¿Por qué el NOA sigue siendo el bastión católico de Argentina? Un sociólogo jujeño lo explica
¿Por qué el NOA resiste la caída del catolicismo? Un sociólogo jujeño revela los datos que explican el fenómeno y el rol clave de los cultos populares.
Mientras la adhesión al catolicismo se desploma en todo el país, el NOA resiste como un verdadero fortín de la fe. Los números sorprenden: el 91,7% de los noroestes se declara católico, muy por encima de la media nacional. ¿Qué hay detrás de esta diferencia?
Los datos que marcan la tendencia
El Observatorio de Creencias de los Argentinos, dependiente de la UBA, publicó en junio de 2026 un informe que sacudió el mapa religioso nacional. A nivel país, el porcentaje de católicos cayó al 57%, una cifra que contrasta con el 90% registrado a mediados del siglo XX.
Pero el análisis por regiones revela una realidad bien distinta en el norte. Juan Guzmán, profesor de Sociología, dialogó con Canal 4 y explicó que el NOA se mantiene como la zona con mayor presencia católica del territorio argentino.
El contraste con el resto del país
Guzmán destacó que el quiebre del dominio histórico católico fue abrupto a nivel nacional, pero el norte conserva una identificación religiosa fuerte. En la Patagonia, por ejemplo, la adhesión al catolicismo cae estrepitosamente y crece el número de personas que construyen sus propias creencias.
Además, el sociólogo mencionó el avance de otros credos, como el evangelismo, que ya se posiciona en tercer lugar dentro del mapa de creencias argentino.
La clave: la fusión con los cultos populares
Para Guzmán, el secreto del norte está en la convivencia entre la fe católica y las tradiciones ancestrales. “En el norte sigue siendo un bastión la religión, pasa que hay una fuerte presencia de los cultos populares que se mezclan con creencias ancestrales”, afirmó.
El ejemplo más claro es la Pachamama, donde se evidencia la mezcla entre lo católico tradicional y la cosmovisión andina. Lejos de rechazarse, ambas prácticas se complementan y fortalecen.
Esta simbiosis hace que la religión ocupe un lugar central en la vida cotidiana de las comunidades del norte, algo que difícilmente se vea en otras latitudes del país.