Por qué no podemos descansar sin sentir culpa: la explicación de una psicóloga jujeña

Una especialista jujeña asegura que la autoexigencia y la hiperconexión nos impiden disfrutar de las pausas, y propone un ejercicio simple para descubrir cuánto tiempo perdemos en el celular.

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Por qué no podemos descansar sin sentir culpa: la explicación de una psicóloga jujeña
Por qué no podemos descansar sin sentir culpa: la explicación de una psicóloga jujeña

Sentarse a descansar y que la cabeza pida hacer algo “productivo” es más común de lo que parece. Una psicóloga jujeña analizó por qué la hiperconexión y la autoexigencia nos juegan en contra a la hora de parar, y propuso ejercicios concretos para revisar cómo usamos el tiempo.

En diálogo con TodoJujuy, la especialista señaló que muchas personas perdieron el hábito de hacer actividades simplemente porque las disfrutan, sin que haya una obligación o un objetivo de por medio. “Hemos perdido esa habilidad de decir: ‘Estoy haciendo esto porque lo disfruto y no porque alguien me dijo que lo tengo que hacer’”, explicó.

¿Por qué nos cuesta tanto parar?

La psicóloga vinculó esta dificultad con un contexto en el que las personas viven permanentemente conectadas y expuestas a estímulos, sobre todo a través de las redes sociales y los dispositivos tecnológicos. El problema aparece incluso cuando finalmente llega el momento de detenerse. “Cuando paramos también nos pasa el ‘no sé qué hacer’. Hay un bloqueo mental de qué hago si paro, cómo manejo esto”, señaló.

A eso se suma la autoexigencia por alcanzar objetivos y aprovechar el tiempo al máximo. Según explicó, muchas veces se acumulan actividades con la sensación de que frenar implica quedarse atrás. También remarcó la importancia de distinguir entre tener tiempo libre y usarlo de una manera que realmente genere descanso o disfrute.

El ejercicio del celular para saber en qué usamos nuestro tiempo

Una de las propuestas que hace con sus pacientes es revisar cuánto tiempo pasan en cada aplicación del teléfono. “Agarrá tu celular, andá a ajustes y fijate el tiempo de uso de cada aplicación”, recomendó. Al ver esos datos, muchos descubren cuántas horas destinan a recorrer redes sociales de forma casi automática.

La idea no pasa solo por reducir el uso del teléfono, sino por recuperar actividades que generen disfrute de manera consciente: caminar, pasear, compartir un momento con otra persona o simplemente salir sin necesidad de cumplir un objetivo determinado.

“No tengo tiempo para nada”: cómo comprobarlo

Otro ejercicio que utiliza consiste en volcar en una hoja la organización de un día habitual. Frente a alguien que asegura no tener tiempo, propone escribir qué actividades hace y cuántas horas le dedica a cada una. Al visualizarlo, pueden aparecer situaciones diferentes. “O tengo muchas horas libres que no las sé usar, o tengo un montón de horas con un montón de actividades que me hiperexijo en hacer”, explicó.

La idea es diferenciar qué obligaciones son reales, cuáles surgen de la propia exigencia y qué lugar queda para las actividades personales. “Ahí te das cuenta realmente qué estás haciendo con tu tiempo, si es un tiempo de calidad o es un tiempo con mucha autoexigencia”, agregó.

Por qué aburrirse también puede ser necesario

La especialista señaló que esta necesidad de mantener cada momento ocupado también se traslada a los chicos. Frente a la idea de llenarles la agenda con actividades, destacó que el aburrimiento puede cumplir una función positiva. “Del aburrimiento sale la creatividad, sale el qué me gusta”, sostuvo.

Por eso, propuso recuperar preguntas sencillas: qué actividades generan placer, cuáles se abandonaron con el tiempo y qué elegiríamos hacer si no existiera la obligación de ser productivos. Pintar, caminar, tejer, encontrarse con amigos o compartir unos mates fueron algunos de los ejemplos que mencionó.

Aprender a planificar también el descanso

Entre las herramientas para bajar el ritmo, la psicóloga mencionó prácticas de atención plena, pausas activas, movimiento y momentos de contacto con el entorno sin estar pendientes del celular. Incluso señaló que, para algunas personas, puede ser necesario planificar deliberadamente los momentos de descanso, de la misma manera que se organizan las obligaciones.

“Planificar mi descanso también es bueno, porque a veces no sé descansar”, explicó. De lo contrario, advirtió, hasta unas vacaciones o un día libre pueden terminar llenándose de trámites, tareas domésticas y obligaciones pendientes.

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