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Inflación versus equilibrio fiscal: así serán los próximos meses tras la llegada de Milei

El economista Murray Rothbard expresaba que los déficits y la deuda acumulada son una carga creciente e intolerable sobre la sociedad y la economía, tanto porque aumentan la carga fiscal como porque drenan progresivamente recursos del sector productivo al improductivo sector “público”. El Gobierno optó, durante los últimos días, por el camino de un programa económico de macro desregulaciones y compromiso por corregir todos los desequilibrios fiscales, monetarios y cambiarios acumulados en el país.

El camino no será fácil porque existe un trade-off entre sanear las cuentas fiscales y la repercusión que tendrá sobre el ingreso real de cada argentino. Antes de reordenar, hace falta sincerar las cuentas. Hacia adelante, en el corto plazo tenemos un sendero de aceleración de la inflación por corrección de los precios relativos de la economía.

Durante más de una década, el Estado intervino sobre los valores de los bienes y servicios con programas como precios justos, congelamientos y regulación del precio de los servicios públicos y privados. Antes de bajar la inflación, durante los próximos meses tendremos incrementos de entre un 20% y 30% mensual en forma paralela hacia un horizonte de equilibrio fiscal en 2024.

Un país donde el déficit es la regla y no la excepción

La Argentina, en los últimos 63 años, sólo en 9 ocasiones alcanzó superávit fiscal, mientras que, en los otros 54, el déficit fiscal fue la regla y no la excepción.

Imaginemos nuestro hogar con 2 personas mayores a punto de jubilarse con deudas acumuladas durante más de 6 décadas. Lo más probable que estén en situación de calle e indigencia. Lo mismo sucedió en el país, este Estado con un gasto público por encima de las posibilidades del ingreso de los argentinos, cada vez los cargó de más impuestos y deuda, pero, como no alcanzó, recurrió al impuesto inflacionario para financiarse. El resultado es que más de 5 de cada 10 niños son pobres en Argentina por una economía que no crece y distribuye aquello que no genera.

Ahora, si vemos la misma serie, pero para el resultado financiero en donde engloba el resultado primario sumado los pasivos remunerados del BCRA podemos ver que más del 80% de los años existió un déficit cuasifical, siendo el ejemplo más claro el pago de las letras de liquidez que hasta hace muy poco equivalían a más de $25 billones.

Un país en riesgo de crisis hiperinflacionaria

Nos encontramos nuevamente a puertas de una nueva crisis hiperinflacionaria que es lo que el nuevo gobierno intentará evitar. Desde 1970 en adelante, cada presidencia no solo no detuvo la inflación, sino que fue siempre incrementándola en mayor o menor medida.

En la década del 70´ aconteció el estallido inflacionario denominado “El Rodrigazo”, donde se registraron cifras record a nivel inflacionario donde se llevó a un ciclo hiperinflacionario con valores acumulados del 158.815% incluyendo al gobierno de facto. La dinámica se aceleró en 1983 con el gobierno de Raúl Alfonsín, en dónde el IPC sobrepasó el 600% anual.

En el intento de estabilizador con el Plan Austral, aún la tasa de inflación se llegó a 90% anual. En 1989 nos encontrábamos en el ojo de la tormenta con niveles de inflación del 3.079%. En los dos primeros años de gobierno de Carlos Menem se detectó altísimos niveles de inflación hasta que luego derivó en el plan de convertibilidad aprobado por ley en marzo de 1991.

Luego del plan de la convertibilidad con paso por el gobierno de Fernando De La Rúa, transición y Eduardo Duhalde, la Argentina recuperó lo que ahora intentará realizar nuevamente. Contar con un superávit fiscal y comercial. En toda la era de Nestor Kirchnner, la inflación acumulada fue del 60,95% frente a la gestión Alberto Fernández que termina con 927% siendo la más elevada desde la gestión de Alfonsín y primera etapa de gobierno de Carlos Menem. Un retroceso de 32 años en nuestra historia. Un deja vu y loop histórico en nuestro país.

Analicemos una variable más y muy importante. El Producto Bruto Interno (PBI) representa el valor monetario de mercado de la producción final de bienes y servicios de un país y en definitiva con esta variable la idea es medir la riqueza de un país.

Desde 1961 hasta hoy, al menos el 28% del tiempo estuvo en fuerte caída. Si hacemos foco en los últimos 10 años, esta caída alcanza niveles de más del 10% del período. Hay una fuerte correlación entre caída de la actividad económica y la inflación.

Una economía que no crece no puede mejorar en términos reales la vida de la gente. Una economía que tiene elevada inflación le cobra el impuesto inflacionario a justamente la gente que no puede aprovechar las virtudes de una economía en crecimiento por lo cual genera más pobres e indigentes.

La inflación no dará tregua

Para este cierre de 2023, se espera inflación cercana al 200%, un déficit fiscal de – 4,5% PBI y un estancamiento del PBI de -0,8 (último dato trimestral del INDEC). Uno de los principales lineamientos del Gobierno actual es sanear las cuentas para retomar la senda de crecimiento, reordenar el déficit fiscal con austeridad y prudencia, recuperar la independencia del BCRA para que este deje de financiar al Tesoro y desregular la economía que hoy se encuentra intervenida por el sector público. El camino hacía el equilibrio fiscal es un camino largo en donde, antes de mejorar, vamos a aguardar meses muy difíciles de inflación debido a que se intentará sincerar los precios relativos, recortar el déficit fiscal y licuar los pesos excedentes en el mercado para eliminar la montaña de dinero emitido.

En el último paquete del DNU hay mucha eliminación de la sustracción de dinero del sector privado, tanto a empresas como consumidores, que iba al gasto público y quitado del potencial crecimiento del PBI local que son justamente las  cuentas privadas ya sea por impuestos, deuda y emisión e inflación. La única forma en que los gobiernos aumentaron su “productividad” fue incrementado la burocracia a costa y desmedro de transferírsela al empresario, al emprendedor, al comerciante, al cuentapropista, al trabajador y al informal haciéndoles perder su competitividad y productividad y su calidad de vida.

Los DNU que tanto se reprochan son obra del propio Congreso y facultad que se tomaron las últimas 4 presidencias en nuestro país, por lo cual, seguramente, se está cuestionando más la cantidad que la sustancia.

A su vez, el Congreso no desapareció, está ahí para tratar el DNU, aunque, en los últimos años, la cantidad de veces que sesionó fue de oficio como si, efectivamente, estuviera desaparecido por los mismos representantes de ambas cámaras que no le dieron volumen, contenido ni sustancia. Tanto la comisión bicameral como la Corte Su
prema, ante el amparo colectivo ya presentado, eventualmente, podrán revertir o no el mismo. Los controles y equilibrios en el sistema republicano están en pleno funcionamiento. La separación de poderes en funciones. La falta de práctica, ejercicio y contenido legislativo estuvo muy ausente desde hace años.

Deberán trabajar en verano y en temporada de vacaciones, cuestión que la mayoría de los argentinos hace. Nada fuera de lo común para un argentino de a pie.

Fuente: iprofesional.com

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