¿Qué está pasando con las oficinas de una conocida fintech?
Naranja X, controlada por el Grupo Financiero Galicia, cierra sucursales en provincias del norte como Salta y Misiones, despidiendo trabajadores y eliminando la atención presencial para migrar a servicios digitales, afectando a usuarios en zonas con brecha digital.
Una empresa financiera está cerrando sus sucursales físicas en varias provincias, dejando a usuarios sin atención presencial y a trabajadores sin empleo. La decisión forma parte de una reestructuración que apunta a una operación completamente digital, generando preocupación en regiones con amplia brecha digital y en un contexto de aumento del desempleo.
Naranja X, controlada mayoritariamente por el Grupo Financiero Galicia, ha intensificado el cierre de sus locales. La compañía, que funciona bajo el paraguas de Tarjetas Regionales S.A., está eliminando la atención presencial para migrar todos sus servicios a la virtualidad.
Esta medida tiene un impacto laboral inmediato. En un contexto donde las cifras de desempleo comienzan a preocupar a la sociedad argentina, según reflejan encuestas desde comienzos de año, los despidos se suman a una tendencia que parece irrefrenable.
¿Dónde se están produciendo los cierres?
Los reportes provienen de ciudades del noroeste y noreste del país. Se han mencionado cierres en Salta, Tartagal, Puerto Iguazú y Villa Dolores, además de otras localidades del interior.
En Puerto Iguazú, Misiones, cerró una sucursal muy concurrida. Los clientes de la ciudad dejaron de contar con una oficina física para realizar trámites cotidianos, debiendo depender exclusivamente de canales digitales o trasladarse a otras localidades.
La situación impacta especialmente en quienes requieren asesoramiento personalizado, como en gestiones vinculadas a créditos, refinanciaciones o reclamos. La ausencia de atención directa puede dificultar la resolución de problemas.
¿Qué dicen los usuarios y empleados?
La redacción de neahoy señaló que «la medida genera malestar entre usuarios que valoran el contacto cara a cara. En muchas ciudades del interior, la presencialidad sigue siendo clave para garantizar confianza y acceso a servicios financieros». Agregaron que en Misiones, «la brecha digital sigue siendo un obstáculo relevante».
Una situación similar se replica en grandes ciudades del AMBA, afectando a sectores como adultos mayores o personas con menor alfabetización digital, que encuentran graves dificultades para adaptarse a las nuevas plataformas.
En la ciudad de Salta, la sucursal local de Naranja X cerró sus puertas a fines del año pasado. Se terminó con la atención presencial y muchos de sus trabajadores aún no se reinsertaron laboralmente.
En redes sociales se leen testimonios desgarradores. Una empleada relató en lágrimas: «Cómo crees que me siento, destruida, tengo 22 años de antigüedad trabajando en esta empresa y que de un día para el otro cierra y dejándonos una carta de despido a un mes de las fiestas sin liquidarnos nada, tenemos hijos cuentas que pagar cómo vamos a hacer nuestro gremio ni se apareció todos le hicimos llamadas no nos atiende nadie nos da solución de nada».
¿Hay más cierres confirmados?
En Concordia, Entre Ríos, cronistas de esa ciudad reportaron hace dos días que Naranja X se va de la localidad. La firma adelantó que, en aproximadamente un mes, cerrará las puertas de su local, dejando sin servicio a sus clientes. Todos los empleados de la firma en la localidad entrerriana serán despedidos, según informaron radios locales y el diario Ahora.
Sin embargo, trascendió que no todo se explica por la reconversión tecnológica. El motivo principal en Concordia estaría relacionado con la caída de la actividad económica que se observa en esa ciudad, donde entre enero y febrero se registraron casi 300 despidos. En marzo se conocieron más cesantías y ahora se suma la partida de otra firma.
Hay que anotar que no es lo mismo perder un empleo en la Ciudad de Buenos Aires que en una localidad menos habitada de una provincia. Cualquier cierre que involucre más de 50 trabajadores registrados impacta profundamente en la comunidad donde se produce. Cuando se decide cerrar sucursales, muy pocas veces se traslada personal a otra dependencia y, usualmente, deriva en despidos o en la pérdida de puestos laborales, en ciudades donde las opciones de empleo son limitadas.