Perdió su trabajo, armó su moto y cruzó a Brasil con su gata: la historia de la misionera que vive sin rumbo

¿Qué harías si te quedas sin trabajo y decides cambiar tu vida por completo? Marcela Feldik lo hizo: armó su moto, cargó a su gata y cruzó a Brasil. Su historia de superación y aventura te va a sorprender.

· 6 min de lectura
Perdió su trabajo, armó su moto y cruzó a Brasil con su gata: la historia de la misionera que vive sin rumbo
Perdió su trabajo, armó su moto y cruzó a Brasil con su gata: la historia de la misionera que vive sin rumbo

Marcela Feldik, oriunda de Fracrán, Misiones, tomó una decisión radical cuando se quedó sin empleo: armó su moto, cargó a su gata Lagertha y se lanzó a recorrer Brasil. Hoy financia su travesía vendiendo artesanías y gracias a la ayuda de desconocidos que encuentra en el camino.

La historia de esta misionera comenzó en Florianópolis, donde se instaló tras perder su trabajo. Allí, el contacto con otros viajeros encendió una chispa que había estado dormida durante años. "Yo estaba en Florianópolis y me crucé con mucha gente viajera. Me conecté mucho con ellos y dije: 'Quiero viajar también. Quiero recorrer así'. Lo mío era que quería recorrer Brasil. Primeramente comenzó como una idea de ser mochilera, hacer voluntariados y eso. Y después fui cambiando de idea hasta que me decidí a ir a buscar mi moto", contó.

La moto que la llevó a la aventura

El vehículo que hoy la acompaña es una Corven 110, comprada dos años atrás cuando todavía trabajaba y tenía recibo de sueldo. La adquirió en cuotas, pero al perder el empleo quedó guardada en Misiones. Con el dinero ahorrado en Brasil, volvió a buscarla y la adaptó para el viaje. El desafío fue encontrar equipamiento para un modelo que no es común en el país vecino. "Mi moto no tenía ni baúl ni nada. Y el problema fue que mi moto es Corven y acá no hay Corven. Lo más similar es una Honda Biz. Y ahí tuve que ir acomodando las cosas. Todo lo que tiene arriba yo tuve que mandar a hacer", explicó.

El plan original era viajar junto a un amigo que también andaba en moto, pero él se bajó en el último momento. "Cuando yo le conté que yo tenía moto y me dijo: '¿Por qué no vas a buscar la moto? Y yo me fui a buscar porque íbamos a viajar juntos y cuando yo llegué acá y que él vio la moto y que yo estaba emocionada, que empecé a equipar, él me dijo que él no se sentía preparado para esto", relató. Lejos de amedrentarse, decidió seguir sola: "Y ahí yo dije: 'El viaje es mío, ya fue, ya vine hasta acá. Voy a seguir, no puedo volver' y ahí equipé toda la moto", recordó.

Una compañera de ruta muy especial

Lagertha, su gata, se sumó a la aventura y se convirtió en una compañera inseparable. Para cruzarla a Brasil, tuvo que presentar documentación y certificados sanitarios en la frontera. Una vez superado el trámite, la felina se adaptó al ritmo de la travesía, aunque Marcela tiene que hacer paradas frecuentes: "Ella se acostumbró. Yo no viajo muchos kilómetros por día. Yo hago pocos kilómetros porque si no se acalambran las patitas de ella. Ella para, reconoce el lugar. Yo armo la carpa, porque hasta ahora en ningún momento pagué hotel o un lugar de hospedaje, porque es caro", mencionó.

El día a día: artesanías y solidaridad

El presupuesto es uno de los mayores desafíos. Los ahorros se fueron en equipar la moto, así que Marcela tuvo que ingeniárselas para costear los gastos diarios. "Es perder la vergüenza a pedir ayuda. Cuando yo llego a una estación de servicio, me ven en la moto, ven una mujer, ven una gata, quedan asombrados, le sacan fotos, y ahí le digo que si me pueden colaborar con esto, me compran una o dos pulseritas y ya tengo para el tanque de nafta", contó.

