Putin condena la muerte de Khamenei mientras su red de aliados internacionales se desmorona
Putin condena el asesinato de Khamenei, pero ¿puede hacer algo para detener el desmoronamiento de su red de aliados internacionales? Los detalles de una crisis geopolítica que deja al Kremlin cada vez más aislado.
Vladimir Putin denunció este domingo el asesinato del líder supremo iraní, Ali Khamenei, en ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel. En una carta dirigida a su homólogo iraní Massoud Pezeshkian, el presidente ruso calificó el hecho como una “violación cínica” de la moral y el derecho internacional. Sin embargo, más allá de las palabras, la desaparición del ayatolá representa un golpe devastador para el triángulo de alianzas estratégicas que Moscú había tejido con Bielorrusia, China, Corea del Norte e Irán.
¿Un aliado estratégico que se desvanece?
La muerte de Khamenei no es un hecho aislado en el debilitamiento del círculo de “amigos” de Putin. En apenas un año y medio, el Kremlin ha visto caer a varios de sus socios extranjeros clave sin poder hacer mucho al respecto, enredado en su guerra en Ucrania. Tras la caída de Bashar al-Ásad en Siria en diciembre de 2024 y la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, la desaparición del guía supremo iraní marca un nuevo punto bajo.
El geopolitólogo Fréderic Encel señala que esta situación pone al presidente ruso en una “situación difícil”. Putin ha buscado desde la reelección de Donald Trump complacer al turbulento multimillonario estadounidense para lograr favores de Washington en las negociaciones sobre Ucrania. “Dos veces en dos meses, Putin falló en cumplir su papel de salvador”, afirma Encel, agregando que en el caso de Khamenei, “el asesino es su amigo Trump”.
La paradoja de las condenas y la realidad
La denuncia de Putin sobre la violación del derecho internacional resulta curiosa viniendo de quien, hace cuatro años, hizo caso omiso de la moral y el derecho internacional invadiendo Ucrania. El ataque perpetrado conjuntamente por Estados Unidos e Israel contra Irán representa un duro golpe para las autoridades rusas, que no han cesado de subrayar públicamente la importancia de las relaciones con Teherán.
Por parte rusa, la respuesta se ha limitado a palabras. El Kremlin y su gobierno no han anunciado oficialmente ayuda concreta a Teherán frente a los ataques estadounidenses e israelíes en curso. El sábado, fue el ministro iraní de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, quien tomó la iniciativa de llamar a su homólogo ruso, Serguei Lavrov, mientras comenzaban los bombardeos.
Irán: más que un aliado, un laboratorio
Para los estrategas rusos, Irán ha jugado hasta ahora no solo el papel de un aliado ideológico y proveedor de armas, sino el de un “laboratorio”, como explica el investigador Nikita Smagin del instituto Carnegie. Moscú se había inspirado ampliamente en la experiencia iraní para implementar un sistema para eludir las sanciones internacionales tras la invasión de Ucrania.
Teherán ha sido uno de los aliados y apoyos más cercanos de Rusia durante toda la ofensiva lanzada en 2022 contra Ucrania. Kiev y los occidentales acusan a Irán de haber suministrado a Rusia armas y tecnologías militares, como los drones Shahed, de diseño iraní, que Moscú ahora produce masivamente y utiliza diariamente para bombardear Ucrania.
Compromisos militares y comerciales en juego
En 2025, Rusia e Irán firmaron un tratado de asociación estratégica para fortalecer sus vínculos, incluso en el ámbito militar. La entrega a Irán de 48 aviones de combate Su-35 está prevista hasta 2028 y se menciona la entrega de cazas Su-30MK. Además, Irán se ha comprometido a llevar a cabo la construcción de la línea ferroviaria Rasht-Astara, un eslabón esencial del corredor comercial norte-sur que debe conectar Rusia con los puertos del océano Índico.
En las últimas semanas, cuando las manifestaciones ya habían comenzado en Irán, se informó de la llegada a ese país de varios aviones de transporte militar Il-76 procedentes de Rusia y Bielorrusia. Al mismo tiempo, los medios iraníes anunciaban la entrega de helicópteros de ataque M-28 rusos.
La contención estratégica de Moscú
Sin embargo, siempre fue claro que Vladimir Putin no tenía intención de sacrificar el acercamiento, laborioso, con los Estados Unidos de Donald Trump, en el altar de su relación con Irán. Ya en junio pasado, durante la “guerra de los Doce Días” entre Israel e Irán, Teherán había llamado a Moscú en su ayuda, que se limitó a palabras amables. Esta contención parece seguir vigente.
“No hay que sobreestimar la voluntad de Moscú de ayudar al régimen iraní. El Kremlin ha demostrado muchas veces su propensión a abandonar a sus aliados si la situación llegara a degenerar”, estima Smagin. Esta tendencia tiene un alto costo estratégico, alejando a potenciales aliados y acorralando cada vez más a Putin en manos de quien parece convertirse en su único amo y señor: el presidente chino, Xi Jinping.