¿Por qué el empresario que compró una petroquímica por un dólar murió sin condena?
¿Qué encontró la Justicia en el predio que compró por monedas y por qué nunca pagó? La historia del empresario que murió sin condena y dejó un tendal de causas en Santa Fe.
El aviso fúnebre fue la única confirmación: Sergio Tasselli murió a los 82 años. El empresario que supo manejar un imperio de veinte compañías y que terminó sus días envuelto en causas judiciales por contaminación, vaciamiento y asociación ilícita, falleció este domingo. La noticia, difundida a través de avisos fúnebres, cierra una trayectoria tan extensa como controvertida, marcada por compras de empresas en crisis y un sinfín de acusaciones que nunca llegaron a sentencia firme.
Su método era siempre el mismo: adquiría firmas al borde de la quiebra, se hacía cargo de los pasivos y apostaba a reactivarlas. Así construyó un grupo que llegó a tener presencia en energía, metalurgia, petroquímica, alimentos y ferrocarriles. Pero ese mismo camino le valió denuncias, fracasos y varios frentes judiciales, especialmente en Santa Fe.
De la chatarra a un imperio industrial
Hijo de Guido Tasselli, fundador de IATE, una empresa de infraestructura eléctrica y montajes industriales, Sergio empezó en el negocio de la chatarra con Techint como principal cliente. Para 2004 ya conducía unas veinte compañías: generación y distribución de energía, metalurgia (Materfer, Electroaleaciones, Aceros Zapla), la petroquímica de Capitán Bermúdez, maquinaria agrícola (Agrinar) y alimentos (Molinos Brunning). También controló las distribuidoras eléctricas de Catamarca y Formosa.
Tras la privatización de 1994 se quedó con las minas de carbón de Río Turbio, que operó hasta 2001. En 2010, el juez federal Sergio Torres lo citó a declarar por su presunto vaciamiento.
El caso que marcó a fuego al cordón industrial
En la región, su nombre quedó atado a Petroquímica Capitán Bermúdez. Tasselli compró el predio de la ex Electroclor en los años 90 y lo puso a funcionar bajo la dirección de su hijo Máximo. La planta producía cloro y otros químicos, y atravesó conflictos laborales hasta su cierre definitivo en 2013.
El predio de 23 hectáreas quedó entonces en el ojo de una investigación por el pasivo ambiental. La fiscalía santafesina detectó enterramiento de asbesto, contaminación de napas y la desaparición de cientos de tanques de cloro gaseoso. El caso fue calificado como una auténtica «bomba ambiental» en informes periodísticos.
La defensa de Tasselli en esa causa estuvo a cargo de Mariano Cúneo Libarona, quien después sería ministro de Justicia de Javier Milei. También estuvo comprometido el ex fiscal regional Patricio Serjal, sospechado de cobrar una coima para desactivar la acusación por contaminación ambiental, que finalmente se cerró en marzo de 2019. Serjal fue sobreseído a fines de 2025, aunque ya tenía condena por corrupción en causas de juego clandestino.
La causa tuvo un largo recorrido. Hubo apelaciones y, a fines de 2024, la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe resolvió que no correspondía seguir investigando a Tasselli por cosa juzgada.
El frigorífico que nunca logró despegar
En Entre Ríos también dejó huella. El frigorífico Santa Elena, un gigante exportador privatizado en 1991, había sido cerrado por el grupo que lo adquirió originalmente, dejando deudas por más de 40 millones de dólares. En 2005, el Banco Nación aceptó la oferta de Tasselli a través de Santa Elena Alimentos SA por 3,5 millones de pesos, con una cláusula de retroventa si la planta no arrancaba en 180 días. La adjudicación quedó envuelta en una denuncia contra la entonces ministra de Economía Felisa Miceli y su marido por una supuesta comisión indebida.
La planta volvió a operar, obtuvo la Cuota Hilton y habilitación para exportar carne a Venezuela, pero los conflictos fueron constantes. En 2010 cerró pese a una conciliación obligatoria originada en el despido de delegados gremiales. Para 2018 ya no operaba: solo quedaban 10 operarios de mantenimiento. El último intento fue entre 2020 y 2024, cuando elaboró picadillos y viandas para el Ministerio de Desarrollo Social, pero la producción se paralizó poco después. A fines de ese año volvió a cerrar y los ex obreros formaron una cooperativa para intentar recuperarla.
En Santa Elena el recuerdo es amargo. Un funcionario municipal sostuvo en 2018 que mencionar a Tasselli en la ciudad era asociarlo a los grandes dolores de cabeza del frigorífico. La Corte Suprema dejó sin efecto el sobreseimiento en la causa por la compra del frigorífico y se informó que Miceli volvería a ser investigada por esa venta.
Cuadernos, Suiza y evasión
En la causa Cuadernos, Tasselli se presentó espontáneamente ante el juez Claudio Bonadio en agosto de 2018 y quedó detenido como «partícipe necesario de asociación ilícita». El chofer Oscar Centeno lo mencionó en el séptimo de sus cuadernos, incinerados y reaparecidos en fotocopias, donde figuraba como «Gabriel Taselli». Recuperó la libertad un mes después por orden de la Cámara Federal, y su hermano Alberto declaró como arrepentido.
También fue investigado en Suiza por lavado de dinero. La Cámara de Casación ratificó además una investigación por presunta evasión fiscal en una harinera santafesina.
Ferrocarriles: concesiones que terminaron mal
Durante los años 90 y 2000 operó concesiones ferroviarias de pasajeros a través del grupo Metropolitano. Los problemas por deficiencias operativas, graves incidentes y falta de inversiones no tardaron en aparecer. El contrato de la línea San Martín, en el sector metropolitano, le fue rescindido tras violentos disturbios de pasajeros en la estación Haedo por las demoras y fallas crónicas. En mayo de 2007, el Gobierno nacional le quitó también las concesiones de las líneas Roca y Belgrano Sur mediante un decreto, por incumplimientos contractuales y deficiencias de mantenimiento.
Un dólar, un euro y deudas millonarias
En octubre de 1999 compró Altos Hornos Zapla por el valor simbólico de un dólar, asumiendo a cambio una deuda previa de unos 70 millones de dólares con el Citibank. Años más tarde, tras varias crisis operativas y financieras, la planta pasó a manos de Metalnor (capitales salteños) bajo el nombre de Industria Zapla.
Lo mismo hizo con la filial argentina de Parmalat en diciembre de 2004: la compró por un euro y se hizo cargo de los millonarios pasivos que arrastraba la láctea tras el fraude global del grupo italiano. La gestión enfrentó desde el inicio problemas por falta de capital de trabajo y retención de pagos a empleados. En 2006 la planta redujo drásticamente su producción y se sucedieron protestas gremiales en medio de una profunda crisis operativa.
El último gran activo industrial fue Materfer, la histórica fábrica cordobesa de material ferroviario, que reunió firmas de los rubros metalúrgico, ferroviario, energético y alimenticio.