Perdió a su hijo en la pandemia y creó un espacio con un nombre que lo dice todo
En abril de 2020, en plena pandemia, Jess Browne recibió la peor noticia desde Londres: su hijo Nacho se había quitado la vida en la Argentina. Entre sus cartas había un pedido que ella convirtió en una causa con un nombre que lo dice todo.
La noticia le llegó a Jess Browne en abril de 2020, con el mundo entero encerrado y la incertidumbre como única emoción posible. Su hijo Nacho se había quitado la vida en la Argentina mientras ella estaba en Londres. El confinamiento le impidió despedirlo en persona. Pero Nacho dejó cartas, y en una de ellas había un pedido: que su historia se contara con la verdad.
Ese pedido se convirtió en el punto de partida de Empesares, una comunidad que Browne fundó para trabajar en la prevención del suicidio y acompañar a quienes atraviesan problemas de salud mental o transitan un duelo.
“Creo que él estaría orgulloso de que hayamos puesto el tema sobre la mesa”, dijo Browne, emocionada, durante el décimo segundo capítulo de Mujeres Líderes, el ciclo organizado por LA NACION.
Un dolor que no se puede medir en años
Browne no esquiva el tema ni lo maquilla. “Fue durísimo, tanto que en algún momento dije, si él sintió esto, entiendo perfectamente su decisión. Tuve la gente indicada que me ayudó a estar acá hoy y, casi seis años y medio después puedo sonreír también”, señaló.
La fundadora de Empesares explicó que no siempre hay señales que permitan anticipar que alguien va a tomar una decisión de ese tipo. Tampoco siempre están los recursos económicos para buscar ayuda ni los turnos médicos disponibles para atender estas situaciones. “Nosotros podemos hablar, estar, acompañar”, agregó.
También aparece el juicio ajeno, ese que señala a los padres como si hubieran hecho algo mal. “Hay chicos que, a la vista de los demás, tenían todo: buenos padres, medios. Y existen otros que viven en la calle, padecen el frío extremo y aun así luchan por la vida”, explicó Browne.
Las cifras que explican por qué la causa importa
El suicidio es una problemática que preocupa desde hace años y los números confirman la urgencia de abordarla. En 2025, 5209 personas murieron por suicidio en el país: 14 por día, más de una cada dos horas. Si se compara con 2016, cuando hubo 2897 víctimas, el número casi se duplicó en menos de una década.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que por cada adulto que muere por suicidio hay más de 20 personas que intentaron hacerlo. Eso equivale a 104.000 intentos en un año y más de 285 por día.
Cómo acompañar a quien la está pasando mal
Para Browne, el trabajo es colectivo. “Le diría a cualquiera que cuide su espacio, que piense con quiénes está, quiénes te ayudan y te hacen bien, estar atentos a qué mira uno en instagram y qué lee. Prestar atención a los otros, para ver cómo acompañar y cómo no presionar. Creo que el trabajo es más de comunidad”, explicó.
La falta de profesionales también es un obstáculo. “No hay psiquiatras infantojuveniles, no hay cantidad, no se forman y cada vez se suicidan chicos más chicos, incluso de 13 años”, advirtió.
Y sumó otra capa de presión que atraviesa a los jóvenes: “Crecieron con la idea de que el día que no tuvieron una jornada fantástica, no están teniendo un día bueno. Y se ha hecho difícil también para los padres discernir entre qué es real y cuándo los chicos buscan llamar la atención”.
El nombre que nació de una frase repetida
Empesares se escribe con “s” y no con “z”, y la elección no es casual. Browne cuenta que muchas personas le repetían una frase en aquel momento: “Tenés que volver a empezar”. Un día, mientras hacía deporte, le daba vueltas a esas palabras y pensó: “hay que volver a empezar con estos pesares”.
Browne resaltó la importancia de cuidar a los que siguen estando y guarda la esperanza de que la historia de su hijo, aunque dolió tanto, pueda servirle a otros. “Algún día, me lo encontraré de nuevo ahí arriba; primero, le voy a dar un sopapo y luego un abrazo”.