Pide una mesa por la merluza: ya hay plantas, flota y gente, pero falta una cuenta que cierre
El empresario pesquero Raúl Cereseto quiere sentar a la política, las cámaras y los gremios en una misma mesa para destrabar la merluza. Dice que las plantas, la flota y la gente ya están: solo falta una ecuación que cierre. Qué pide cada sector y por qué hoy la especie no se captura.
El empresario pesquero Raúl Cereseto puso sobre la mesa un debate que, asegura, el sector viene esquivando: la merluza puede generar más de mil puestos de trabajo en Chubut y hoy no se explota porque no le cierra a ninguna de las partes. Su propuesta no apunta a crear una industria desde cero, sino a destrabar lo que ya existe.
En concreto, reclamó una mesa de discusión con dirigentes políticos, cámaras empresarias y gremios donde cada sector ceda algo. La idea central: hay un recurso disponible en el mar que nadie discute y que, según su visión, podría convertirse en un motor de empleo para la zona.
Un recurso que ya está en el agua
Cereseto fue claro en que no se trata de montar una actividad nueva. "Ya están las plantas, los trabajadores, la flota, el conocimiento y el recurso", enumeró. Lo que falta, según él, es armar una ecuación que vuelva rentable la especie. La infraestructura y la mano de obra existen; el problema es el número que cierra —o no— al final del día.
El empresario también mostró apertura a otras alternativas de inversión, como atraer capitales nuevos a la zona franca o al parque industrial. Pero insistió en que hay un recurso que ya está disponible y que, a su entender, la política no está discutiendo.
Su propuesta: obligaciones repartidas
El planteo de Cereseto no deja afuera a nadie. Según detalló, el Estado debería aportar herramientas y previsibilidad; las empresas, inversión en líneas de fileteado y asumir riesgo; y los gremios, discutir productividad y formas de trabajo. Para él, una mesa donde cada parte va a buscar solo su porción está condenada al fracaso.
La autocrítica también alcanza a su propio sector. Cereseto sostuvo que los empresarios otorgaron aumentos equitativos para todas las especies mientras la rentabilidad estaba concentrada en el langostino. Eso, dijo, dejó fuera de juego a la merluza y, antes, a la anchoíta.
Guante blanco con los gremios
Con los sindicatos fue cuidadoso. Aseguró que no busca confrontar ni tocar lo ya firmado, y propuso que el personal nuevo ingrese con convenios adaptados a la rentabilidad de esta especie. Es decir, sin revisar derechos adquiridos, pero con reglas distintas para los que se sumen.
Al Estado le pidió, además, revisar la presión fiscal sobre una especie que hoy directamente no se captura. La pelota, según su planteo, queda en la cancha de la política: armar la mesa y discutir la merluza como generador de empleo, con cada sector poniendo algo de su parte.