«Pregunte por las denuncias»: el mensaje de los trabajadores del Hospital de Alta Complejidad que incomoda a la gobernación
Trabajadores de Admisión, Enfermería, técnicos y maestranza del Hospital de Alta Complejidad de Formosa denuncian favoritismos, persecución y una doble vara disciplinaria que indigna. El reclamo escaló hasta la gobernación con un mensaje directo a Gildo Insfrán.
Trabajadores de Admisión, Enfermería, servicios técnicos y maestranza del Hospital de Alta Complejidad "Presidente Juan Domingo Perón" rompieron el silencio y denunciaron favoritismos en las designaciones, persecución a quienes reclaman y una "doble vara" disciplinaria. El malestar, que venía circulando en voz baja por guardias y pasillos, se convirtió en un manifiesto con un destinatario directo: el gobernador Gildo Insfrán.
A dos meses de la asunción de la nueva conducción institucional, el nosocomio atraviesa uno de sus momentos de mayor tensión interna. El personal de primera línea sostiene que el recambio lejos estuvo de traer previsibilidad: lo que llegó, dicen, fue una seguidilla de disputas de poder, reacomodamientos administrativos y desplazamientos de trabajadores históricos que no responden a criterios técnicos ni de eficiencia asistencial.
«Llegamos a un límite: nos cansamos de agachar la cabeza, de medir cada palabra para evitar represalias y de escuchar promesas de espera mientras las deficiencias se multiplican», sintetiza el núcleo del reclamo.
Designaciones bajo sospecha
El eje de las críticas es la política de nombramientos. Quienes acumulan años en la atención directa denuncian que las nuevas designaciones y cargos directivos responden a afinidades o vínculos personales con la cúpula saliente o entrante, en lugar de respaldarse en la experiencia, el mérito, la capacidad profesional o los antecedentes académicos.
«En un centro de salud de carácter estatal, la transparencia no puede ser tratada como un problema o un secreto de Estado; exigimos que se expliquen e informen los criterios con los que se otorgan los cargos», plantean. Mientras se reparten posiciones de jerarquía, agregan, el reclamo por el reconocimiento y cobro de la antigüedad de los trabajadores de carrera sigue bloqueado por la burocracia administrativa.
La denuncia en el comedor
Entre los episodios que expone el manifiesto, uno golpeó especialmente al colectivo: trabajadores denunciaron que personal de la Dirección de Recursos Humanos —destinado a funciones en el sector del comedor— habría impedido el ingreso de compañeros de turno a recibir su ración de almuerzo.
«No se puede tratar a un trabajador como si fuera una molestia en el momento en que va a buscar su comida. Si este hecho ocurrió, exigimos que se investigue sumariamente y se sancione a los responsables», advierten, marcando un límite sobre la dignidad laboral.
¿Quién controla cuando la conducción no está?
El personal también apunta a la falta de supervisión efectiva de los altos cargos. «¿Quién controla, quién supervisa y quién se hace responsable del funcionamiento operativo cuando los que conducen no están en el edificio?», es la pregunta que resuena entre quienes sostienen los turnos. La percepción es de una brecha insalvable: mientras en la cúpula se resuelven asignaciones de cargos, comisiones y desplazamientos, en las áreas operativas el personal de base debe duplicar turnos para cubrir vacíos de gestión y falta de dotación.
A eso se suma la aplicación de una «doble vara» disciplinaria. Para el trabajador de a pie rigen exigencias inflexibles, apercibimientos inmediatos ante cualquier falla y un control severo. Para sectores con coberturas políticas, según denuncian los empleados, los incumplimientos permanentes y las faltas injustificadas no solo quedan impunes, sino que en ocasiones son compensadas con beneficios o flexibilizaciones horarias.
El clima de intimidación
Uno de los capítulos más alarmantes es el silenciamiento. Quienes elevan notas de reclamo o marcan falencias organizativas se topan con mecanismos sutiles pero persistentes: llamadas de atención fuera de protocolo, miradas persecutorias en los pasillos, modificaciones intempestivas en los diagramas de turnos y la sugerencia explícita de que «es mejor no hacer olas».
Los trabajadores confrontan la retórica oficialista con los propios principios de la institución: «El Hospital de Alta Complejidad define institucionalmente como sus pilares a la equidad, la solidaridad, la eficiencia, el trabajo en equipo y la calidad. Cabe preguntarse qué queda de todos esos valores cuando el que reclama pasa a ser visto como un enemigo del sistema y cuando la experiencia acumulada es descartada en favor de la lealtad política».
El mensaje directo a Insfrán
Con las vías jerárquicas internas agotadas o bloqueadas por los propios involucrados, el reclamo saltó la escala administrativa y se convirtió en una interpelación política al Poder Ejecutivo Provincial.
«Doctor Gildo Insfrán: mire lo que está pasando dentro de los hospitales, no solamente desde los actos y los discursos. Pregunte por la antigüedad. Pregunte cómo se designan los cargos. Pregunte quién controla los horarios, las licencias y los recursos. Pregunte por las denuncias de los trabajadores. Pregunte por qué quienes sostienen la salud pública sienten que cada vez tienen menos derecho a reclamar».
El pronunciamiento concluye con una definición sobre la institución y sobre quienes la sostienen: «El hospital es público; no le pertenece a ningún administrador, ni a ningún director, ni a un coordinador de turno. Y los trabajadores tampoco somos propiedad de nadie».
