¿Qué pasa con los embriones congelados que nadie usa? La alternativa que crece en La Plata
¿Sabías que los embriones congelados que una pareja ya no usa pueden ayudar a otras personas a tener hijos? Te contamos cómo funciona esta práctica en La Plata, sus costos y los desafíos legales que aún quedan.
Cuando una pareja logra tener los hijos que deseaba, surge una pregunta incómoda: ¿qué hacer con los embriones que quedaron guardados? En La Plata, una práctica silenciosa pero vigente ofrece una respuesta: la donación de embriones, un camino poco conocido que ya ayudó a muchas personas a cumplir el sueño de ser padres.
La embriodonación consiste en transferir al útero de una mujer los embriones que otra pareja generó mediante fertilización in vitro y que ya no piensa utilizar. Aunque muchos la confunden con una adopción, legalmente es una donación y está contemplada dentro de las técnicas de reproducción asistida.
¿Una práctica nueva en La Plata?
Para nada. La especialista en fertilidad Virginia Martin, en diálogo con EL DIA, aclara: “No es algo nuevo. Hace muchos años que hacemos embriodonación”. De hecho, recuerda que se empezó a realizar cuando todavía había diferencias regulatorias entre la provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma.
El verdadero debate, según Martin, nunca pasó por la donación en sí, sino por el destino de los embriones que quedan almacenados tras un tratamiento exitoso. “Cuando una pareja ya tuvo los hijos que deseaba o decidió no volver a intentar un embarazo, aparece la pregunta de qué hacer con esos embriones que quedaron vitrificados”, resume.
Durante mucho tiempo, la posibilidad de descartarlos estuvo envuelta en incertidumbre jurídica. Recién después de la sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, los centros encontraron un marco más claro para que los pacientes decidan: conservarlos, donarlos para investigación, donarlos a otras personas o descartarlos.
Sin embargo, Argentina todavía adeuda una ley integral sobre reproducción humana asistida que regule aspectos como los alcances de la donación embrionaria y los derechos y obligaciones de todas las partes.
¿Quiénes recurren a la embriodonación?
No suele ser la primera opción. La mayoría de los pacientes llega después de un largo recorrido intentando embarazos con sus propias gametas. Algunos pasan por la donación de óvulos o espermatozoides, y recién cuando esas alternativas no funcionan, aparece la posibilidad de recibir un embrión ya formado.
“No es tanto una cuestión de edad sino del camino recorrido”, explica Martin. “Generalmente son personas que ya hicieron varios tratamientos y fueron incorporando otras opciones”. También se indica cuando ambos miembros de la pareja necesitan donación de gametas, una situación conocida como doble donación.
Un tratamiento con donación de embriones cuesta alrededor de 2.000 dólares. En La Plata, la práctica sigue siendo esporádica: se realizan apenas uno o dos procedimientos por mes, y hay períodos sin consultas. La baja demanda se debe, en parte, a los prejuicios y dudas que persisten. Muchas parejas preguntan por las características físicas del futuro hijo, el origen genético del embrión o si pueden conocer a los donantes. “Hay pacientes que necesitan mucho tiempo para procesar esta alternativa. No es una decisión que se tome después de leer una publicación o de una primera consulta”, señala Martin.
¿Cómo se realiza el procedimiento?
Médicamente, es relativamente sencillo. Una vez elegido el embrión, la receptora inicia un tratamiento hormonal para preparar el endometrio. Luego de los controles ecográficos, se programa la transferencia.
La bióloga y embrióloga Vanina Gómez Arreseygor detalla que el trabajo de laboratorio casi no difiere del de cualquier transferencia de embriones congelados: “Lo que hacemos es descongelar el embrión, mantenerlo unas horas en cultivo y luego llevarlo al quirófano para la transferencia”. Desde el punto de vista técnico, no es mucho más costoso, aunque el precio puede aumentar si se realizan estudios genéticos preimplantacionales.
Diferencias con la donación de gametas
Un punto clave es que estos embriones fueron creados para otra pareja, no para un programa de donación. Por eso, sus progenitores no pasaron por el mismo protocolo de estudios médicos, genéticos y psicológicos que se exige a los donantes de óvulos o espermatozoides. “No están estudiados como un donante de gametas y eso debe quedar muy claro durante el asesoramiento”, sostiene Martin.
Pero hay una ventaja: muchos de esos embriones ya llegaron al estadio de blastocisto (el quinto día de desarrollo), lo que suele asociarse con un buen potencial de implantación. Las probabilidades de embarazo rondan entre el 30 y el 40% por transferencia, y pueden ser mayores si los embriones provienen de ovodonación. “Nunca hay un ciento por ciento de éxito”, aclara Gómez Arreseygor. “Depende de múltiples factores y cada caso debe evaluarse de manera individual”.
Mientras la ciencia avanza, la embriodonación gana terreno en la reproducción asistida, aunque sin estridencias y todavía con interrogantes legales y culturales. Para quienes ya no encuentran respuestas en otros tratamientos, representa una oportunidad concreta de cumplir el proyecto de familia.