Perdió su trabajo, quedó viuda y encontró en una Kangoo la llave para recorrer el continente

¿Qué lleva a una mujer a dejar todo y recorrer el continente en una Kangoo? La historia de Cintya, sus 70.000 km y las maravillas que encontró en el camino.

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Perdió su trabajo, quedó viuda y encontró en una Kangoo la llave para recorrer el continente
Perdió su trabajo, quedó viuda y encontró en una Kangoo la llave para recorrer el continente

La vida de Cintya Kucy dio un giro inesperado cuando, tras quedar viuda, ver a sus hijos independizarse y perder su empleo, decidió que no quería quedarse quieta. Hoy, a bordo de su Kangoo, ya recorrió más de 70.000 kilómetros y una decena de destinos, convirtiendo su lema en un modo de vida: “El mundo es demasiado grande y hermoso como para repetir lugares”.

Su historia empezó mucho antes de ponerse al volante. A los 40 años, la muerte de su esposo la dejó sin rumbo, pero también le mostró que la vida podía reinventarse. La enseñanza de sus padres sobre viajar como forma de aprendizaje se convirtió en una regla: conocer un destino nuevo cada año.

De Europa a la ruta: los primeros pasos

En 2017, Cintya viajó sola a Europa para visitar a su hijo en Koblenz, Alemania. Con un inglés básico, recorrió París, Berlín, Frankfurt, Ámsterdam, Brujas, Bruselas y Praga. Esa experiencia le reveló que podía arreglárselas en cualquier lugar. “Cuando uno se anima, encuentra la manera”, explica.

Tras Europa, exploró el norte argentino (Tucumán, Salta, Jujuy), luego Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Córdoba y San Luis. Manteniendo rituales como las termas de Copahue en verano y Carhué en invierno, además de escapadas a Chile y Pehuen Co.

La Kangoo: mucho más que un vehículo

En 2024, mientras aún trabajaba, Cintya adquirió su Kangoo. La equipó con baúles para ropa y cocina, y una cama que nunca desarma. Pronto entendió que no era solo un medio de transporte, sino una llave hacia la libertad. “Lo mejor de mi Kangoo es que me permite pasar desapercibida”, confiesa.

El punto de inflexión llegó en 2025, cuando la desvincularon de su trabajo y sus hijos ya eran independientes. Sin horarios ni calendarios, manejó hasta Ubatuba, Brasil. “Al soltar miedos y preconceptos, muchas estructuras empezaron a desarmarse”, recuerda.

Desde entonces, dejó de ser turista para convertirse en viajera: ya no tacha destinos, sino que permanece más tiempo en cada lugar, conversa con los lugareños y se detiene cuando el paisaje lo merece.

70.000 kilómetros y una travesía grupal

En los últimos dos años, Cintya recorrió cerca de 70.000 kilómetros, atravesando montañas, desiertos, salares, selvas y océanos, con caminos que rozan los 6.000 metros de altura. Este año planeaba ir a la Carretera Austral, pero una oportunidad la llevó a una travesía grupal a Perú.

Seis personas en cinco vehículos partieron desde Purmamarca. Cruzaron el Paso de Jama (4.600 msnm), el desierto de San Pedro de Atacama y la costa chilena hasta Iquique, para ingresar a Perú. Visitaron Arequipa, Puno, el lago Titicaca y el Cañón del Colca. Luego, caminaron hasta Machu Picchu desde Hidroeléctrica y continuaron a Puerto Maldonado, en la Amazonía.

El regreso por Brasil implicó casi 5.000 kilómetros por el Mato Grosso, descubriendo las Chapadas do Guimarães y Diamantina.

Maravillas que dejan huella

Entre los lugares que más impactaron a Cintya está el puente Q’eswachaka, sobre el río Apurímac, que cada año es reconstruido a mano por las comunidades locales con ichu y ramas de chilca. “Sentí que estaba frente a una tradición viva”, afirma.

También la fascinaron las islas de los Uros, en el lago Titicaca, donde la vida se desarrolla sobre plataformas de totora. Y en Puerto Maldonado, se internó en la selva amazónica, alojándose en cabañas accesibles solo en canoa por el río Madre de Dios, observando monos, caimanes y aves.

Hubo momentos difíciles, pero también experiencias únicas como tocar el portal de piedra Amaru Muru o flotar en las lagunas de Atacama.

Viajar sola, pero nunca sola

Cintya anima a otras mujeres a viajar solas, recomendando la comunidad “Mujeres Rodanteras Argentinas”, que comparte mapas de lugares seguros y organiza encuentros. Destaca la humildad de los peruanos y la generosidad de los brasileños. Menciona a Érica, una viajera de Córdoba con quien compartió 90 días de aventuras.

Actualmente, Cintya está en Arraial d’Ajuda y Porto Seguro, Brasil, regresando sin apuros. Su conclusión resume su filosofía: “El paisaje más hermoso es el que todavía no conocés. Cada vez que pienso que ya vi lo mejor, el camino me sorprende con algo aún más increíble”.

Para seguir sus viajes, búscala en Instagram como @cin.fronteras y en Facebook como @Cin Kucy Roman.

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