¿Qué mantiene unida a la gente del Barrio Borges? La respuesta sorprende
¿Qué hace especial al Barrio Borges? No son sus calles ni sus plazas, sino la gente. Conocé las historias de solidaridad, fe y comunidad que sostienen este rincón de Santiago del Estero.
Hay zonas que se definen por sus edificios o monumentos, pero el Barrio Borges se distingue por otra cosa: la solidaridad entre generaciones que sigue intacta tras décadas. Historias de vida, un comedor que alimenta a decenas de personas y una fe que impulsa a construir un santuario son algunas de las claves.
Raíces que se hunden en los '70
Mariela Ruiz, nacida en 1978, vivió toda su vida en el Borges. Su madre llegó en 1976, cuando el barrio recién empezaba a formarse. Mariela recuerda una niñez tranquila, marcada por el trato cercano entre vecinos. "Fue una grata niñez", resume, y destaca que ese compañerismo se transmitió de generación en generación.
Susana, otra vecina, crió a sus hijos allí y hoy, ya jubilada, encontró en el centro Dejando Huellas una nueva razón para disfrutar. Con unos 80 socios, el espacio ofrece actividades físicas, reciclado, viajes y celebraciones. Hasta visitaron Tucumán, y la idea, según Susana, es que nadie se quede afuera.
Fe y comunidad: la parroquia Santísimo Sacramento
La parroquia es otro pilar del barrio. Sandra, vecina desde hace 49 años, participa activamente y recuerda sus inicios en los grupos de jóvenes. Hoy, la parroquia organiza grupos de oración, misas de sanación los martes y acciones de Cáritas. Sandra también colabora con la campaña de la Virgen de Schoenstatt, buscando un terreno para construir un santuario en Santiago del Estero.
Alejandra, nacida y criada en el Borges, observa cómo el barrio creció: hoy cuenta con UPA, centro de salud, escuelas, jardín municipal, plazas, polideportivo y destacamento. La plaza Moisés Salazar, frente a la parroquia, es punto de encuentro para hacer ejercicio, y la del sector COESA fue renovada con juegos inclusivos. Sin embargo, Alejandra advierte que aún hay desafíos, como el consumo problemático de drogas entre los jóvenes, y pide más espacios de contención para las familias.
Más de 26 años alimentando al barrio
El comedor municipal del Borges empezó en la parroquia y luego pasó a manos de la Municipalidad. Una trabajadora que está desde 2002 cuenta que hoy se reparten unas 60 raciones diarias para niños, adolescentes y adultos, de lunes a viernes, adaptándose a los horarios escolares. Pero allí no solo se sirve comida: es un lugar donde se detectan necesidades y se articulan redes de ayuda. Por ejemplo, si una directora de escuela avisa que llegó una familia con chicos sin escolarizar, desde el comedor contactan a las instituciones para resolverlo.
"Primero está el vecino", dicen, y esa frase resume una filosofía que viene de los fundadores. Después de casi cinco décadas, el Borges sigue siendo ese rincón donde se conoce al vecino por su nombre, donde un saludo lleva a una charla y donde la solidaridad es la forma más simple de pertenecer.