y su madre y comenzó a aplicar maniobras de reanimación y desobstrucción de las vías respiratorias. Mientras el vehículo avanzaba hacia el Hospital Pediátrico, Leiva continuó con su tarea ante un aparente cuadro de broncoaspiración. Durante casi seis minutos insistió sin bajar los brazos.
En paralelo, el Sargento Monzón conducía y coordinaba a través del Servicio de Emergencias 911 un cordón sanitario con otros efectivos para facilitar el traslado y ganar segundos clave. "Íbamos con la urgencia del momento, pero siempre teniendo como prioridad la vida y la salud de la bebé", señaló Monzón.
El milagro ocurrió cuando la niña reaccionó, lloró y vomitó. "Cuando la bebé lloró y vomitó, nos volvió el alma al cuerpo", recordó emocionado el Oficial Leiva.
La pequeña ingresó al Hospital Pediátrico, donde recibió atención médica y se constató su recuperación. Ya en el nosocomio, los policías volvieron a encontrarse con el padre. Esta vez no hubo desesperación ni pedidos de auxilio: hubo un abrazo. "Gracias, yo sabía que no me iban a fallar", les dijo el hombre conmovido.
Para los efectivos, esas palabras resumieron el verdadero significado de su intervención. "Es una gratitud y una empatía que te llenan más que cualquier cosa en la vida", expresó Leiva.
Ambos funcionarios destacaron que pudieron actuar gracias a la capacitación recibida, particularmente en los cursos de Reanimación Cardiopulmonar (RCP) y primeros auxilios desarrollados durante su formación policial.
"Esta actuación demuestra que no solo estamos para prevenir o reprimir el delito; la policía se encuentra con todo tipo de situaciones en la calle y debe estar a la altura de las circunstancias", concluyeron.