Pozos de fuego en San Juan: el riesgo oculto que preocupa a Protección Civil tras los incendios en Pocito

Tras los incendios en Pocito, Protección Civil advierte sobre un peligro que no se ve a simple vista y que ya dejó bomberos heridos. ¿Qué son los pozos de fuego y por qué pueden ser una trampa mortal?

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Pozos de fuego en San Juan: el riesgo oculto que preocupa a Protección Civil tras los incendios en Pocito
Pozos de fuego en San Juan: el riesgo oculto que preocupa a Protección Civil tras los incendios en Pocito

El fuego no siempre se ve. En San Juan, los incendios subterráneos pueden avanzar bajo la tierra y dejar una superficie que parece firme, pero que esconde zonas de combustión y verdaderas trampas para los bomberos. El fenómeno volvió a encender las alarmas después de los incendios registrados en Pocito durante la jornada de viento Zonda.

El director de Protección Civil, Diego Morales, explicó a Canal 13 San Juan que las características de algunos terrenos de la provincia favorecen este tipo de situaciones y advirtió especialmente por el peligro que representan para los equipos de emergencia. "Hemos tenido bomberos heridos por caer a un pozo de fuego. Son lugares peligrosos y es el riesgo que corren nuestros bomberos", señaló.

¿Qué es un incendio subterráneo?

A diferencia de un incendio convencional, donde las llamas se ven claramente en la superficie, un incendio subterráneo puede seguir avanzando debajo del suelo aunque arriba no haya fuego visible. Esto ocurre cuando hay una acumulación importante de materia orgánica seca bajo tierra, que actúa como combustible y permite que la combustión continúe en profundidad.

Uno de los componentes centrales es la turba, un material formado por restos vegetales que no terminaron de descomponerse. Cuando está húmeda, el agua limita la combustión, pero si se seca y entra en contacto con una fuente de calor, puede convertirse en combustible. En zonas como el Médano de Oro, históricamente húmedas, la transformación del suelo y la disminución de la humedad generan condiciones especialmente favorables para este fenómeno.

El fuego puede viajar

Uno de los aspectos más peligrosos es que el incendio puede desplazarse por galerías y espacios existentes bajo el terreno. Un sector puede parecer controlado mientras la combustión continúa avanzando a varios centímetros o incluso a mayor profundidad. Antiguos canales o espacios generados por la dinámica del suelo pueden convertirse en vías por las cuales el fuego se traslada.

Por eso, apagar las llamas que se observan en la superficie no significa necesariamente que el incendio esté extinguido. El calor puede permanecer debajo y reaparecer en otro punto, incluso lejos del lugar donde comenzó.

¿Por qué se forman los pozos de fuego?

El proceso necesita varios elementos: una fuente de calor, que puede provenir de un incendio superficial; material orgánico seco que funcione como combustible; y oxígeno suficiente para mantener la combustión. En zonas que históricamente fueron húmedas, la disminución del nivel de agua subterránea puede cambiar por completo las características del terreno.

En el Médano de Oro, la presencia histórica de materia orgánica acumulada en el suelo es uno de los factores que los especialistas señalaron para explicar la persistencia de estos incendios. Con la sequedad, ese material queda expuesto a temperaturas elevadas y arde lentamente bajo la superficie.

El gran peligro

Para los equipos de emergencia, uno de los principales riesgos es que no siempre hay una señal evidente de que debajo del terreno hay fuego. La superficie puede mantener su apariencia normal, pero debajo puede haber una zona debilitada por la combustión. "Los bomberos entran a un lugar para paliar el incendio sin saber que pueden llegar a quedar atrapados en estos lugares", explicó Morales.

El peligro aparece cuando una persona pisa una zona que perdió estabilidad: el suelo puede ceder y provocar una caída hacia una cavidad caliente o directamente hacia un sector donde continúa la combustión. Por eso, estos incendios requieren una intervención especialmente cuidadosa.

¿Por qué es tan difícil combatirlos?

El principal problema es que el enemigo está debajo de la superficie. En un incendio tradicional, los equipos pueden identificar las llamas y dirigir el agua hacia ellas; en un incendio subterráneo, el foco puede estar oculto. Además, el fuego puede desplazarse lentamente y reaparecer en sectores diferentes, lo que en terrenos muy áridos hace todavía más complejo identificar el recorrido de la combustión.

Morales indicó que desde Protección Civil una de las tareas fundamentales es redirigir los recursos adecuados hacia cada emergencia, teniendo en cuenta las características del terreno y los riesgos para quienes trabajan allí.

Una de las claves para frenar el fenómeno

Cuando el fuego avanza por debajo del suelo, uno de los mecanismos utilizados para combatirlo consiste en aumentar la humedad del terreno. La lógica es sencilla: si el material combustible vuelve a estar saturado de agua, las condiciones para mantener la combustión disminuyen.

En experiencias anteriores en sectores afectados del Médano de Oro, organismos provinciales y municipales recurrieron a trabajos de riego e inundación controlada para intentar frenar el avance del fuego. Estas acciones requieren maquinaria, agua y planificación, porque no alcanza con arrojar agua sobre las llamas visibles: el objetivo es llevar humedad hacia las zonas donde el fuego continúa debajo de la superficie.

Los incendios subterráneos no son un fenómeno nuevo en San Juan, particularmente en sectores rurales con suelos que tienen gran cantidad de materia orgánica. Pero cada episodio de fuego durante jornadas de viento Zonda, baja humedad y vegetación seca vuelve a poner el problema en el centro de la escena. Lo ocurrido recientemente en Pocito volvió a activar las alarmas y recordó que el riesgo no termina cuando desaparecen las llamas visibles.

De cara a septiembre y a la posterior llegada del verano, la advertencia de Protección Civil apunta justamente a eso: debajo de un terreno que parece apagado puede continuar existiendo fuego. Y para quienes combaten los incendios, esa diferencia puede convertirse en cuestión de vida o muerte.

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