¿Por qué cada vez más parejas eligen ir juntas al psicólogo?

¿Qué lleva a una pareja a buscar ayuda juntos? Una psicoanalista platense explica por qué la 'consulta en pareja' no promete soluciones, pero abre un espacio para revisar el vínculo. ¿Separarse o seguir juntos?

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¿Por qué cada vez más parejas eligen ir juntas al psicólogo?
¿Por qué cada vez más parejas eligen ir juntas al psicólogo?

La consulta en pareja se convirtió en una tendencia en crecimiento: cada vez son más los que deciden sentarse frente a un analista no para salvar la relación, sino para entender qué les pasa. Lejos de prometer soluciones mágicas, el psicoanálisis propone revisar la historia compartida y los pactos invisibles que sostienen el vínculo.

Durante años, la monogamia fue el modelo dominante en las relaciones sexoafectivas. Pero con la crisis de las instituciones y la irrupción de movimientos sociales, surgieron múltiples formas de vincularse. Aun así, el objetivo sigue siendo amar a otro. ¿Es suficiente?

Hay parejas que llegan al consultorio con la esperanza de seguir juntas, pero de otra manera. Otras están convencidas de que la separación es el único camino, aunque no sepan qué implica realmente. Y están las que sienten que algo se trabó, que la conversación cotidiana ya no alcanza y que el malestar ocupa demasiado espacio. En todos los casos, la consulta no ofrece recetas: propone un espacio para hablar.

¿Qué es la "consulta en pareja"?

La psicoanalista platense Arabella Caggiano, licenciada en Psicología por la Universidad Nacional de La Plata, prefiere hablar de "consulta en pareja" en lugar de "terapia de pareja". La diferencia no es menor. "Subrayo la palabra consulta porque así es como lo pienso, y no como terapia de pareja. No hay una promesa de cura, de solución ni de restitución a algún estado anterior", explica en diálogo con EL DIA.

Desde el psicoanálisis, no se puede anticipar hacia dónde llevará el trabajo, pero se espera que la palabra produzca movimientos y encuentre otras maneras de lidiar con el sufrimiento. Cuando una pareja decide acudir junta, surge una pregunta central: ¿qué lleva a dos personas que podrían consultar individualmente a querer ser escuchadas al mismo tiempo? Esa inquietud se convierte en uno de los primeros ejes del trabajo.

Un espacio que se construye en el camino

A diferencia de otros dispositivos terapéuticos más estructurados, la consulta que propone Caggiano no tiene un formato rígido. El modo de trabajo se define durante las primeras entrevistas. "La forma de trabajo se va diseñando en el recorrido", señala. Puede continuar con ambos, pasar a escuchar solo a uno o que uno siga en análisis individual mientras el otro deja de asistir.

Trabajar con dos personas no duplica el tiempo ni los honorarios, pero exige alojar los tiempos subjetivos de cada uno y evitar un riesgo permanente: quedar del lado de uno contra el otro. "El lugar del analista deberá evitar caer en la trampa de la complicidad con alguno de los presentes", advierte.

¿Cuándo algo deja de funcionar?

Generalizar sobre los motivos de consulta es difícil, pero Caggiano reconoce un punto en común: "Las consultas se producen cuando algo que venía funcionando de determinada manera deja de hacerlo, ya sea para uno o para ambos, y aparece un sufrimiento de más". Las parejas se transforman, negocian acuerdos, atraviesan crisis y reorganizan proyectos. A veces, ese movimiento se interrumpe y la construcción compartida queda detenida.

Es allí donde la conversación con un tercero puede abrir otra posibilidad. "Empezar a hablar, ante otro, en transferencia, puede ser propicio para que algo se conmueva", afirma.

La consulta invita a revisar cuestiones profundas: cómo se constituyó el vínculo, qué pactos invisibles lo sostienen, cuáles fueron las circunstancias del encuentro y qué lugar ocupan hoy el amor, el deseo y los proyectos. "Si un analista recibe a una pareja instala la ocasión de revisitar la fundación de la misma, las causas y azares jugados en el encuentro, la historia de cada uno y de ambos, los proyectos y el pacto muchas veces inadvertido que sostiene la unión", describe.

Incluso palabras simples dejan de ser obvias. ¿Qué significa estar juntos? ¿Qué quiere decir separarse? "Separar no siempre alude a separar el vínculo; tal vez se trate de otra separación y eso permita seguir juntos", plantea.

Más pedidos, pero no necesariamente más consultas

En los últimos dos o tres años, Caggiano comenzó a recibir más pedidos para atender parejas, pero evita generalizar. "En mi consultorio recibo más pedidos para concurrir en pareja. Pero no afirmaría por esto que haya más consultas", aclara. Ese incremento podría estar relacionado con su trabajo de formación e investigación, así como con la circulación masiva de discursos sobre vínculos en redes sociales y podcasts.

"Tal vez la circulación masiva de relatos que pretenden explicar las relaciones humanas, con vocabulario pretendidamente específico y consignas que prometen la felicidad, también colabore", reflexiona. Las preguntas sobre el amor no son nuevas; lo que cambia son las respuestas de cada época.

Seguir siendo dos sin dejar de ser uno

Si hay una preocupación del presente, Caggiano apunta a la aceleración del tiempo. "La velocidad con la que avanza la innovación tecnológica nos hace pensar que el tiempo pasa rápido o incluso que no lo tenemos. El tiempo no pasa; nosotros pasamos en el tiempo y podemos preguntarnos cómo", sostiene.

En ese escenario, las relaciones también cambian. Conceptos como "pareja abierta" ganan espacio, pero la psicoanalista propone una lectura diferente: "Pareja abierta invita a descompletar la ilusión que genera el dos". Y concluye: "Nos recuerda que en una pareja no se trata de uno pegado al otro, e 'ir juntos a la par' es posible sólo para algunos tramos del camino. Es preciso instalar un 'entre', definirlo y reescribirlo para que el nosotros no aplaste el deseo de cada uno".

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