Perdió la vista a los días de nacer y hoy es una de las mejores judocas del mundo

Una nena que nació sin poder ver, un entrenador que le dijo que podía llegar a los Juegos Olímpicos y una mudanza en plena pandemia que lo cambió todo. Hoy compite con las mejores del mundo y ya tiene un plan para Los Ángeles.

· 6 min de lectura
Perdió la vista a los días de nacer y hoy es una de las mejores judocas del mundo
Perdió la vista a los días de nacer y hoy es una de las mejores judocas del mundo

Cuando el portero eléctrico suena en el edificio, nadie responde. Minutos después, la puerta se abre y aparece ella, con una sonrisa que ocupa todo el hall. Llama al ascensor, marca el quinto piso y abre la puerta de su casa ofreciendo mate. Nadia Boggino es judoca, es ciega y es una de las mejores del mundo en su categoría.

En las paredes de su departamento hay fotos y medallas. Muchas medallas. Todas suyas. Gordo, el gato, duerme sin enterarse de que hay visitas. La que ceba ahora es Susana, su madre, que llegó desde Formosa para acompañarla.

Un parto complicado y una vida distinta

Nadia nació en Formosa hace 32 años. "Fue seismesina", cuenta Susana. Un error en el suministro de oxígeno durante ese parto urgente dañó sus córneas. "Cuando era chica podía ver formas, movimientos, pero después ya no", recuerda ella, sin rastro de autocompasión.

Su infancia transcurrió en Formosa, entre la escuela y una determinación que su madre admira en silencio. Hacía de todo, menos deporte. Hasta que un día empezó, casi por casualidad, y no paró más.

"Estudiaba Educación Especial y me invitaron a hacer una prueba de judo. Me gustó", cuenta. Alguien vio talento donde otros veían una limitación: su descubridor era el entrenador de la selección argentina de judo paralímpico.

"Vos podés ir a unos Juegos Olímpicos"

Julio Peña fue quien le puso esa idea en la cabeza. Nadia se asustó. "Este tipo está loco", pensó. Se equivocaba: al poco tiempo ya entrenaba con él junto a otros judocas ciegos.

Aprendió rápido. En 2018 se mudó al Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard), en Buenos Aires, y empezó a cosechar sus primeras medallas.

La pandemia y el llamado que lo cambió todo

En marzo de 2020 el mundo se detuvo. El Cenard cerró y Nadia volvió a Formosa, donde la cuarentena era estricta. Sin posibilidad de entrenar, pensó que el judo había terminado para ella. Pero nunca se resignó del todo.

Un día sonó el teléfono en la casa familiar. Del otro lado estaba Mariana López, una judoca rosarina que había conocido en sus años en el Cenard. La invitaba a vivir a Rosario, a su casa, con su familia, para que pudiera volver al deporte.

Los padres dudaron. Nadia no les dejó margen: "Si no me apoyan, me voy a la ruta y hago dedo. Algún camionero me va a llevar", les dijo. Con el aislamiento obligatorio, circular estaba prohibido y no había transporte. Nada de eso la detuvo.

Rumbo a Rosario

Su padre la llevó en camioneta hasta General Mansilla, el último pueblo formoseño antes del puente sobre el río Bermejo, y allí se subió a un auto contratado. Llegó a Rosario el 10 de octubre de 2020. "Lo festejo como un cumpleaños", dice.

Vivió tres años en la casa de los López y empezó a entrenar en el club Tiro Suizo. De esa época conserva vínculos fuertes con judocas, entrenadores y empleados. "Son amigos para toda la vida", asegura.

Después pasó a Provincial y comenzó a practicar jiu jitsu, una variante del judo nacida en Brasil. Su sueño era París 2024 y todas sus energías apuntaban ahí.

París en la mira

Para clasificar necesitaba buenos resultados en una ronda previa de competencias. En un Mundial en Turquía se colgó el bronce, una proeza si se tiene en cuenta que competía con una grave lesión en la rodilla. La operaron en septiembre de 2022 y volvió casi un año después. Pasó por el Mundial de Inglaterra y los Juegos de Santiago de Chile. En Alemania le fue mal: "Me garrotearon", dice entre carcajadas. Se recuperó en Turquía, donde llegó por primera vez a la final por el oro y se quedó con la plata. Luego vino Georgia: bronce y quinto puesto del ranking mundial. Y llegó a París.

Casi todas sus rivales acumulaban unos 20 torneos. Ella llegó con seis. Terminó séptima, sumó un diploma a su colección y una placa en la avenida Pellegrini que reconoce a los olímpicos locales. "Nunca imaginé que eso pasaría", dice, con el orgullo a flor de piel.

Rosario, su lugar en el mundo

En la capital francesa compitió con una lesión en el codo que otra vez le frenó el ritmo. Ya no estaba en Provincial, sino en otro club rosarino que prefiere no nombrar porque sintió que no la trataron bien. "Perdí por la lesión, pero no lo entendieron", lamenta.

En 2025, mientras se recuperaba, recaló en Don Bosco. Allí volvió a entrenar con Gastón Sanseri, un viejo conocido de Provincial. Su regreso a la competencia fue en los Juegos Argentinos de Alto Rendimiento (Jadar) 2025, en Rosario, la ciudad que jura haber elegido para siempre aunque haya nacido y crecido en Formosa. "La ciudad me trató muy bien, encontré gente buena", justifica.

De esos días recuerda el apoyo de la Federación de Judo Santafesina. "Para ellos soy Nadia y no una persona con discapacidad. Esa es la verdadera inclusión", reflexiona.

Dice que es feliz sobre el tatami, la "cancha" donde se pelean los combates, y que ahí no se guarda nada. Uno de sus tatuajes lo confirma: "Nadie se arrepiente de ser valiente".

El sueño de Los Ángeles

Acaba de volver de Tbilisi, Georgia, donde compitió en el Mundial de Judo Paralímpico y terminó novena. Espera mejorar ese resultado en Egipto, donde aspira a competir en noviembre. Son las pruebas que el judo llama ciclos y que permiten armar el ranking con vistas a los próximos Juegos Olímpicos.

Nadia quiere estar ahí. "Sé que puedo", dice con énfasis. Y desde lo deportivo es un hecho: es una de las mejores. La dificultad es económica. Sin apoyo, sin más respaldo que el de la Federación de Judo de Santa Fe y el gobierno provincial, será difícil completar el ciclo para llegar a Los Ángeles.

"Voy a darlo todo para ir", asegura. Es la misma determinación que muestra sobre el tatami, la que convenció a su padre comerciante y a su madre bibliotecaria de dejarla mudarse a Rosario, la que le permite vivir sola con el dormilón de Gordo y entrenar casi todos los días. Nadia, la judoca ciega que representa a Rosario en el mundo, nunca se arrepentirá de ser valiente.

Más para leer

La Rosarina definió el 1 de la Primera A y dejó la Superliga al rojo: mirá cómo quedaron las tablas
Deportes
Náutico se quedó a un paso de la gloria: la figura que brilló en la final y el detalle que lo cambió todo
Deportes
Jockey Club Rosario se quedó con la miel en los labios: la final del Torneo del Interior A se le escapó en Córdoba
Deportes
Central va al sur con cinco bajas y una cuenta pendiente: la victoria
Deportes
Ganaba Platense en Arroyito, pero el título de la Primera B se definió desde los penales
Deportes
Faín se llevó la final en San Nicolás y la Copa de Oro cambió de dueño
Deportes