“Que mi abuela se cure”: los pedidos de 4.500 niños que conmovieron a Salta
Los más chicos llenaron la Catedral con sus oraciones y dejaron frases que van mucho más allá de su edad. ¿Qué pidieron por sus familias y por el mundo?
La Catedral Basílica volvió a llenarse de voces infantiles, canciones y fe, pero fueron los pedidos de los más chicos los que terminaron dando una dimensión especial a la jornada. Unos 4.500 niños participaron del Milagro de la Infancia y de la Catequesis, provenientes de distintos barrios de Salta Capital y localidades cercanas.
Entre tantos chicos hubo deseos propios de la edad: pasar de grado, terminar bien la escuela o poder recibirse. Sin embargo, muchas de las intenciones fueron mucho más allá de ellos mismos. Pidieron por sus padres, sus abuelos, los enfermos, los peregrinos, quienes no tienen una vivienda y los niños que atraviesan guerras en distintas partes del mundo.
“Que estén bien los padres”
Juana, de apenas 7 años, tuvo muy claro qué quería pedir. Cuando llegó su turno respondió simplemente: “Que estén bien los padres”. Ese deseo apareció también entre otros chicos, que hablaron del trabajo de los adultos, de poder tener comida en la mesa y de atravesar unidos las dificultades familiares.
Otra de las historias fue la de Valentina, de 8 años, quien llegó desde la parroquia Nuestra Señora de Fátima con una preocupación concreta. “Que mi abuela se cure y que todos los problemas se resuelvan”, pidió.
Una oración que miró mucho más lejos
También hubo chicos que llevaron sus pedidos fuera de Salta. Martina, de 11 años, pidió por los enfermos y “que deje de haber guerras y terremotos”. Paulina, en tanto, pensó especialmente en los peregrinos y en aquellos niños que viven en zonas de conflicto.
Desde el centro de la ciudad, las preocupaciones de los más chicos alcanzaron así realidades que posiblemente conocen solo a través de las noticias, pero que igualmente incorporaron a sus oraciones.
“Que no falte la comida”
Entre todas las expresiones hubo una particularmente fuerte. Valentina, de 12 años y en su último año de catequesis, comenzó pidiendo que le vaya bien en la escuela para poder iniciar la secundaria. Después habló de su familia. Su deseo fue que estén bien, “que no falte la comida” y que sus padres tengan trabajo.
Luján y Bianca también pensaron en otros. Además de pedir salud para sus propias familias, sumaron una intención para quienes atraviesan una situación más difícil: que tengan un hogar aquellos que hoy no lo tienen.
Fe, juegos y una tradición que atraviesa generaciones
La jornada tuvo además cantos, animación, juegos y una liturgia especialmente pensada para los niños. Un catequista llegado desde La Caldera resumió el espíritu que se vive en estas fechas con una frase: “El Milagro saca lo mejor que tenemos”.
Entre quienes acompañaban a los chicos había incluso una catequista que lleva 38 años realizando esa tarea y que aseguró que todavía vive cada encuentro “como el primer día”.
También hubo espacio para los pedidos más sencillos y propios de cada etapa. Germías, de 9 años, pidió “pasar de grado”, mientras José, de 17, contó con orgullo que este año termina el secundario y pidió que le vaya bien en las materias.
Así transcurrió una jornada en la que las voces más pequeñas terminaron expresando algunas de las preocupaciones más grandes: salud, trabajo, alimento, vivienda y paz. Entre cantos y oraciones, los 4.500 niños que llegaron a la Catedral demostraron que el Milagro también puede mirarse desde sus ojos: con pedidos sencillos, pero cargados de aquello que ven y sienten en sus familias y en el mundo que los rodea.