Por qué los peregrinos del Milagro no pueden contener el llanto al llegar a la Catedral
¿Qué ocurre en el cuerpo y en el alma de un peregrino justo cuando llega a la Catedral después de días de caminata? Una psiquiatra salteña lo explica y revela por qué las lágrimas aparecen sin control.
La escena se repite cada septiembre en Salta: peregrinos que caminaron durante días, con los pies destrozados y el cuerpo al límite, se quiebran en llanto al pisar la Catedral Basílica. ¿Qué pasa en la cabeza y en el alma de esa persona en ese instante? La psiquiatra infantil Alicia Anabel Frías (MP 6161) puso palabras a un fenómeno que conmueve incluso a quienes solo observan.
Para la especialista, no hay un término que alcance. "Creo que para poder reflexionar sobre esto es necesario observar, escuchar y mirar mucho lo que sucede. Desde una percepción de las ciencias del alma, uno busca una palabra que pueda simplificar el sentimiento de cada peregrino, pero no existe una sola palabra que pueda definirlo. Son muchas emociones juntas", explicó.
El peregrino, mucho más que un cuerpo que camina
Frías plantea que la clave está en correr el foco de lo físico. "Si vamos al significado más simple, es aquel que inicia un camino hacia lugares desconocidos. Pero si vamos más allá, podemos decir que el peregrino es un cuerpo, aunque en realidad es mucho más que un cuerpo: es un alma llena de emociones, de sueños, de fe y, sobre todo, de fe", sostuvo.
La peregrinación, según la psiquiatra, tiene un sentido profundo que excede la caminata. "Es una vez al año donde la persona tiene la posibilidad de agradecer, pedir perdón y pedir por su familia. Son cuestiones que muchas veces llevan a realizar sacrificios", detalló. Y aclaró que esos sacrificios no buscan un premio medible: "La recompensa tiene que ver con el agradecimiento y con esa enorme fe que tienen para pedir".
Una fiesta que también es de los que no caminan
¿Por qué el Milagro atraviesa a tantos salteños, incluso a los que nunca hicieron una peregrinación? Para Frías, la respuesta está en que la vida misma es un camino. "La vida en sí misma es una peregrinación llena de emociones, de altos y bajos, de pruebas permanentes. Cada persona tiene diferentes maneras de peregrinar su propia vida", afirmó.
En esa línea, la fiesta no es solo de quienes atraviesan montañas, asfalto y ríos. "También es del trabajador, del laburante que todos los días se levanta a peregrinar su vida y que una vez al año puede vivir esta experiencia", agregó.
La descarga emocional al llegar a la Catedral
Sobre el momento exacto en que el peregrino llega a los pies de las imágenes, Frías describió un proceso de desgaste y sostén. "Durante el camino el cuerpo se desgasta, se cansa, pero la fe y la esperanza son las que mueven a ese cuerpo hasta llegar a los pies del Señor y la Virgen del Milagro", señaló.
Y continuó: "Cuando finalmente llegan es como si las fuerzas terminaran. Hay una gran descarga emocional de todo lo vivido, de todo lo pensado durante el camino, de todo lo que entregaron: sueños, tristezas, pedidos y agradecimientos".
Las lágrimas, entonces, funcionan como un lenguaje propio. "La emoción de poder llegar es tan fuerte y tan transmisible que incluso quienes están esperando en la Catedral se conmueven con la lucha que tuvo esa persona para llegar. Es como un abrazo simbólico entre ese individuo, esa alma que caminó, y las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro", expresó.
El milagro que también ocurre todos los días
Consultada sobre cómo definiría la celebración, Frías eligió la sencillez. "Es una fiesta simple y sencilla, y tal vez ahí está su mayor valor. Todos pueden sentirse identificados con agradecer y pedir, muchas veces con los ojos llenos de lágrimas, mirando al cielo y buscando un milagro", concluyó.
Pero fue más allá: "También creo que el milagro salteño ocurre todos los días. Eso hace que esta provincia sea una provincia llena de fe".