Producían 500 hectáreas de espárragos en San Juan: hoy la mitad de eso es un recuerdo
El espárrago sanjuanino vivía de una ventaja: solo se conseguía en una ventana breve del año. Hoy llegan importados de Perú y Brasil antes que los locales, y el precio al productor se derrumbó. Lo que pocos ven es la otra mitad de la historia.
La temporada de espárragos arrancó en San Juan con un panorama sombrío para los 40 a 50 productores que quedan en pie, en su mayoría del Médano de Oro. Raúl Lencinas, referente de la asociación que los nuclea, resume el combo: precios que no suben, costos que se dispararon, consumidores que se borran y un riego que cada vez escasea más.
El resultado es una caída que ya lleva una década: de las 500 hectáreas que se cultivaban hace 10 años, este año se sembrarán apenas entre 185 y 200. La cantidad de finqueros se mantiene, pero la superficie se achica porque la rentabilidad no cierra.
Y salir del espárrago no es sencillo. Es un cultivo que se implanta una vez y recién a los tres años comienza a producir, con un ciclo que puede estirarse hasta una década. Por eso muchos siguen apostando cada fin de invierno y primavera, aun sabiendo que el escenario no mejora.
La sequía, el primer golpe
El espárrago es un cultivo sediento, sobre todo en las últimas semanas de crecimiento. Los últimos 10 años de sequía le pasaron factura: los riegos invernales se volvieron esporádicos y los canales que dependen de los diques llegaron cada vez con menos agua.
Los productores del Médano de Oro debieron recurrir a las perforaciones de Hidráulica —si les quedaban cerca— o a pozos propios. Las fincas más alejadas de las zonas de extracción fueron las primeras en reducir la producción. Los que tienen perforaciones privadas, en tanto, sufrieron los aumentos de energía: desde 2024, la quita de subsidios y el alza tarifaria para usos no domiciliarios triplicaron o más el costo eléctrico.
Lencinas confía en que esta temporada haya más agua, pero aclara que llegará después de la temporada principal y no saben si alcanzará para que la producción repunte el año que viene. La crisis, insiste, no pasa solo por el riego: el consumo se derrumbó.
Precios que no cierran
El productor recibe entre 800 y 1.000 pesos por el paquete de pileta, sin bolsa ni empaquetado. Ese mismo paquete, en plena temporada, se referencia a 2.000 o 2.500 pesos para el comprador, y puede llegar hasta 4.000. En Buenos Aires, principal destino de la producción sanjuanina, se ha cobrado entre 8.000 y 10.000 pesos.
"Con ese precio en Buenos Aires, la gente prefiere comprar medio kilo de carne y no un paquete", se lamenta Lencinas. La consecuencia es directa: las familias de clase media dejaron de comprar espárragos y muchos lo reservan para ocasiones especiales. Menos consumo, menos ventas y un precio al finquero que no repunta.
Lencinas describe la paradoja: "parece insólita, porque baja la oferta, pero a la vez el precio también está hacia abajo".
Importaciones que llegan antes
A todo esto se sumó otro factor: la irrupción de espárragos importados de Perú o Brasil. Antes, el producto sanjuanino tenía la ventaja de la novedad: la gente esperaba todo el invierno y compraba los primeros paquetes. Ahora, esas importaciones llegan antes y le comen el mercado.
Sin ese efecto de ventana temporal breve, los finqueros pierden clientes. Y la cadena de ferias y verduleros también ajusta lo que les paga, sabiendo que pueden reemplazar el producto local por uno del exterior.
Las ferias de productores y eventos como la Fiesta del Espárrago y el Alcaucil aparecen como un salvavidas: "para que la gente pueda comprar a un mejor precio, pero también para que los más chicos conozcan el sabor y las familias sigan comprando", explica Lencinas.