¿Qué esconde la lengua de Ana Ojeda? La escritora que desarma el mundo con humor y crítica social

Ana Ojeda desarma el lenguaje para volver a nombrar el mundo. ¿Qué hay detrás de su literatura? Humor, crítica y una lengua que no se queda quieta.

· 5 min de lectura
¿Qué esconde la lengua de Ana Ojeda? La escritora que desarma el mundo con humor y crítica social
¿Qué esconde la lengua de Ana Ojeda? La escritora que desarma el mundo con humor y crítica social

Ana Ojeda no escribe sobre temas: escribe contra las palabras que pretenden ser definitivas. En sus libros, la lengua se retuerce, se ríe de sí misma y se niega a quedarse quieta. De Vikinga Bonsái a Mujer peor y Diario de un dolor, su literatura convierte lo cotidiano en un campo de experimentación donde el humor y la crítica social van de la mano.

Hay escritores que construyen su obra alrededor de ciertos tópicos. Ojeda, en cambio, parece hacerlo alrededor de una pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando también ponemos en discusión las palabras con las que contamos el mundo? En sus textos, el lenguaje nunca es transparente. Se deforma, mezcla registros, incorpora voces ajenas, inventa sonidos y, sobre todo, se resiste a permanecer estático.

Vikinga Bonsái: la lengua como protagonista

En su novela Vikinga Bonsái, la vida diaria se ve atravesada por una lengua exuberante. La historia sigue a un grupo de amigas que debe reorganizarse tras la muerte inesperada de Vikinga, mientras su marido está incomunicado en un viaje por Paraguay y su hijo queda al cuidado de esa comunidad improvisada. La trama podría leerse como una comedia doméstica, pero Ojeda aprovecha el escenario para algo más: convertir la lengua en el verdadero eje de la narración.

Boedo, San Cristóbal, la bicicleta, el supermercado, las amigas, las obligaciones laborales y familiares forman el paisaje de una novela donde conviven lunfardo, palabras de origen italiano, expresiones contemporáneas y lenguaje inclusivo. No se trata de un simple cambio de vocabulario. La apuesta es más profunda: mostrar que una lengua se transforma porque quienes la hablan también cambian.

Mujer peor: el absurdo como espejo del poder

La experimentación se vuelve radical en Mujer peor. El libro reúne tres nouvelles —Lograr los logros, Urara y Alcanfor— y las transforma en un laboratorio de formas. Monjas que intentan convertir un convento en un negocio, una trabajadora en crisis frente a un universo laboral abusivo y una mujer mayor cuya enfermedad desata una disputa familiar por su casa: situaciones reconocibles que Ojeda lleva hacia la sátira y la poesía.

El humor funciona como una herramienta clave. No es un descanso frente a la crítica, sino la forma de mirar de frente lo que de otro modo sería insoportable. El patriarcado, la explotación laboral, la burocracia, la religión, el mercado inmobiliario y las relaciones de poder aparecen deformados hasta volverse ridículos. Y en esa deformación asoma una pregunta política: ¿por qué aceptamos como normal lo que, visto desde otro ángulo, resulta completamente absurdo?

La elección del verso en Mujer peor profundiza esa búsqueda. Ojeda juega con el ritmo, las repeticiones, las rimas y la oralidad rioplatense. El lenguaje no solo cuenta una historia: produce una experiencia física de lectura. Las palabras parecen tener memoria propia, como si antes de significar algo pudieran sonar, golpear o provocar una imagen.

Diario de un dolor: el cuerpo como puerta a la memoria

En Diario de un dolor, el punto de partida es el cuerpo. Un dolor físico irrumpe y obliga a la autora a detenerse, a buscar explicaciones médicas y a mirar hacia atrás. La enfermedad se convierte en una puerta hacia su genealogía familiar, especialmente hacia la historia de su abuela y su madre.

En sus obras aparece otra característica distintiva: la capacidad de hacer convivir lo íntimo con lo histórico. Una pensión alemana, una familia de inmigrantes, una casa en Banfield, los recuerdos de infancia, una abuela que vive 102 años y los trámites posteriores a su muerte forman parte de una misma corriente narrativa. La memoria familiar no se presenta ordenada ni solemne, sino llena de huecos, contradicciones y preguntas.

Incluso frente al dolor, la autora conserva el humor. Y esa decisión es significativa: reírse no implica quitarle importancia al sufrimiento, sino encontrar una distancia para poder mirarlo. El cuerpo que duele termina conduciendo hacia una historia de mujeres, de desplazamientos, de silencios y de herencias que no siempre son materiales.

Una literatura que desarma y pone en movimiento

En los tres libros hay una misma confianza: la literatura puede desarmar aquello que parece dado. Puede hacerlo con una novela vertiginosa, con una nouvelle en versos o con un diario íntimo que convierte una experiencia corporal en una exploración familiar.

Ana Ojeda escribe contra las formas cerradas y contra las palabras que parecen definitivas. Su literatura se alimenta de la conversación, de la calle, de la cultura popular, de la política, de la poesía y de la vida doméstica. Y en ese cruce encuentra una voz que no busca ordenar el mundo sino ponerlo en movimiento.

Quizás allí esté una de las claves de su obra: entender que cambiar las palabras también puede ser una manera de cambiar la mirada. Porque cuando una escritora altera el ritmo, rompe una frase, inventa un término o lleva una escena cotidiana hasta el delirio, no está solamente jugando con la literatura. Está preguntando qué otras formas de contar —y por lo tanto, de imaginar— todavía nos quedan.

Más para leer

Fin de semana a puro arte: la agenda completa de La Plata que no te podés perder
Espectáculo
Iñaki Urlezaga vuelve a los escenarios con un ballet que promete emocionar: ¿qué lo llevó a romper su retiro?
Espectáculo
Mocchi llega a La Plata con banda y una confesión que sorprende
Espectáculo
La familia Castiglione rompió el silencio y sorprendió con su veredicto sobre la serie de Moria
Espectáculo
La hija de Mario Castiglione rompió el silencio sobre la serie de Moria y sorprendió con su revelación
Espectáculo
El dato que explotó en la audiencia: cuánto pagó realmente Icardi a Wanda Nara
Espectáculo