¿Qué mostró la declaración grabada que rompió en llanto?
Comenzó el juicio por el femicidio de Mercedes Kvedaras en Salta. José Eduardo “Jota” Figueroa, su esposo y único acusado, presentó su versión en video mientras la fiscalía sostiene que fue un crimen intencional.
El juicio por el femicidio de Mercedes Kvedaras comenzó este miércoles en Salta, casi tres años después del crimen. José Eduardo “Jota” Figueroa, su esposo y único acusado, se negó a declarar en persona pero su versión grabada fue reproducida en la sala.
La fiscalía incorporó como prueba un video grabado el 11 de agosto de 2023. En él, Figueroa rompió en llanto durante su declaración, pero los fiscales fueron contundentes: “Su voluntad era matarla”.
La versión del imputado
En la grabación, Figueroa intentó justificar su accionar. Relató que vivió muchos años con Mercedes, con momentos lindos y malos, incluyendo algunas infidelidades. Dijo que decidieron reconciliarse, pero que empezó a notar cambios en ella.
“Me parecía que estaba con otro hombre. Un día la seguí y se puso violenta conmigo, solo con palabras. Me aceptó que estaba con otro tipo”, contó según replicó el diario local El Tribuno. Agregó que quería que la separación fuera tranquila y que empezó a tomar pastillas para dormir.
“Esa noche no pude dormir nada. Esa mañana discutimos, me nublé, la agarré como para zamarrearla. Forcejeamos y nos caímos en la bañera. Cuando me levanté, ella no se movía”, continuó su relato.
Figueroa dijo que intentó sentarla, pero que cayó al piso. “Pensé en suicidarme. Agarré un cuchillo, su cartera y los celulares. Le mandé un mensaje a mi mamá y a mi suegra para que cuiden a mis hijos. Nunca tuve intención de matarla a Mer”, completó.
La declaración fue seguida con atención y un silencio absoluto en la Sala de Grandes Juicios de Salta.
La reconstrucción de la fiscalía
La acusación oficial describe una escena completamente diferente. Para los investigadores, Mercedes Kvedaras no solo murió, fue “anulada”. Sostienen que Figueroa veía a su esposa como un “objeto de su propiedad”, la hostigaba y controlaba bajo una celotipia que se volvió mortal cuando ella decidió separarse.
El horror, según la fiscalía, ocurrió entre las 8 y las 9 de la mañana del 4 de agosto de 2023. Minutos antes, Figueroa ya mostraba signos de angustia: le pidió a un vecino que llevara a su hijo al colegio porque “no podía hacerlo”. Doce minutos después de que el menor salió, abandonó la casa.
El ataque fue brutal. En el baño del dormitorio principal quedaron marcas de la violencia: objetos desplazados, rastros de lucha y uno de los aros de Mercedes. Allí fue golpeada, reducida y finalmente asfixiada con las manos. No hubo accidente. Hubo resistencia. Hubo defensa.
El informe forense reveló que su cuerpo presentaba más de 40 lesiones, un puñetazo técnico para reducirla y una asfixia mecánica prolongada.
Las pruebas científicas terminaron de cerrar el cuadro: ADN de Figueroa bajo las uñas de la víctima y material genético de ella en las manos del acusado. La presión que provocó la asfixia fue directa, sostenida.
El intento de encubrimiento
Después vino el intento de encubrimiento. Figueroa trasladó el cuerpo en su camioneta hasta un terreno baldío dentro del barrio El Tipal. A las 8.52 envió un audio a su suegra: un mensaje de despedida, cargado de culpa y resignación. “Perdón, no aguantaba más”, dijo.
Horas más tarde, cerca de las 11.30, la escena final terminó de revelar la magnitud del crimen: el cuerpo de Mercedes fue encontrado en el asiento trasero, cubierto con toallones. Figueroa estaba adelante, con un profundo corte en la garganta y un cuchillo de cocina a su lado. Las heridas, confirmaron los médicos, eran autoinfligidas.
El juicio recién empieza y se prevé que se extienda hasta el 4 de mayo. Está previsto que declaren unas 80 personas, entre familiares, vecinos, policías y peritos.