Pedaleaba 1.600 km por Entre Ríos, pero a 25 km del golpe ya no pudo seguir
Jorge Soto salió a recorrer los 17 departamentos de Entre Ríos en bicicleta. Una fisura de fémur lo frenó en Galarza, pero lo que encontró a 200 metros del lugar donde se detuvo lo dejó sin palabras.
Jorge Soto tenía todo listo para dar la vuelta a la provincia sobre dos ruedas. El miércoles pasado, el ciclista de Crespo de 66 años sufrió una caída cerca de Mansilla y debió abandonar la travesía de 1.600 kilómetros que lo iba a llevar por los 17 departamentos entrerrianos.
El golpe le dejó una fisura de fémur. Ocurrió durante la etapa que unía Rosario del Tala con Gualeguay. Pese al dolor, Soto siguió pedaleando unos 25 kilómetros más hasta que el cuerpo le dijo basta y tuvo que detenerse en Galarza. Los estudios médicos confirmaron la lesión.
Hoy se recupera en su casa de Crespo, con la pierna lastimada y una mezcla de tristeza y agradecimiento. “Me duele mucho la pierna, pero más me duele el alma por no poder terminar la travesía”, le dijo a El Observador.
Un sueño que venía de lejos
Soto no era un improvisado. Lleva más de cinco décadas arriba de la bicicleta y encaró este desafío con una idea fija: demostrar que los años no son obstáculo para perseguir lo que uno quiere.
“Hay que luchar para cumplir los sueños, no importa la edad que se tenga”, había dicho antes de largar.
No era la primera vez que lo intentaba. En 2025 ya había salido a recorrer la provincia, pero terminó con tres costillas fracturadas. Lejos de rendirse, volvió a probar este año.
“Es un sueño que no pude cumplir, quedará en el recuerdo que hubo un ‘viejo loco’ entrerriano al que no le bastaron tres costillas fracturadas el año pasado para volver a intentar hacer este recorrido de 1.600 kilómetros. Pero no pude”, lamentó.
Los ángeles de la guarda que aparecieron en el camino
En medio de la frustración, Soto rescató un gesto que lo marcó. Días antes del accidente, Tomás Koroll, de Gualeguay, le había ofrecido su casa para alojarlo cuando llegara a esa ciudad.
La casualidad quiso que, cuando tuvo que abandonar en Galarza, los padres de Koroll vivieran a solo 200 metros del lugar. Fueron ellos quienes lo recibieron, lo cuidaron y lo acompañaron hasta que llegó el vehículo con su esposa Alicia para llevarlo de vuelta a Crespo.
“Agradezco a Tomás Koroll de Gualeguay, quien con su enorme corazón y compañerismo, días antes del accidente, me había ofrecido su casa para alojarme cuando llegara a su ciudad”, relató.
Y agregó: “Por cosas increíbles del destino, sus padres viven a 200 metros de donde tuve que abandonar. Ellos me alojaron, me cuidaron, hasta que llegó el vehículo con mi esposa Alicia, para regresar a mi ciudad”.
El ciclista también tuvo palabras para tanta gente que lo saludó, lo felicitó y lo alentó en cada parada o por las redes sociales. “Son personas que Dios me puso en el camino, a quienes les agradezco”, expresó.
Qué pasará con el 2027
Más allá del dolor físico y emocional, Soto prefiere quedarse con lo bueno. “Ahora queda recuperarme de la lesión y más allá del dolor físico y emocional, todos estos kilómetros recorridos, tanto en 2025 como en 2026, me dejaron un mensaje muy positivo y esperanzador”, manifestó.
“Con 66 años y más de 50 como ciclista, el afecto recibido me llena el alma”, destacó.
Consultado sobre un nuevo intento en 2027, con etapas más cortas y acompañamiento de otros ciclistas, fue tajante: no tiene previsto volver a emprender la travesía.
“Por ahora, no más ‘locuras’. El hombre propone y Dios dispone. No creo que vuelva a intentarlo”, sostuvo.
Las ganas siguen intactas, pero la decisión pasa por otro lado. “Por mí, lo haría 100 veces más hasta poder alcanzar el objetivo, porque considero muy injusto lo que me pasó, pero más injusto es que debido a esto sufra mi familia, que es mi más preciado tesoro”, concluyó emocionado.