¿Qué modelo de gestión defiende el presidente al proteger a su jefe de Gabinete?
Javier Milei defiende a Manuel Adorni como prueba de fuerza para blindar un modelo de gestión monopólico, priorizando la reputación de fortaleza sobre la transparencia y el aprendizaje de errores en medio del escándalo.
La defensa del presidente Javier Milei a su jefe de Gabinete, Manuel Adorni, va más allá de la lealtad personal y se convierte en una prueba de fuerza para blindar un modelo de gestión tendencialmente monopólico. El manejo de este escándalo está alejándolo de la posibilidad de aprender de sus errores y acomodar las preferencias gubernamentales a las demandas de la sociedad.
Aunque en la insistencia con que Milei ha defendido la continuidad de Adorni hay algo de cálculo pragmático. Se trata de una prueba de fuerza frente a adversarios que considera desafiantes. De ahí la prioridad puesta por el presidente en evitar que los opositores, los periodistas y el malhumor social le tuerzan el brazo en este asunto.
La batalla por la reputación
Igual que hace frente a la ley de presupuesto universitario, para Milei se trata no solo de los recursos en juego, sino de la reputación que podría perder si se mostrara débil. La preocupación es ser incapaz de controlar asuntos muy gravitantes, como el gasto y el armado de su equipo.

Está también en juego el tipo de equipo que busca consolidar. La pregunta es si va a ser uno totalmente alineado y jerárquico, o uno mínimamente plural y competitivo. Los Milei entienden que el poder es un monopolio, así que no piensan por nada del mundo “resignarse” a que suceda lo segundo.
El dilema de los fieles versus los útiles
El problema es que llegaron al gobierno con muy pocos fieles a su alrededor. Muy pocos de ellos les sirvieron hasta ahora para manejar asuntos importantes de la gestión sin hacer papelones. Como son muy desconfiados no se toman demasiado en serio las declaraciones de amor y lealtad de los recién llegados.
Este problema ayuda a entender lo mal que se ha venido manejando el caso Adorni. El hecho de que Javier y Karina hayan actuado como si no supieran cuantos muertos más tenía escondidos en el placard el jefe de Gabinete. Porque el asunto decisivo para ellos fue desde el principio otro: el modelo de gestión tendencialmente monopólico que creen van a salvar salvando a Adorni.
Recordemos que una buena parte de los funcionarios más relevantes con que ha contado el presidente, los eligió por necesidad, no por preferencia. Se cuentan entre “los que mejor le funcionan”: Luis Caputo y su equipo, Guillermo Francos, Patricia Bullrich antes y Alejandra Monteoliva ahora, Federico Sturzenegger, Diego Santilli.

Se ganaron su lugar en el gabinete con esfuerzo, tuvieron que convencer a Javier y Karina que los incluyeran. Pero al menos en algún momento y para algunos asuntos se volvieron imprescindibles. ¿Confían realmente los Milei en ellos, o solo a medias?
Los elegidos por obediencia
Después está la gente que Javier, o Karina, o los dos, eligieron porque quisieron. Eran del palo desde el comienzo, o se sumaron con entusiasmo al entorno rápidamente. Nunca tuvieron mucho para ofrecer, más allá de su obediencia ciega. Y en general les ha ido bastante peor en sus roles de gestión.
Manuel Adorni, igual que José Luis Espert, Lule Menem, Sandra Pettovello, Santiago Caputo y Gerardo Werthein, integra esa lista. Algunos han sido defenestrados por errores o papelones muy groseros. Otros han logrado zafar, pero no quedaron indemnes y provocaron considerables daños al oficialismo.
Por último están los muchos funcionarios que nunca sabremos si podrían o no haber hecho un buen trabajo, porque los Milei no los dejaron ni intentarlo. A poco de ponerlos los sacaron, en muchos casos de mala manera. Esto ilustra lo mucho que a Milei le gusta echar gente, sobre todo cuando no son íntimos.
La lección del pasado
Lo que también muestra este panorama es que Milei se ha resistido a pie juntillas a echar gente cuando no es él quien demuestra poder al hacerlo. Solo lo hizo en un caso hasta ahora, el de Espert, y porque el susodicho no era funcionario. Y si no lo hacía podía perder una elección decisiva para su supervivencia.
Se entiende por esto que con el caso Adorni esté actuando más como hizo con Lule Menem durante el escándalo de ANDIS. No hay elecciones a la vista, así que cree poder esperar hasta que la tormenta pase. Porque lo que aprendió de ANDIS es que muchos de estos escándalos tienden a desactivarse solos.
La gente se cansa de escuchar de ellos si no hay más novedades durante algunos días. Retrospectivamente siempre es mejor haber mostrado fortaleza que transparencia. Aflojar puede abrir la puerta para que te reclamen más despidos, revisiones y te abran más investigaciones.
Mientras que simular demencia y hablar de otra cosa te permite desanimar a los opositores. También convence a los propios de que tus defectos y pecados, si existen, tan graves no deben ser. En esa está. Puede fallarle, pero no va a desistir sin agotar todas las chances de que su “equipo soñado” sea el que salga victorioso.