Perdió su empleo, cruzó a Brasil en una 110 y hoy su gata Lagertha la acompaña en una travesía sin rumbo fijo
¿Qué hace una misionera en Brasil con su gata en una moto 110? Marcela perdió el empleo, cruzó la frontera y hoy vende pulseras para seguir viajando. Conocé su historia de superación.
Marcela Feldik, oriunda de Fracrán, Misiones, pasó de quedarse sin trabajo en San Vicente a recorrer Brasil sobre una Corven 110. Lo que comenzó como una necesidad se transformó en una aventura junto a su gata Lagertha, con la que ya atravesó miles de kilómetros durmiendo en carpa y vendiendo pulseras para seguir adelante.
Su historia tomó impulso cuando, tras perder su empleo, decidió probar suerte en Brasil. En Florianópolis, el contacto con otros viajeros despertó en ella una inquietud que ya venía madurando: la idea de recorrer el continente con lo puesto.
El regreso por la moto
Recordó que en Misiones había quedado una Corven 110 que compró dos años atrás, cuando tenía trabajo estable. La sacó en “infinitas cuotas” y logró pagarla, pero después vino el despido y no tuvo dinero para equiparla. Durante un tiempo, incluso se olvidó de la moto.
Hasta que un día decidió volver a buscarla. “Junté un poquito de plata y dije: ‘Voy a buscarla’”, contó a FM 89.3 Santa María de las Misiones.
La moto regresó a Brasil prácticamente desnuda, sin baúl ni accesorios. Como la marca no es común en ese país, tuvo que adaptar piezas y mandar a fabricar un portaequipaje. Gran parte de sus ahorros se fueron en preparar el vehículo para la ruta.
Un viaje que iba a ser en compañía
En Brasil conoció a un viajero que la incentivó a recuperar la moto y le propuso recorrer juntos el camino hacia Río de Janeiro y otros países sudamericanos. Sin embargo, cuando ella regresó con la Corven lista, su compañero confesó que no se sentía preparado.
La decisión fue suya: “El viaje es mío, ya fue. Ya vine hasta acá, voy a seguir, no puedo volver”, recordó. Y siguió sola, con Lagertha como compañera inseparable.
Viajar con una gata implica adaptar los ritmos: no hace tramos largos seguidos para evitar que se le acalambren las patas. Suele manejar entre tres y cinco horas, con paradas frecuentes. Lagertha pasa gran parte del trayecto durmiendo.
Un obstáculo en la frontera
Ingresó a Brasil por El Soberbio, pero en Florianópolis Migraciones le exigió regularizar su entrada por un paso habilitado. Eso la obligó a retroceder hasta Dionísio Cerqueira y Bernardo de Irigoyen. Allí presentó la documentación sanitaria y las vacunas de la gata, que ya tenía al día.
Pulseras, solidaridad y vida austera
Su presupuesto es mínimo. La Corven consume poco y carga entre 12 y 19 reales de combustible por día. Para financiarse, fabrica pulseras que vende por cinco o diez reales, y pegó su identificación de Pix en la moto para recibir donaciones.
También aprendió a pedir ayuda cuando la necesita. Si no tiene para comer, explica su situación y pregunta si pueden colaborar. Las estaciones de servicio son sus puntos de descanso habituales, por economía y seguridad.
Su equipaje gastronómico es básico: una hornalla a gas butano, arroz, fideos, sardinas, café y mate. La solidaridad de los brasileños la marcó profundamente y la animó a seguir recorriendo el país.
“Todos los días hay algo nuevo”
Antes de esta vida nómada, Marcela trabajaba en restaurantes de San Vicente como moza o ayudante de cocina. En su familia no hay tradición motoviajera: cuando contó su plan, le dijeron que estaba loca.
Pero ella buscaba un cambio profundo. “Todos los días conocés gente nueva, te presentás, mostrás tu historia”, resumió. Descubrió que no hace falta mucho dinero para viajar: los voluntariados a través de plataformas como Worldpackers le permiten alojarse y comer a cambio de unas horas de trabajo.
El accidente que cambió todo
No todo fue fácil. En su primer viaje de San Vicente a Florianópolis, planeó recorrer más de 800 kilómetros casi de una vez. La noche la sorprendió en la ruta, perdió el control y cayó. “Me caí en la ruta y casi me pasó un camión por encima”, recordó. Lagertha no estaba con ella en ese momento.
Desde entonces, limita las horas de manejo y hace paradas más frecuentes. También salió sin traje de lluvia ni botas adecuadas, y terminó empapada más de una vez. La solidaridad apareció de nuevo: seguidores de su historia le enviaron dinero para comprar el equipo necesario.
Rumbo a San Pablo y más allá
Cuando salió de Misiones, la moto tenía 10.000 kilómetros; hoy roza los 14.500. Su próximo destino es San Pablo, a dos o tres días de viaje. Antes de partir, revisó su equipaje y se deshizo de lo que no necesita: en una 110, cada kilo cuenta.
No tiene un itinerario cerrado. Debe decidir si continúa hacia el norte de Brasil o regresa a Argentina, según su permanencia legal. Pero sueña con llegar a Perú y Colombia, trabajando y haciendo voluntariados en el camino.
Su historia comenzó sin trabajo, con poco dinero y una moto sin equipar. Hoy, Marcela y Lagertha siguen rodando, sin saber exactamente dónde terminará la aventura. Quizás por eso eligió para sus redes el nombre “mar_sinrumbo”.