Postergó su carrera por sus hijos y hoy, a los 55, está a un paso de recibirse
Mariana Muller postergó su carrera por años, pero a los 55 decidió cumplir su sueño. Hoy está a un paso de recibirse en la UNVM y su historia es un ejemplo de perseverancia.
Mariana Muller tenía un sueño pendiente: estudiar Letras. Lo postergó por años, hasta que un día decidió que era el momento. Hoy, con 55 años, está por convertirse en licenciada en Lengua y Literatura en la Universidad Nacional de Villa María (UNVM).
Su historia comenzó en Córdoba capital, donde las obligaciones laborales y la crianza de sus tres hijos la alejaron de las aulas. Pero un cambio de vida la trajo a Villa María, y con él, la oportunidad que tanto esperaba.
Una infancia entre libros
Mariana cuenta que desde muy pequeña encontró en la lectura un refugio debido a una condición de salud que limitaba sus actividades. “No podía hacer muchas actividades y entonces leía. Desde muy chiquita mi vida fueron los libros”, recuerda.
Esa pasión temprana fue la semilla de una vocación que nunca se apagó. La Licenciatura en Lengua y Literatura era, según sus palabras, “una carrera que yo siempre quise hacer”. Sin embargo, el camino no fue sencillo.
El desafío de volver a empezar
Cuando finalmente decidió inscribirse en la UNVM en 2023, las dudas la invadieron. La diferencia de edad con sus compañeros la hizo pensar en rendir todo libre, pero una amiga la convenció de lo contrario. “Te va a costar un montón, andá a clases”, le aconsejó.
Ese primer paso fue clave. La dinámica del aula transformó su perspectiva por completo. “Al principio yo dije: bueno, no importa, vengo, estoy en la clase, hago mis cosas y me voy. Y el tiempo me fue mostrando que sí podía relacionarme con ellos”, confiesa.
Un nuevo capítulo en su vida
Hoy, Mariana asegura que la experiencia universitaria le abrió horizontes impensados. “Me abrió nuevos horizontes en mi forma de pensar, en mi forma de relacionarme, y si bien yo tengo hijos jóvenes, la universidad es tan diversa que también me dio la posibilidad de conocer muchas realidades”, destaca.
Sus hijos, que ya son tres jóvenes que trabajan y estudian, son su mayor orgullo. Cuando les contó que iba a empezar la universidad, se pusieron contentos. “Hoy les da orgullo, como una sensación de bienestar, que su mamá pueda hacer lo que tanto le gusta”, expresa.
La decisión de mudarse a Villa María no fue casual. Junto a su esposo evaluaron que era una ciudad “mucho más segura y amigable para la crianza de los niños”. Y el tiempo les dio la razón.
Mariana Muller se convierte así en un ejemplo de resiliencia y superación. “A veces, uno piensa que en ciertas etapas de la vida ya vas cerrando capítulos; sin embargo, volver a estudiar me permitió escribir un capítulo nuevo. Y ahora me digo ‘todavía tengo una historia más para contar’”, afirma emocionada.
Su testimonio reafirma el derecho a aprender en cualquier etapa de la vida y demuestra que la universidad pública tiene un lugar para todos. Su historia, que comenzó con un sueño postergado, hoy es una realidad que inspira.