Prácticas que transforman: el doble impacto de los futuros informáticos de la UNSJ
¿Cómo logran los futuros informáticos de la UNSJ transformar vidas mientras estudian? Conocé el detrás de escena de las prácticas que emocionan y generan un doble impacto.
Los estudiantes de Informática de la UNSJ no solo aprenden a programar: enseñan, contienen y transforman realidades a través de prácticas socioeducativas que ya acumulan historias que emocionan.
Desde mujeres que potencian sus emprendimientos hasta chicos con discapacidad que descubren la robótica, el programa crece año a año y ya se consolidó como un puente entre la universidad y la comunidad.
¿Qué son las Prácticas Socioeducativas?
Son una exigencia curricular para los alumnos del Departamento de Informática de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (FCEFN) de la UNSJ. Pero lejos de ser un simple trámite, se convirtieron en una experiencia que deja huella tanto en los estudiantes como en las instituciones que reciben su ayuda.
Flavia Millán, responsable del programa, explicó a Diario La Provincia SJ que la demanda crece y los resultados se multiplican, humanizando una ciencia considerada dura y exacta.
Un recorrido que empezó en 2024
Hace tres años que se realizan estas prácticas y los proyectos no paran de renovarse. En 2024, arrancaron con una iniciativa destinada a mujeres en situación de vulnerabilidad, ofreciéndoles herramientas informáticas para potenciar sus trabajos, emprendimientos y mini pymes. Aprendieron a diseñar afiches, flyers, manejar redes sociales y hasta armar sus propios CV.
En 2025, se sumó la institución Dinos, un equipo de rugby integrado por personas con discapacidad. Los integrantes asistieron a los laboratorios de la facultad para aprender pensamiento computacional, con la ayuda de Nancy, una docente de apoyo que adaptó las actividades para alumnos con síndrome de Down o discapacidad cognitiva. “Los resultados fueron muy satisfactorios”, destacó Millán con orgullo.
El 2026: un año de expansión
El impacto fue tan grande que la demanda de capacitaciones creció de manera exponencial. En la primera mitad del año ya trabajan en 9 proyectos, con más de 80 alumnos involucrados.
“Seguimos con los talleres para mujeres, ahora en Nivel 1 y 2, y sumamos colaboración con uniones vecinales para el mantenimiento informático de sus computadoras y tablets. También incorporamos programación de videojuegos para los chicos que asisten a esos espacios”, detalló la responsable.
Cada estudiante debe cumplir 30 horas de práctica antes de obtener su título técnico de pregrado, pero muchos superan ese cupo porque se sienten motivados y comprometidos. Flavia está acompañada por dos docentes más: Alicia Aballay y Miguel Medina.
Ablandar la informática
Esta ciencia, tradicionalmente asociada al trabajo solitario frente a una computadora, encontró en estas prácticas una nueva dimensión. “Me formé en otra provincia que tenía experiencia en estas prácticas para aprender cómo insertar a los informáticos. Pero contamos con una ventaja: la informática es transversal y los chicos trabajan muy bien en grupos”, señaló Millán.
El diálogo con las instituciones es clave. Desde uniones vecinales hasta centros de jubilados, se acercan con pedidos concretos y la universidad responde con propuestas a medida. Incluso se analizó la accesibilidad de las páginas web universitarias para estudiantes con discapacidad.
“A veces uno cree que, al tener a disposición herramientas digitales e IA, damos por hecho que las personas saben usarlas. Pero muchas veces no es así, y es entonces cuando hacemos ‘matching’ y nos encontramos”, reflexionó.
Más allá de lo académico
Flavia puso en valor lo que reciben los alumnos: “Es un otro que me necesita y me nutre, me mira y me ayuda a convertirme en profesional”. Y contó que los cierres de proyectos son inolvidables, como cuando los Dinos les enseñaron a los estudiantes a jugar al rugby en El Palomar.
En Cáritas, la demanda fue tal que pidieron una segunda edición de capacitaciones, y los alumnos, fuera de su horario de cursado, dijeron que sí. “Logramos hacer un clic”, comentó.
La responsable agradeció a las autoridades del departamento, Lic. Manuel Ortega y Mag. María Isabel Masanet Yañez, a su secretaria Lorena Parra y a las autoridades de la facultad, sin cuyo apoyo nada sería posible.