¿Qué esconden las plantas digestivas del nordeste? Una investigación buscará la verdad

Una licenciada en Criminalística de la UNNE analiza 16 plantas digestivas del nordeste. ¿Son seguras? Los resultados podrían cambiar lo que sabés sobre tus remedios caseros.

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¿Qué esconden las plantas digestivas del nordeste? Una investigación buscará la verdad
¿Qué esconden las plantas digestivas del nordeste? Una investigación buscará la verdad

En el nordeste argentino, un té de burrito o boldo sigue siendo el remedio casero estrella para aliviar la panza. Pero nadie sabe con certeza si esas plantas son seguras. Una investigadora de la UNNE se propuso descubrirlo.

Sofía Dell Orto, Licenciada en Criminalística de la UNNE, analiza dieciséis especies vegetales usadas en la etnomedicina regional para problemas digestivos. El objetivo es determinar su toxicidad y establecer dosis seguras. La investigación, dirigida por el doctor Gonzalo Ojeda y codirigida por la doctora Ana María Torres, se desarrolla en el Laboratorio de Productos Naturales del IQUIBA-NEA (FaCENA) con el apoyo de una Beca Estímulo a la Investigación Tipo I de la UNNE.

¿Por qué ahora?

La Organización Mundial de la Salud estima que tres de cada cuatro personas en el mundo dependen casi exclusivamente de plantas para cuidar su salud. En Argentina, esa herencia viene de los pueblos originarios —guaraníes, tobas, vilelas— y se mezcló con el saber criollo. Sin embargo, muchas plantas contienen sustancias tóxicas que varían según la época de recolección, el suelo o el clima. Los datos sobre toxicidad en plantas digestivas regionales son escasos, y esa es la brecha que Dell Orto busca cubrir.

Las plantas bajo la lupa

La lista incluye especies populares como marcela, burrito, llantén, menta, paico, ajenjo, yerba lucera, diente de león y boldo brasilero, entre otras. Algunas ya tienen alertas: el paico es causa frecuente de intoxicaciones en niños; el ajenjo y ciertos burritos contienen tuyona, que en dosis altas puede provocar convulsiones; y el boldo brasilero, consumido por largo tiempo, puede dañar hígado y riñones.

Cuatro pasos para saber la verdad

Dell Orto se planteó cuatro objetivos. Primero, identificar cada especie y preparar las muestras como se consumen en casa (infusión o decocción). Segundo, medir la toxicidad con larvas de Artemia salina, un pequeño crustáceo marino, considerando la zona y época de recolección. Tercero, a las plantas que resulten tóxicas se les aplicará una prueba con bulbos de cebolla para evaluar daño en el ADN. Cuarto, determinar la dosis tóxica y aislar las sustancias responsables mediante tecnología química.

Hipótesis a confirmar

La investigación parte de cuatro supuestos: que la mayoría de las plantas no será tóxica en uso habitual; que las tóxicas podrán caracterizarse en detalle; que la toxicidad variará según lugar y época; y que se podrán identificar las sustancias peligrosas. El laboratorio ya tiene experiencia en estos métodos y cuenta con colaboración de otros grupos para pruebas avanzadas.

¿Qué cambiaría?

Los resultados podrían alertar sobre riesgos en grupos vulnerables como niños y adultos mayores, establecer concentraciones seguras para no perder el conocimiento tradicional, y validar científicamente prácticas que podrían incorporarse al sistema público de salud, reduciendo costos. Además, consolidará una capacidad técnica en toxicología de productos naturales en la región.

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