Pedalea sola por África: cruzó 300 km de desierto sin sombra y con dos gasolineras
Natalia Lartitegui eligió pedalear sola por África antes que rendirse: hay tramos de 300 km sin sombra y con dos gasolineras. Lo que la sostiene en medio del desierto lo cuenta ella misma.
Natalia Lartitegui tiene 26 años y ya suma más de 9000 kilómetros en bicicleta por África. Partió de Cádiz en octubre de 2025 y desde entonces atraviesa desiertos, busca refugio cada noche y vuelve a pedalear al día siguiente, en jornadas que ponen a prueba su cuerpo y su cabeza.
La pasión por viajar y por el deporte no es nueva. Antes de lanzarse al continente africano, pasó 16 meses recorriendo Asia: el viaje arrancó en agosto de 2023 con una visita a Jordania y se estiró mucho más de lo que había planeado. También anduvo por Sudamérica, aunque una lesión en la rodilla la obligó a hacer rehabilitación en Chile y a volver a España en junio de 2025.
En octubre de ese año compró una bicicleta nueva en Cádiz y dio el primer pedal de su travesía africana. Eligió la costa de Marruecos para esquivar el exigente cruce del Atlas y después siguió hacia el Sáhara Occidental.
Desierto, soledad y la búsqueda de sombra
En el Sáhara pedaleó con temperaturas extremas y casi sin lugares donde abastecerse. “El tramo más largo fue de unos 300 km, donde solo había dos gasolineras y un restaurante. Sombra, ninguna”, contó.
En esos trayectos, algunos camioneros se detenían para ofrecerle agua, comida, dinero o incluso un lugar en el camión. Para dormir, buscaba refugio en gasolineras o cerca de cuarteles militares, tanto por seguridad como para protegerse del viento.
“Yo dormía en gasolineras y, a veces, junto a los cuarteles militares”, relató sobre su rutina en el desierto en una entrevista con National Geographic.
Viajar sola también le permitió decidir cuándo necesitaba compañía. En Mauritania esperó una semana a otros dos ciclistas para subir juntos al tren del hierro. En Nigeria, en cambio, cruzó el país junto a Igor, un ciclista suizo, por precaución ante los riesgos de esa zona.
Adaptarse a cada etapa y elegir dónde dormir
El paisaje fue cambiando a medida que avanzaba. En Senegal quedó sorprendida por la música, los colores y la hospitalidad de la gente. Con más confianza, empezó a tomar caminos de tierra y a pasar algunas noches en casas, colegios o iglesias.
Elegir dónde dormir es parte de la planificación de cada jornada. Sus etapas suelen ser de entre 60 y 100 kilómetros, aunque en el desierto llegó a hacer 170 kilómetros en un solo día.
El cansancio, los pinchazos y el estado de los caminos marcan cuánto puede avanzar. También hay noches en las que el calor o los mosquitos le complican el descanso.
“No ha habido un momento en que casi cancelara el viaje, pero a veces me da un bajón y me pregunto qué necesidad tengo de estar aquí”, reconoció.
Los planes que vienen: de Camerún a Sudáfrica
A pesar de las dificultades, Natalia encuentra motivación en los paisajes que aparecen al final de una cuesta y en los encuentros con chicos y familias. “Todos los días hay momentos en los que digo: qué feliz soy”, aseguró.
Después de una pausa en Bilbao junto a su familia, planea volver a Camerún el 24 de octubre para seguir hacia el sur. Quiere conocer Guinea Ecuatorial y Gabón, llegar a Sudáfrica y luego subir hacia Kenia. “Calculo uno o dos años más, pero todo está abierto a cambiar”, adelantó.
El recorrido todavía tiene miles de kilómetros por delante, aunque Natalia ya piensa en su próxima aventura: pasar una temporada en Kiribati o Tuvalu, dos pequeños países de Oceanía que le despiertan curiosidad. Por ahora, su bicicleta y sus pertenencias la esperan en Camerún para continuar el viaje.