18 junio 2019
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“Pochi” Chávez: “El humor me cura y me salva”

La risa es una necesidad porque te cura el alma, el espíritu y te hace olvidar de muchos momentos de tristezas”.

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“El humor me cura y me salva. La risa es una necesidad porque te cura el alma, el espíritu y te hace olvidar de muchos momentos de tristezas”.

Son palabras, expresadas a EL LIBERAL, por “Pochi” Chávez, un humorista que conoce del efecto sanador que tiene el hacer reír. Y esa es su misión que, desde siempre, ha cumplido, inclusive después de haber recibido un duro golpe tras la trágica muerte de su hijo Franco, quien fue acuchillado el año pasado en Quimilí. El amor de la gente y la oración son factores importantes que permiten a Chávez no bajar los brazos. Hombre de fe y agradecido al público por todo lo que recibe, sigue su marcha.

¿Cómo se logra continuar en carrera, intentando arrancarle una sonrisa a la gente, tras la trágica pérdida de un hijo que has tenido en octubre del año pasado?

Ha sido un momento muy difícil que me tocó atravesar el año pasado luego de la muerte de mi hijo Franco (fue acuchillado en Quimilí, ciudad natal del humorista y sus hijos). Cuesta reponerse. Ha sido un golpe muy duro, pero es tanto el amor y el cariño que recibo de la gente que me ha dado tanta fuerza para continuar. Ellos mismos me piden que no baje los brazos. Por ahí te piden como una necesidad al decirte: ‘Pochi, te necesitamos, queremos escuchar tus cuentos que nos hacen bien’. Eso ha hecho que retome mi carrera. Otra de las cosas, dentro de la naturaleza del ser humano, es la resignación. No queda otra. Uno se pone a pensar y dice ‘qué hago yo con bajar los brazos si ya no hay solución de nada’. El amor y el cariño de la gente me dieron la fuerza necesaria para continuar. Y, por sobre todas las cosas, la ayuda de Dios que uno, por las noches, le pide que te dé fuerzas para continuar y seguir con mi misión: hacer reír a la gente, llevarle alegría. A medida que pasa el tiempo, el tiempo te va haciendo olvidar cosas, te va rescatando un poco, te va alivianando las cosas. La vida continúa y hay que seguir, que vamos a hacer. No queda otra.

¿Cuánto juega la oración, teniendo en cuenta tu condición de hombre de fe, para afrontar los duros momentos?

La oración es una dosis muy linda. Hace que uno salga de ese momento y se sumerja en un mundo distinto en donde todo es paz y amor. La oración es un bálsamo que cura mis heridas. La oración me da vitalidad, fuerzas y energías para seguir viviendo. Estar en contacto con Dios hace que las cosas te sean más fáciles. Hablar con Dios me sana. Para un cristiano orar es un deber. Dios escucha siempre nuestras oraciones; lo dice la Biblia: ‘Me invocarán, y yo les escucharé’ (Jer 29,12); ‘Pidan y recibirán’ (Jn 16,24). De Dios solo recibo amor y me concede, diariamente, la paz que necesito para seguir adelante.

¿Asistir a la iglesia evangélica El Maná renueva tu compromiso con Dios y seguir ade lante a pesar de todo?

Es un lugar en donde encuentro sosiego y también con otra clase de gente de la que uno está habituado frecuentar. En el folclore, uno está rodeado de, cómo te puedo decir, de diablos (se ríe). Uno va a la iglesia a escuchar la palabra de Dios y el trato de la gente, en el templo, ya es distinto. Más allá de que yo, no te voy a negar, soy ‘medio diablito’, pero estar en la casa de Dios hace que pase a ser un ‘corderito’ de Dios.

¿El ser un “diablito” te llevó a acercarte al templo de Dios o hubo otras razones?

Mi profunda fe cristiana, desde siempre, me ha llevado a asistir a la iglesia. Más allá de que Dios está siempre presente en mi vida, me acerqué a la iglesia para agradecer. A Dios vivo agradecido, desde que tengo uso de razón, por todo lo que me ha dado, que son riquezas espirituales y de tener a mis padres que, gracias a Dios, los tengo con vida y los disfruto. Al ir a la casa de Dios logro entrar en otra dimensión y seguir adelante con esperanza.

¿Qué rescatas de tus conversaciones con el pastor Luis Santillán?

Es muy lindo conversar con el pastor. Al pastor lo quiero tanto. Más allá de que sea el jefe de la Iglesia Evangélica El Maná, estar con él es como estar y abrazarlo a Dios. Don Luisito Santillán me transmite mucha energía. Eso también hace que vaya a la iglesia porque es lo que también uno necesita.

¿Y el humor también cura tus heridas del alma, del corazón?

Me cura y me salva permanentemente. Ya soy un humorista patentado, la gente me acepta. La gente me acepta por mi humildad, por mi entrega como artista. Si he llegado a donde he llegado, más allá del don que Dios te ha dado, es por la gente. El humor es una necesidad. La risa es una necesidad porque te cura el alma, el espíritu y te hace olvidar de muchos momentos de tristezas. Cuando la gente va a ver mis espectáculos, sé que va predispuesta a reírse.

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