Perdió sus ahorros en el corralito y hoy lidera la industria pampeana: la historia de Metal-Maq
La historia de Metal-Maq arranca con un golpe que muchos argentinos conocen de memoria: los ahorros que se esfumaron en el corralito. Sergio Paesani decidió no quedarse quieto y armó un taller en General Pico que hoy emplea a 17 personas y compite con tecnología de punta. Pero el camino hasta acá tuvo un costo personal que la familia todavía recuerda con emoción.
Sergio Paesani guardaba 10.000 dólares para el futuro de sus hijos cuando el corralito de 2001 se los licuó. Con lo poco que le quedó armó un taller en General Pico que hoy es un referente de la innovación industrial en La Pampa.
La historia de Metal-Maq es el reflejo de la resiliencia de la industria argentina y pampeana. Su trayectoria fue repasada a fondo en el ciclo de entrevistas “Ya no hay acá”, un proyecto de los jóvenes pampeanos Lautaro Asat y Tomás Cercadillo.
De Trenel a las grandes fábricas
Todo comenzó con Sergio Paesani, un técnico egresado de la escuela industrial en 1978 y criado en Trenel, entre las máquinas de la fábrica de chacinados de su padre. Tras forjar su experiencia en gigantes locales como Industrias Maracó y Sidertec, la crisis del cambio de milenio lo puso a prueba.
A fines de los años noventa, Sidertec cerró sus puertas y dejó a cientos de trabajadores calificados en la calle. Sergio cobró su indemnización y guardó 10.000 dólares con un objetivo claro: asegurar el futuro y el estudio de sus hijos. Sin embargo, el corralito de 2001 se interpuso en sus planes.
“Me manotearon los dólares y me devolvieron 14.000 pesos”, recordó Sergio durante la entrevista. Con ese dinero compró una vieja camioneta, una agujereadora y un compresor pequeño. “Me quedaba únicamente lo que me habían enseñado mis padres, que era trabajar”, afirmó.
El nacimiento de Metal-Maq y el salto al Parque Industrial
Con el apoyo de excompañeros y amigos, Sergio comenzó a realizar trabajos de herrería y mantenimiento en febrero de 2003, en un pequeño galpón alquilado. “Me daban temblores en las piernas, me quitaba el sueño, pero la vida se trata de contactos. Cuando uno siembra, siempre hay oportunidad de cosechar”, reflexionó el fundador.
El trabajo de calidad trajo más clientes y el galpón quedó chico. En 2009, gracias al respaldo de la Fundación Regional para el Desarrollo, la empresa logró acceder a un predio en el Parque Industrial de General Pico. Ese fue el punto de inflexión que les permitió consolidar su estructura y comenzar a incorporar maquinaria de mayor porte.
Sangre nueva y profesionalización
Mientras la empresa crecía, Matías, el hijo de Sergio, se formaba como ingeniero. Tras pasar por el prestigioso Instituto Balseiro en Bariloche, donde se especializó en automatización, Matías se encontró ante una encrucijada: seguir una carrera en investigación espacial o nuclear, o volver a General Pico para sumarse a la fábrica familiar.
“Soy una persona a la que le gustan los desafíos y resolver problemas”, explicó Matías. Decidió apostar por La Pampa. Su ingreso marcó una nueva era para Metal-Maq, incorporando la oficina de ingeniería, el diseño en 3D y los sistemas automatizados.
A partir de 2022, la familia decidió dar un paso fundamental: la profesionalización integral de la empresa. Con la ayuda de consultoras y programas como Kaizen Tango —una iniciativa de cooperación bilateral entre Argentina y Japón que busca optimizar la productividad, la calidad y la competitividad de las PyMEs industriales y de servicios mediante la filosofía japonesa de mejora continua—, ordenaron los procesos internos.
“Pasamos de ser un taller que hacía de todo a entender claramente que somos una empresa que trabaja por proyectos, brindando soluciones integrales que abarcan mecánica, neumática, hidráulica y electricidad”, detalló el ingeniero.
Innovación constante frente a los nuevos desafíos
Hoy, Metal-Maq ocupa una nave de 1.400 metros cuadrados cubiertos, equipada con tecnología CNC, corte por plasma y un puente grúa. Su equipo está conformado por 17 personas, en su mayoría jóvenes de General Pico, que manejan entre 10 y 12 proyectos en simultáneo. Desarrollan maquinarias a medida para la industria alimenticia, metalmecánica y de la construcción, muchas de las cuales no existen en el mercado tradicional.
Sergio, ya en etapa de jubilación pero siempre activo, destaca el valor del equipo humano y advierte sobre los desafíos del sector. Desde su rol en la Cámara de la Industria, insiste en la necesidad de mejorar la educación técnica y fomentar las habilidades blandas: “La responsabilidad, el compromiso y el pensamiento crítico son cosas que marcan la diferencia. La creatividad es un valor que a la persona le permite pensar y crecer”.
A pesar de los duros golpes de la vida, incluyendo la dolorosa pérdida familiar de una hija y hermana, los Paesani se mantuvieron unidos y enfocados. “No deja de doler, pero sabemos el poder que tenemos de hacernos fuertes cuando algo no sale como queremos”, confesó Matías con emoción.
Mirando hacia el futuro, la empresa radicada en General Pico apuesta a seguir integrando ingeniería avanzada e inteligencia artificial, demostrando que con orden, conocimiento y tecnología, la industria pampeana tiene mucho para ofrecerle al país.