Probaron un menú con un alga que crece frente a las costas de Santa Cruz y nadie usa en la cocina
En Caleta Olivia cocinaron con un alga que invade las costas patagónicas y que casi nadie usa en la cocina. Lo que salió del menú y por qué los organizadores piden no tocar otra especie.
En Caleta Olivia, la Fundación Por el Mar reunió a cocineros locales en una masterclass para mostrar que las algas que crecen frente a las costas patagónicas pueden llegar al plato. La actividad, llamada “Algas a la Mesa”, se hizo en Refugio Gardens junto al chef Germán Quintana, de Puerto Deseado.
La propuesta fue cocinar, probar y conocer, pero también pensar de qué manera esos sabores pueden acercar a una comunidad que vive frente al mar con los recursos que tiene tan cerca.
“Una de las maneras de conectar el mar con la comunidad es a través de la gastronomía”, explicó Victoria Johnston, referente de Fundación Por el Mar en Puerto Deseado.
Hay sabores que reconocemos como patagónicos casi sin pensarlo: el cordero, los pescados, los mariscos. Otros, aunque crecen frente a las costas y forman parte del paisaje cotidiano, todavía encuentran poco lugar en las mesas. Las algas son uno de ellos.
Qué se cocinó y con qué algas
Buñuelos de algas, un risotto de langostinos y un alioli fueron parte del menú. Para prepararlos utilizaron Undaria, un alga originaria de Asia que se introdujo en las costas patagónicas y hoy está considerada una especie exótica invasora. También trabajaron con Macrocystis pyrifera proveniente de la granja marina de Puerto San Julián.
Johnston explicó que uno de los objetivos era mostrar que incorporar algas a la cocina no significa salir a recolectar cualquier especie que aparezca en la costa.
“Cocinamos Undaria, que es el alga exótica invasora, para que la comunidad de Caleta Olivia, si el día de mañana quiere hacer un plato con algas, no saque el alga nativa”, contó.
Para el caso de la Macrocystis que utilizaron en la actividad, la referente de Por el Mar explicó que había sido cosechada en la granja de San Julián.
Antes de encender las hornallas
El encuentro también sirvió para presentar el trabajo que lleva adelante la organización y el proyecto de granja marina regenerativa que desarrolla en Puerto San Julián. Además, se proyectaron materiales sobre los bosques sumergidos de la Patagonia. Después, llegó el momento de llevar todo eso al plato.
La sopa de luche y los recuerdos de generación en generación
Alrededor de la mesa aparecieron historias que no eran nuevas. Entre los participantes había personas con raíces chilenas que comenzaron a compartir sus propias experiencias vinculadas al consumo de algas. Surgió la sopa de luche, los recuerdos familiares y esos sabores que pasan de una generación a otra.
“Fue mucha gente que tenía cultura chilena, entonces ellos nos contaban su propia experiencia, la famosa sopa de luche que se cocina en Chile y que la traen de generación en generación”, contó Victoria.