¿Qué le espera a Tucumán con un Súper Niño? Los efectos que podrían sentirse desde la primavera
El Súper Niño podría desatar tormentas, desbordes y brotes de dengue en Tucumán. ¿Está la región preparada para el impacto?
El fenómeno de Súper El Niño, que se declara cuando las aguas del Pacífico ecuatorial superan los 2 °C de anomalía térmica, podría marcar a fuego la próxima temporada en Tucumán y el NOA. Desde octubre hasta mayo, la región enfrentaría lluvias extremas, olas de calor y un cóctel de riesgos para la salud, el agro y la infraestructura.
Según los pronósticos, el evento no implica un colapso seguro, pero sí una alteración en las probabilidades: más tormentas severas y un monzón más intenso de lo habitual en el norte argentino.
¿Cómo arrancaría la primavera?
En octubre y noviembre, el choque entre el aire cálido y húmedo del norte y los últimos fríos invernales podría disparar tormentas convectivas. Ráfagas fuertes, rayos y granizo serían la cara visible, con riesgo para las siembras tempranas y los servicios urbanos.
El pico en verano: lluvias que preocupan
De diciembre a marzo, el sistema monzónico estaría en su máxima expresión. Los modelos anticipan lluvias torrenciales que podrían saturar los suelos y desbordar ríos del sur tucumano como Marapa, Gastona, Medina, Chico y Balderrama. Las zonas bajas de Simoca, Graneros, Lamadrid, Monteros y Chicligasta serían las más expuestas, junto con los canales pluviales del Gran San Miguel de Tucumán.
En las sierras, la humedad persistente incrementaría el riesgo de deslizamientos en rutas clave como la 307 a los Valles Calchaquíes y la 338 en San Javier.
¿Qué pasaría en el resto del NOA?
Salta y Jujuy podrían ver deslaves en quebradas, mientras que los ríos Pilcomayo y Bermejo amenazarían a comunidades del Chaco salteño. En Santiago del Estero, el impacto dependería del manejo de los embalses tucumanos y salteños, con riesgo de anegamientos o una recarga hídrica beneficiosa para la agricultura.
El campo, entre la abundancia y la enfermedad
Para la citricultura, la alta humedad sería un caldo de cultivo para hongos y bacterias como Phytophthora, mancha negra y cancrosis, elevando costos y complicando el trabajo con maquinaria. En la caña de azúcar, las lluvias favorecerían el crecimiento, pero si se extienden hasta abril o mayo, podrían retrasar la maduración y la zafra. La soja y el maíz tendrían potencial de buenos rindes, aunque con riesgo de encharcamientos en lotes con mal drenaje.
Salud: el dengue, una amenaza latente
Entre febrero y mayo, el agua estancada tras los temporales aceleraría la reproducción del Aedes aegypti, aumentando el riesgo de dengue, chikungunya y zika. También crecería la preocupación por leptospirosis y enfermedades gastrointestinales en zonas inundadas.
La magnitud de estos escenarios dependerá de las medidas preventivas: limpieza de canales, mantenimiento de defensas y campañas de descacharrado. El Súper Niño no es un destino ineludible, sino un llamado a prepararse.