El combustible es uno de los gastos principales: en algunos días carga 12 o 15 reales, y en otros llega a gastar 19. La solidaridad de la gente también se hace presente: "Acá en Brasil la gente ayuda mucho, es muy bondadosa, no tiene problema en ayudarte", reveló. Para reducir costos, cocina su propia comida, lleva arroz, fideos y conservas, y no falta el mate.

El accidente que cambió su forma de viajar

Pero no todo es color de rosa. En su primer tramo entre San Vicente y Florianópolis, intentó completar más de 800 kilómetros en dos días. La fatiga le jugó una mala pasada: "Quise meterle ruta y me agarró la noche, y en ese trayecto yo estaba muy cansada y me caí en la ruta. Y casi me pasó un camión por encima", revivió. Tras ese episodio, ahora reduce las distancias y descansa más.

También aprendió a equiparse sobre la marcha. Al principio no tenía ni traje de lluvia ni botas adecuadas, pero la gente del camino la ayudó: "En el camino fueron solidarios conmigo. Hubo gente que me empezó a seguir y me dijo: 'No podés andar así'. Me pasaron plata, me pude comprar un buen traje de lluvia, unas botas. Ahora, donde estoy acá, mi amiga me dio otra bota. Ahora tengo dos pares de botas, siendo que yo tenía una bota fea", dijo.

Próximo destino: San Pablo y más allá

Marcela ya prepara su próxima etapa: llegar a San Pablo, un viaje que calcula le tomará entre dos y tres días. Antes de salir, revisa el equipaje y elimina lo que no usa para aligerar la moto. Su recorrido no tiene un destino final fijo; tiene seis meses de permanencia legal en Brasil y, tras pasar por Río de Janeiro, decidirá si continúa o regresa a Argentina.

Su sueño es llegar a Perú y Colombia, pero sabe que necesita generar ingresos. Por eso combina el viaje con trabajos temporales y voluntariados a través de plataformas como Worldpackers, que ofrecen alojamiento y comida a cambio de unas horas de tarea diaria. "Mi sueño sería obviamente recorrer otros países. Ir a otros países. Mi sueño es conocer Perú, Colombia. Pero también está el presupuesto. Obviamente que en el camino no es solo viaje. En el camino tengo que trabajar también. Tampoco puedo vivir solo de esto", sostuvo.

Una vida lejos de la rutina

Marcela confiesa que en su familia nadie lleva una vida así, y que durante mucho tiempo pensó que viajar era solo para ricos: "Es más, un tiempo me fui a vivir a Buenos Aires. Después con pandemia tuve que volver a Misiones. Conozco bastante Misiones, todo, pero yo tenía la idea de que si vos te vas a otro país o a conocer otros lugares, vos tenés que tener muchísima plata, muchísima", confesó.

Más que kilómetros, esta aventura busca un cambio personal: "Yo me puse como propósito ver un punto diferente de mi vida y cambiar un poco mi mentalidad más que nada. Y el ir creciendo, ir cambiando, ir viendo diferentes cosas. Es como que todos los días es algo nuevo. Todos los días conocés gente nueva, te presentás, mostrás tu historia", remarcó. Su cuenta de Instagram, @mar_sinrumbo, resume el espíritu de una vida sin ataduras.

Más para leer

Por $69.000 y desde Posadas: una escapada que une cuatro joyas misioneras en un solo día
Tendencias
Perdió su empleo, cruzó a Brasil en una 110 y hoy su gata Lagertha la acompaña en una travesía sin rumbo fijo
Tendencias
A sus 82 años, produce la yerba más artesanal de Misiones: la historia de un sueño que parecía imposible
Tendencias
Escritores del mundo: la Fiesta Nacional de la Navidad del Litoral abre su concurso de cuentos
Tendencias
El misionero que conquistó Palermo Soho: su primera foto con Ángel de Brito y el trend viral con Brenda Asnicar
Tendencias
Escondido entre los árboles: el refugio de 25 hectáreas que invita a desconectarse en San Javier
Tendencias