¿Qué descubrieron en neuronas creadas a partir de la piel de un paciente?
Científicos argentinos crearon neuronas humanas a partir de células de la piel de un paciente con Alzheimer hereditario, detectando fallas en calcio y mitocondrias. Publicado en Scientific Reports el 22/01/2026.
Un equipo de científicos locales desarrolló por primera vez neuronas humanas a partir de células de la piel de una persona con Alzheimer hereditario. Este modelo, que refleja la fisiología cerebral del paciente, permitió observar fallas celulares clave y abre una nueva vía para estudiar la enfermedad y probar tratamientos personalizados.
La investigación fue realizada por especialistas del Centro de Investigación en Medicina Traslacional Severo R. Amuchástegui (CIMETSA-CONICET), la Fundación Instituto Leloir y la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. El estudio se publicó en Scientific Reports el 22 de enero de 2026.
El trabajo se centró en el Alzheimer familiar o hereditario, una forma poco frecuente que suele aparecer a edades más tempranas. Los científicos trabajaron con células de un paciente portador de la mutación M146L en el gen Presenilina-1.
De la piel al cerebro en el laboratorio
Para crear el modelo, el equipo partió de células de la piel del paciente. Estas fueron reprogramadas hasta convertirse en células madre pluripotentes inducidas (iPSC). Luego, esas células se transformaron en neuronas corticales humanas.
Este proceso permitió estudiar qué ocurre dentro de una célula cerebral que ya carga con la alteración genética vinculada a la enfermedad. “Poder trabajar con neuronas obtenidas a partir de células de un paciente permite observar en detalle cómo se desencadenan los daños en el cerebro”, señaló Luis Ignacio Brusco, médico argentino, decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA y presidente de Alzheimer Argentina.
La relevancia del modelo también radica en que abre la puerta a una medicina más personalizada. Permite estudiar cómo se comporta la enfermedad en células concretas, con rasgos biológicos propios del individuo.
Las fallas detectadas en las células
Una vez obtenidas las neuronas, los investigadores observaron alteraciones importantes en la regulación del calcio y en el funcionamiento de las mitocondrias. Ambas son estructuras esenciales para la vida neuronal.
El calcio participa en la transmisión de señales entre neuronas, mientras que las mitocondrias producen la energía necesaria para que esas células funcionen. Según el estudio, las neuronas portadoras de la mutación tenían una dinámica anormal del calcio, mayor producción de especies reactivas de oxígeno y un perfil metabólico alterado.
“Estas neuronas creadas en el laboratorio reflejan mejor la fisiología del cerebro y las alteraciones específicas del paciente”, explicó Laura Morelli, investigadora de la Fundación Instituto Leloir y coautora del trabajo. Carlos Wilson, primer autor del artículo, describió que el “estado de alto metabolismo” de estas neuronas podría acelerar la muerte celular.
Un avance con implicancias más amplias
Aunque el Alzheimer hereditario representa menos del 1% de los casos, su estudio resulta valioso porque permite seguir con mayor claridad la relación entre una mutación puntual y el daño neuronal. Esto ayuda a identificar mecanismos que también aparecen en formas más frecuentes de la enfermedad.
La investigación plantea que la disfunción mitocondrial y el déficit bioenergético cerebral son fenómenos compartidos con otros tipos de Alzheimer. Por lo tanto, este modelo podría aportar pistas útiles para entender procesos neurodegenerativos más amplios.
El equipo adelantó que los próximos pasos serán seguir caracterizando las rutas moleculares alteradas y evaluar distintos fármacos sobre las anomalías detectadas. También buscarán ampliar el sistema a otros pacientes y a nuevas mutaciones asociadas a la enfermedad.
En un terreno donde todavía no existe cura y el diagnóstico temprano sigue siendo un desafío, contar con modelos humanos personalizados representa una ventaja concreta. Este avance no cambia hoy la vida cotidiana de quienes conviven con Alzheimer, pero sí puede ayudar a transformar la forma en que se estudia la enfermedad.

