¿Por qué las cifras oficiales generan más dudas que certezas?

Errores del gobierno de Milei en la comunicación económica generan desconfianza en indicadores positivos como el 28,2% de pobreza del segundo semestre de 2025, relativizando datos oficiales.

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¿Por qué las cifras oficiales generan más dudas que certezas?
¿Por qué las cifras oficiales generan más dudas que certezas?

Errores no forzados del gobierno de Milei han complicado la percepción de los indicadores económicos positivos, generando un clima de desconfianza generalizada que relativiza cualquier dato favorable.

El primer desacierto ocurrió al inicio de 2026, cuando se anunció que sería el año de “la grandeza argentina” y que la inflación sería eliminada en pocos meses. Ninguna de esas promesas se cumplió, lo que volvió el clima de opinión en contra y minimizó los indicios de crecimiento económico y retroceso inflacionario.

Las expectativas volvieron a ser predominantemente pesimistas y se generalizó la sensación de que el programa de gobierno viene fracasando. Esta percepción se agrava porque la mayor parte de la población está más vinculada a los sectores económicos con problemas que a los que prosperan.

La torpeza que costó credibilidad

El segundo error fue suspender la actualización de la canasta de consumo del IPC, una medida del Presidente que pudo haber ahorrado algunas décimas en la medición de inflación pero le quitó credibilidad al gobierno en general y a las estadísticas oficiales en particular.

Desde entonces se volvió común afirmar que “el Indec de Milei es tan poco creíble como el del kirchnerismo”, y que si se hubiera medido bien la inflación del año pasado hubiera dado 10 o 15 puntos más de lo informado. Cualquier afirmación sobre datos básicos de la realidad ha empezado a relativizarse.

(Foto: @LuisCaputoAR/X).
(Foto: @LuisCaputoAR/X).

Esto es precisamente lo que está sucediendo con el dato de pobreza del 28,2% informado para el segundo semestre de 2025, que fue bastante menor de lo esperado. La reacción de la mayoría, incluyendo a no opositores e incluso oficialistas, fue dudar del número en lugar de buscar explicaciones.

Los oficialistas tienen “cola de paja” y no hacen mucha alharaca, excepto Milei que publicó un tuit previsible: “Dato, no relato”. Los demás prefieren no discutir el asunto aunque abonan las sospechas, ignorando o minimizando el número por temor a lo que significa para sus creencias más arraigadas.

Lo que revelan los números

La realidad es que las previsiones de muchos han vuelto a fallar: incluso corrigiendo la medición de pobreza con la inflación correspondiente a la nueva canasta del IPC, el resultado sería mucho menor al del año anterior (cerca de 10 puntos menos) y hasta de principios de 2025 cuando la economía crecía a buen ritmo.

Si la desinflación generó semejante beneficio para los más pobres, incluso cuando en la segunda mitad del año pasado la economía se estancó y enfrentó una feroz crisis cambiaria, haberse opuesto al ajuste del gasto público para conseguirlo parece no haber sido tan progresista como algunos creían.

¿No era que el ajuste del gasto público estaba cayendo en las espaldas de los más débiles? Parece que no. ¿Y que el programa económico iba a polarizar más la ya muy injusta estructura social? Parece que tampoco.

Para no tomarse el trabajo de pensar que la realidad es más compleja, lo más fácil es asumir que los números son mentirosos, y listo.

Detrás del indicador

Los números confirman que el ajuste del gasto fue bastante menos perjudicial para los sectores bajos que para los medios. Esto se debe principalmente a que la mayor parte del gasto público heredado por Milei no llegaba a los más pobres, y porque el gobierno aumentó lo poco que sí llegaba a los estratos más necesitados: la AUH, la tarjeta Alimentar y algunos otros rubros.

Además, se está dando un regreso a la actividad económica entre los mayores de edad, que explica la poca incidencia que ha tenido el retraso de las jubilaciones durante los últimos años en el índice de pobreza: la PEA creció bastante en 2025, con mayor intensidad entre los mayores (11,7% en el grupo de 66 años o más), seguidos por el estrato de 51 a 65 años (7,9%).

Si entre los jubilados el índice de pobreza es de apenas 9,7%, se debe en parte a que muchos han vuelto a trabajar. Esto no es precisamente una buena noticia ni un indicador de fortaleza del mercado laboral o del proceso de crecimiento económico, como pretendió concluir Luis Caputo.

La sociedad no se está polarizando más de lo que ya estaba, y puede que lo esté cada vez menos si la economía sigue recuperándose y la inflación vuelve a bajar. Tampoco se está empobreciendo generalizadamente, algo que sí sucedió en la última década y media.

Aunque es cierto que buena parte de quienes no son pobres, sino de clase media o media baja, están peor ahora que antes, y muchos mayores de edad que deberían estar disfrutando su merecido descanso están obligados a trabajar en aplicaciones para no caer en la inanición. El 28,2% es un buen dato, pero sigue siendo además altísimo.

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